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domingo, 2 de febrero de 2014

MERCEDES MALAVE, MUCHO PERDÓN A LOS HIJOS DE LA REVOLUCIÓN

Me contaba una amiga, profesora universitaria que vive en un país ex-soviético, concretamente en Kazakstán, que le costó diez años hacer entender a una antigua alumna, luego gran amiga, el valor del perdón. Me decía que durante tres generaciones la familia de esta kazaja había alimentado el odio, el resentimiento y el deseo de reivindicar antiguos derechos ultrajados. El comunismo los había despojado de todo: bienes, propiedades, lengua, tradiciones, deseos y libertades. En su lugar, había dejado una profunda herida casi tan fuerte como el pecado original: se transmitía de generación en generación.

Algo similar narra Tim Genard en su libro “Más fuerte que el odio”. Hijo de madre adolescente y drogadicta, abandonado, maltratado por su padre alcohólico, y luego recogido por las autoridades civiles, Tim fue un hijo de la supuesta revolución hippie y neomarxista que arrastró a tantos jóvenes durante los años sesenta y en adelante.  Violentado de mil maneras, intentó suicidarse en varias oportunidades, hasta que decidió vivir por tres motivos: convertirse en el hombre más temido de las calles de París, escapar de todos los reformatorios y asesinar a su padre. Con el tiempo perdonó a su padre y ahora se dedica a rehabilitar niños de la calle.

Un último testimonio que recuerdo es el de Magdi Allan. Hijo de otra revolución ideológica, decidió abandonar las filas del fundamentalismo islámico. Así describía su experiencia en una carta abierta que publicó en el diario italiano Corriere della Sera: “Mi mente se ha liberado del oscurantismo de una ideología que legitima la mentira y la disimulación, la muerte violenta que induce al homicidio y al suicidio, la ciega sumisión y la tiranía”.

Tres casos de personas sufridas pero afortunadas, que pudieron liberarse de la opresión interior que ocasionan las ideologías políticas y religiosas.

Han pasado los años y parece que ha llegado la hora de hacer balance acerca de los logros de la llamada Revolución Bolivariana, para proyectarnos a futuro. Aunque no estemos presenciando los extremos de los relatos anteriores, existe una generación que ya comienza a mostrar rasgos preocupantes y heridas que serán difíciles de curar. ¿Son acaso los hijos de la “Revolución Bonita” como le gustaba decir a Hugo Chávez? Por la coyuntura histórica, todo parece indicar que sí. Veamos sus características.

Los hijos de la revolución se involucraron en la contienda política desde muy pequeños; no para conocer el debate de ideas y propuestas, sino el de la violencia verbal, los insultos, las difamaciones, las arbitrariedades en el uso del poder y las decepciones humanas. Ellos han tenido una infancia menos feliz que la de sus padres: unos porque se han tenido que ir del país huyendo de un gobierno que no los quiere, que los llama apátridas, burgueses, etc., y que no les dará oportunidades en un futuro; otros en cambio son menos felices porque han crecido pensando que hay una clase de venezolanos malos, que los quieren fregar, pisotear y aprovecharse de ellos. Ambos son hijos del resentimiento social.

Los hijos de esta revolución viven las consecuencias de políticas públicas fracasadas y corrompidas para combatir la pobreza. Algunos han visto la destrucción de su patrimonio familiar, de sus tierras o de las empresas que, con gran esfuerzo, emprendieron sus abuelos o tatarabuelos. Para otros, en cambio, su primera cuna fue, quizás, una caja de cartón o un cesto de ropa, como dolorosamente se ha denunciado en varias ocasiones. Los atropellos a su delicada persona comenzaron tal vez desde el seno materno, cuando sus madres sufrieron algún trauma producto de un embarazo adolescente, del abandono del padre de familia, del estrés, la inexperiencia, el miedo, un dolor muy agudo por la pérdida de un ser querido, agotamiento físico, etc. Aquí parece que no se respeta ningún bien familiar, ni siquiera un vientre bendecido por la maternidad. Lo que se ha llamado empoderamiento femenino, se debería llamar más bien violencia de género.

Políticas educativas y laborales frustradas. Los hijos de la revolución, a diferencia de sus padres, reciben una educación primaria y secundaria mediocre e intermitente, plagada de interferencias ideológicas que no enseñan a pensar sino a gritar consignas políticas. Han llegado a decir que su misión es llegar al corazón de cada niño, de cada joven. Me uno a las declaraciones de Paola Bautista, madre de familia y dirigente político, a la ex-ministra de Educación Maryann Hanson: “Permítame decirle con firmeza que esta misión, además de ser abiertamente inconstitucional, ofende a las familias venezolanas ¡El corazón de nuestros hijos no le pertenece Ministra Hanson! El corazón de cada niño es responsabilidad natural y esencial de sus padres y de cada familia. El cargo temporal que usted ocupa no la habilita a ir por la conciencia de nuestros hijos”.

En cuanto a los planes de educación superior, sigue empeñada la Revolución en sustituir la universidad por pseudo-academias de adoctrinamiento marxista. Las letras y las ciencias han sido sustituidas por el pensamiento del "comandante eterno" y la ingeniería satelital.

Los hijos de esta revolución no conocen la dignidad del trabajo, ni del mérito profesional. Sólo ven la negligencia, la vagancia y el superlativo de la viveza, o sea al vivísimo, que de un tiempo a acá le llaman el “enchufado”. Se han acostumbrado al dinero fácil y a la idea de que, para trabajar bien, no hace falta saber mucho sino recitar una versión criolla del credo comunista cantando “¡Patria! ¡Patria! ¡Patria querida!” y anteponiendo el susodicho sujeto de la Patria a cada frase que dicen. Con razón decía la intelectual Carlota Sosaque en Venezuela se habían producido dos deslaves en los últimos tiempos: uno natural, el de Vargas, y otro intelectual: la destrucción del capital intelectual del país. Por su parte, la periodista Grisel Guerra denunciaba que “entre otras cosas queda claro que para ser ministro no hace falta saber de temas del ministerio”. Son sólo ejemplos.

Los hijos de esta revolución no conocen el significado de la palabra ley, pero sí saben muy bien la orden ¡fuego! ¡plomo! ¡no volverán! que no merecen escribirse ni con mayúsculas. Aunque suene duro decirlo, uno tiene miedo a quedarse corto cuando afirma que ellos no han vivido propiamente en un estado de derecho, sino en una especie de anarquía que cada día se torna más violenta. “La ley soy yo”: así parecen funcionar estos hijos de la “Revolución Bonita” que andan en sus motos, armados –uno de cada tantos– robando, insultando, imponiéndose, arriesgándose, desafiando todo tipo de respeto o de comportamiento cívico... y matando. El arma de la civilidad ha sido sustituida por el arma de fuego “para defender a la Patria”. Y uno se pregunta: ¿qué Patria? ¿Cuál es el significado de esta noble realidad humana que reúne a los de un mismo pueblo bajo un mismo Padre fundador y le otorga una identidad común?  Una prole que desconoce las leyes de su país es el mejor reflejo de que aquí lo que se está perdiendo es justamente el sentido de lo que es patria.

@mercedesmalave
mmmalave@gmail.com

http://tiempocaminoymemoria.blogspot.com/2014/01/mucho-perdon-los-hijos-de-la-revolucion.html

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sábado, 30 de noviembre de 2013

ELINOR MONTES, ¿EDUCACIÓN O ADOCTRINAMIENTO COMUNISTA?

No permita el adoctrinamiento comunista de su hijo en la Escuela, vacúnelo con sus valores y principios democráticos.

¿Sabe usted que en el nuevo curriculum bolivariano: “La Educación Bolivariana” se encuentra fundamentada, entre otros, “en las ideas del General del pueblo Ezequiel Zamora y del Comandante Supremo Hugo Rafael Chávez Frías” y que entre sus fines “se plantea…la formación integral…” para “la participación protagónica en los procesos de transformación impulsados por el Comandante Supremo” a fin de “transformar la cultura… en una lógica y racionalidad socialista”, es decir, totalitaria comunista?
Como es su costumbre el régimen simula que consulta el curriculum bolivariano en mesas de trabajo, usa a docentes y representantes para “legitimarlo”, desechan las propuestas que no le gustan: que se respete el deber y el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus valores y principios, que la educación sea verdaderamente libre, que se excluya el pensamiento único del difunto. Los docentes del régimen que dirigen la “consulta” opinan que si el gobierno es socialista la sociedad, toda, también tiene que serlo y que el pensamiento (único) del difunto va ¿Qué tal? Además defienden que el corazón de la patria, eslogan de la campaña electoral del PUSV, esté en la portada y contraportada de los textos, así como que tergiversen la historia y deformen los planteamientos históricos para que el estudiante desde su pubertad asuma actitudes discriminatorias. Por ello dice Constanza Espinel: “es muy importante que los padres demos a nuestros hijos valores, que sean criterios para juzgar desde el punto de vista moral sus actuaciones y las actuaciones de los demás, no podemos permitir que a nuestros hijos les deformen el concepto del mal convirtiéndolo en bien. No podemos permitir que los conviertan en personas inmorales, en personas indignas, que asuman como indignos a los otros y en consecuencia tranquilamente los puedan dañar, esos otros más inmediatos son su familia, su comunidad, su país. Este no es asunto trivial, ni sin importancia es un asunto demasiado grave”.
Como siempre el régimen juega sucio, este curriculum, inaceptable por inmoral, será publicado en la Gaceta Oficial para su cumplimiento obligatorio en enero de 2014, la educación media ahora no será humanidades y ciencias sino “media general y media técnica”, “con 6 Áreas de Formación Técnica y 47 Menciones en correspondencia a las necesidades e intereses de la Nación”, es decir, del colectivo rojo, para dar al estudiante una “formación integral que permita su incorporación al modelo económico productivo socialista”, o sea que no habrá libertad de educación, ni laboral.
El llamado es para los padres, docentes, dirigencia democrática y sociedad. No pueden ser cómplices de este crimen por acción o por omisión, ni permitir que los púberes sigan siendo transformados en loros rojos incapaces de pensar, de juzgar, de creer y de crear. Estamos seguros de que participará, porque cuando se ama a un hijo no se puede ser indiferente ante algo que lo pueda dañar.

La característica fundamental de un líder es la protección de aquellos a quienes pretende liderar.
Puede informarse en fenasopadres@gmail.com.
@elinormontes

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