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jueves, 5 de febrero de 2015

HUMBERTO SEIJAS PITTALUGA, ASONADAS NO SON EFEMÉRIDES

¡Dejémonos de vainas!  Por más discursos que desgranen los rojos esta semana, por más desfiles que ordene la cúpula militar actual —tan enturbiada y desacreditada por sospechas de narcotráfico—, por más concentraciones “populares” llevadas en autobuses a aplaudir las memeces que vocifere el ilegítimo, por más cadenas radiofónicas ripiosas que ordenen para tratar de lavarle el cerebro a la gente, el cuatro de febrero nunca llegará a ser un albo lapillo notare diem.  No hay nada que marcar sobre mármol blanco ese día, ni registrar como fasto en los anales patrios; —mucho menos celebrar— por el día en que unos venezolanos fueron llevados, engañados, a matar otros venezolanos por el afán desmedido de poder de una logia de chafarotes intoxicados mentalmente; para tratar de imponer entre nosotros una ideología extraña que ya había causado millones de muertes en otros países, tanto por guerras como por hambrunas que generaba esa obcecación; para defenestrar un gobierno que había cometido errores, que no era popular, pero que era constitucional.  Nada que conmemorar —aparte de las muchas y lamentables muertes, matanzas más bien— en el aniversario de un día que, parafraseando a Franklin D. Roosevelt, “vivirá en la infamia”.
El cuatro de febrero  no fue sino uno de los muchos cuartelazos tropicales que ha plagado mucho de la historia de la región.  Y como la mayoría de ellos, sofocado por unas fuerzas armadas comandadas por oficiales más sensatos, más disciplinados y con más respeto hacia la norma constitucional.  Nada distinto este pronunciamiento a los de Carúpano y Puerto Cabello: todos fueron comandados por oficiales captados por el comunismo, en todos ellos, la tropa fue llevada con engaños al matadero, todos sus focos fueron dominados en pocas horas,   Lo único que diferenció el comentado fue la presencia de un encantador de serpientes, que logró cambiar lo que era una rendición —ignominiosa, por lo demás, porque los otros miembros de la camarilla combatieron y se la rifaron, mientras que este se refugió tras los gruesos muros del Museo Militar— en el comienzo de muchísimas apariciones histriónicas que embelesaban a la audiencia y que lo llevaron y lo mantuvieron en el poder hasta finales de diciembre del 2012. 
Su secuela, la sedición del 27 de noviembre, fue peor porque aunque buscaba lo mismo que la anterior: el derrocamiento de un gobierno legítimo, la disolución de los poderes y la toma del mando  para gobernar por decretos, se dio a escasos días de la fecha en que los venezolanos iban a manifestar su apreciación de la situación y a relevar a los mandatarios que no les parecían adecuados.  O sea que los amotinados dejaron ver que la opinión de los ciudadanos les importaba muy poco.  Al fracasar no tuvieron el valor de enfrentar la bien merecida punición que les correspondía sino que se escaparon al Perú, donde fueron recibidos como héroes por Fujimori.  Lo que toman cuidado en olvidar ex profeso los actuantes en esa segunda asonada es que su anfitrión ejercía la presidencia por un autogolpe que había dado y que, por eso en abril de ese año, Venezuela había roto relaciones diplomáticas con ese país.
En su afán de justificar los delitos cometidos, los sediciosos de ayer (y mangantes de hoy) han decretado esas fechas como fiestas nacionales.  Los cuatros de febrero (y este no ha de ser distinto) abundan en peroratas patrioteras, arengas con soflama e invectivas contra quienes pensamos distinto; adornos cursis por todas las avenidas, donde la efigie del manganzón comparte, pero opaca la de Bolívar y la del muerto viviente (o sea, del zombi); desfiles en los cuales se mezclan generales con decoraciones tipo norcoreanos en las guerreras, con milicianas artríticas que no pueden ni con el fusil  ni con las várices, con bailadores de golpes tuyeros pasados de alcohol y “carrozas” extravagantes y pretenciosas donde se muestran los “logros” de la robolución.  Y el 27-N lo han convertido en el Día de la Fuerza Aérea.  Único país sobre el orbe que conmemora el día de una derrota de ese componente.  A menos que estén celebrando que unos pilotos tuvieron que derribar a otros, paisanos y compañeros de armas, que estaban bombardeando instalaciones gubernamentales llenas de gente inocente.  Muy dentro, todos los aviadores —sean leales a la institución o “enchufados”— reconocen que el día de la Aviación es el diez de diciembre.
En 1958, el entonces presidente electo de Colombia, Alberto Lleras Camargo le explicó al cuerpo de generales que a las Fuerzas Armadas les está vedado deliberar "porque la nación entera, sin excepciones de grupo, ni de partido, ni de color, ni de creencias religiosas, sino el pueblo como masa global, les ha dado las armas, les ha dado poder físico con el encargo de defender sus intereses comunes, les ha tributado los soldados, les ha dado fueros, las ha libertado de las reglas que rigen la vida de los civiles, les ha otorgado el privilegio natural de que sean gentes suyas quienes juzguen su conducta, y todo ello con una sola condición: la de que no entren con todo su peso y su fuerza a caer sobre unos ciudadanos inocentes".  Luego, añadía: "esa condición es indispensable, porque si las Fuerzas Armadas tienen que representar a la nación ante presuntos enemigos exteriores, necesitan de todo el pueblo, del afecto nacional, del respeto colectivo, y no lo podrían conservar sino permaneciendo ajenas a las pugnas civiles".
Yo, al igual que la mayoría de los ciudadanos prudentes y sensatos de este país, creo que ese razonamiento sigue vigente…
Humberto Seijas Pittaluga
hacheseijaspe@gmail.com
@seijaspitt

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lunes, 11 de febrero de 2013

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, PIDO LA PALABRA, PAÍS DE ABSURDOS, VENTANA DE PAPEL


La política criolla está afianzada en la trampa y en la compra-venta de consciencias cuyo único propósito es minimizar cualquier posibilidad de vitalidad que pueda sostenerse sobre la muralla de la democracia.
PAÍS DE ABSURDOS
Los avatares de la política estremecen inexorablemente las realidades de forma pasmosa. No hay manera de evitarlo. Sobre todo, cuando la política se confunde con el totalitarismo como razón de la inopia que caracteriza sus ideas y su praxis. Por desgracia, Venezuela se convirtió en la mejor representación de tan contrariado libreto. Tras cualquier acción de los actuales gobernantes, puede encontrarse una importante cuota de animosidad de perverso efecto por el cual se busca causar el peor de los males que en política puede darse. Es decir, el exterminio moral, la aniquilación social y la ruina económica del adversario. Sólo por el exiguo hecho que significa pensar en contrario a la pauta del esquema de poder dominante.
En política, no siempre es posible demostrar que “querer hacer, es querer poder”.  Son incontables las tramoyas con las que cualquiera puede toparse a la vera del camino. Particularmente, quienes reconocen, como lo esgrimió William Shakespeare, que “la política está por encima de la conciencia” un tanto para explicar que el ejercicio de la política requiere honestidad, tolerancia, respeto y dignidad.
Hoy, Venezuela es la más increíble expresión de anomia. Políticamente, el país  se redujo a un nivel que avergüenza reconocerlo luego de haber alcanzado sitiales internacionales de referencia democrática. La anomia o mejor dicho, la incapacidad que padece la estructura política de proveer lo necesario para lograr las metas preestablecidas a instancia de una sociedad que clama calidad de vida en lo social y económico, causó el desvío de las normas sociales lo que ha devenido en un país ausente de gobernabilidad. Fundamentalmente, por lo que ha significado no poder superar los embates de la actual situación política a la que se han sumado condiciones de franca ilegitimidad a partir de las cuales el régimen se ha valido para hacer de las suyas. O sea, para descargar sobre el país un pesado fardo de problemas cuyas consecuencias parecieran haber fracturado el Estado democrático y social de Derecho y de Justicia sobre el cual se irradian valores de vida, de moralidad y de libertad.
El país se ha establecido sobre bases de odio y rencor, los dos únicos componentes cuyos agregados están asociados con una política arraigada en la persecución, la mentira, la usurpación y el arrebato de derechos y propiedades. Pero al mismo tiempo esta política está afianzada en la trampa y en la compra-venta de consciencias cuyo único propósito es minimizar cualquier posibilidad de vitalidad que pueda sostenerse sobre la muralla de la democracia.
Precisamente, en medio de tan indignos eventos que contradicen el apostolado de precursores y libertadores, cuyo pensamiento es izado como justificativo para refrendar el populismo vigente, lo que se tiene ya no es un país asentado en propuestas de justicia y libertad. Extrañamente, hoy es un país de absurdos.
                           VENTANA DE PAPEL
CICLISTAS TOMARON EL CÓNDOR (POR EL PICO)
La perseverancia de quien hace más de veinte años llegó a tierras venezolanas proveniente del Reino de Bélgica, tomó forma y brindó calor a través de uno de los deportes más exigentes: el ciclismo. Pascal Mullebrouck, mejor conocido como “Belgabike” tiene en su laborioso haber la organización de aventuras de cicloturismo cuyo objetivo es la recreación mediante la práctica deportiva del ciclismo.
Esta forma de ocupar el tiempo a través de la bicicleta, despierta no sólo el entusiasmo por disfrutar del paisaje y de la naturaleza. También, el compromiso ante la vida toda vez que constituye uno de los medios más efectivos para reflexionar en la medida que el ciclista es capaz de analizarse de cara a los retos que deben enfrentarse día a día.
Comprender esta filosofía de vida, permitió al Belga instituir estos ciclo-paseos a manera de animar todo un colectivo de deportistas dispuesto a compartir conversaciones y objetivos que se tradujeran en motivos de encuentro. Esta ha sido la razón para que por quinta vez, la carretera Trasandina entre Mérida y el Pico El Águila (Collado del Cóndor), fuera tomada por más de quinientos ciclistas en nombre de un proyecto de vida y un ideal de reciedumbre. Trepar casi dos kilómetros y medio en bicicleta, representó un importante esfuerzo que evidenció tenacidad, coraje y vitalidad. Este nuevo reto al Collado del Cóndor, dejó ver cómo los ciclistas tomaron el Cóndor (por el pico).
SIN SOL, NO SON FERIAS DEL SOL
El sol pareciera comprender otras necesidades, antes que las que endosan su nombre con el único propósito de animar un ensordecedor jolgorio que para nada se corresponde con el clima político que sofoca a Mérida y al país. Mientras nativos y foráneos, con holgura económica suficiente, ingresan a espectáculos de exigente factura para divertirse al máximo, el país político se cae a pedazos. Al mismo tiempo, la economía nacional tiende a derruirse cuando otros países dan muestra de ventajas que apenas hoy día han alcanzado sobreponiéndose a las condiciones que Venezuela detenta como secuela del atropello del cual es injustificada víctima.
Aunque esta consideración no coincida con la lógica propia del esquema mental de quien pueda actuar con indolencia ante la situación de crisis que indiscutiblemente padece el país, hay razones para cuestionar no tanto la realización de eventos populares que exalten el carnaval como esparcimiento, como los excesos que se dan alrededor de ciertos festejos que lucen desmesurados en términos de su costo. Alguien habría dicho que todo es “miche y circo”. Más aún, el sol pareció haberse condolido de esta situación pues ha estado, en buena parte, ausente. Y es que sin sol, no son ferias del sol.
4 FEBRERO NO ES 23 ENERO
La comparación entre el 4 Febrero de 1992 y el 23 Enero 1959, es casi írrito. O sea, sin la fuerza necesaria para que devenga en una paridad salvo por lo que constituyó un evento de corte político. Pero ni sus razones ni sus hechos son semejantes puesto que no sólo se circunscriben a tiempos distintos, sino que además derivan en respuesta diferentes.
De entrada, la violencia es un indicador que el 4–F determinó el nivel sangriento de los acontecimientos lo cual difiere de los resultados que marcaron el 23-E. Por otro lado, este día tuvo como marco el júbilo que caracterizó un amanecer sin la figura del dictador militar. Mientras que el 4–F representó un día de desdicha, de la desesperación propia de un combate que derivó en la injusta muerte de algunos cientos de venezolanos que rindieron su vida a una causa desconocida aunque cruelmente ordenada.
Cualquier posibilidad de comparar ambas fechas, puede conducir o a un empalagamiento de sandeces con la única intención de adular el militarismo propio de regímenes presuntuosos y desatinados como el venezolano, toda vez que sigue la orientación de un obtuso socialismo, o a un equívoco de onerosas implicaciones que simplemente se convertiría en un documento más en el anaquel de una hemeroteca. Debe admitirse que “gimnasia no es magnesia”. Estos quiere decir que el 4 de Febrero no es 23 de Enero.
antoniomonagas@gmail.com

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domingo, 5 de febrero de 2012

ANTONIO SEMPRUN: VENEZUELA ESTÁ EN EMERGENCIA

Quien en busca de mejorar su opción de vida se equivoca, es imperioso que rectifique, la rectificación requiere mayor sacrificio que la elección
Veinte años han transcurrido desde que Hugo Chávez utilizara las armas de la República para atentar contra un gobierno legítimamente constituido, día en el que murieron más de un centenar de venezolanos, unos defendiendo la democracia otros engañados por su comandante, el mismo Teniente Coronel del Museo Militar que ha querido imponer la trágica fecha como una celebración nacional cuando en realidad es una fecha de luto para Venezuela y los venezolanos. A este tipo de invitaciones donde no hay nada que celebrar porque lo que se impuso en ella fué el fracaso, la muerte y la cobardía. Los invitados que asistan a la reunión deben ser asesinos, dictadores y cómplices para estar a la altura de tan lúgubre celebración.
Hoy Venezuela es dirigida entre dos Constituciones, la que está en el papel que con frecuencia se muestra en un diminuto libro azul que a pesar de haberse hecho como traje a la medida para implementar un proyecto totalitario, es la fachada para los desmanes, esta la otra Constitución la del día a día con la que se dirige el destino del país, la que se implementa de acuerdo a como se le vaya presentando la situación al régimen. Esa copia alterada es usada como escudo para resolver las consecuencias de las irresponsabilidades cometidas por el jefe de la revolución y sus personeros. 
El pasado domingo en el programa ''Aló Presidente'', un deslegitimado mandatario expresó. ''Los bancos privados si no quieren cumplir con la Constitución y la ley, bueno yo no tengo problema, lo repito, de nacionalizarlos pues ven a mí que tengo flor pero nosotros tenemos que hacer cumplir la Constitución y las leyes de esta República, estamos obligados a hacerlo.
Los venezolanos son obligados a cumplir lo establecido en la Constitución que se aprobó en 1999 mientras el gobierno encabezado por Chávez aplica la Constitución del día a día. Ahora los bancos privados deben resolver la grave situación del agro venezolano en otrora productor del ochenta por ciento de los productos que se consumían en el país, hoy el campo venezolano está convertido en cementerio de tierras improductivas después de la desafortunada política de expropiaciones llevadas a cabo por las autoridades del régimen, aún así quien es responsable directo de la quiebra del agro en Venezuela pretende con el producto del trabajo y el esfuerzo ajeno obligar a los bancos privados a ejecutar medidas de salvamento.
En la Constitución del día a día existen venezolanos fanáticos embriagados por cuotas de poder otorgadas con propósitos y alevosía que los llevan a sorprender a la niñez venezolana en su inocencia como ocurrió con el denominado Colectivo La Piedrita quienes frente a un mural donde se puede ver a Jesucristo y la Virgen de Coromoto empuñando ametralladoras,sentaron a niños como trofeos de una ''Revolución'' miserable haciendo lo propio y con el rostro cubierto por un pañuelo para señalarles de manera equivocada el camino de ''lealtad'' que deben recorrer para ser aceptados por el jefe de un régimen que no sólo está destruyendo el país, sino que se apoderará de su futuro. Los venezolanos fanáticos que se agruparon frente a la sede de la Asamblea Nacional el pasado 26 de Enero exigían respeto a los niños de la Piedrita porque según ellos lo único que tenían en la mano era la Constitución.
Venezuela desde hace trece años está convertida en un país en extinción donde no existe un problema más grave que otro al que es urgente atender porque todos sus problemas son por igual de magnitud alarmante entre los que debe sobrevivir la sociedad venezolana, no así el Presidente de la República y sus incondicionales que viven exonerados de obstáculos para obtener divisas extranjeras, en sus neveras no abunda la escases, viven tranquilos rodeados de anillos de seguridad que los aleja del grave problema que también afecta a diplomáticos extranjeros que ejercen sus funciones en el país con la capital más peligrosa del mundo.
Los venezolanos han cometido errores garrafales, cuando aventurados en la búsqueda de una mejor y merecida calidad de vida optaron por elegir lo que creyeron era una esperanza que dejó ver su verdadero rostro, un proyecto político convertido en fiasco de medidas desproporcionadas. Corresponde ahora ser protagonistas nuevamente, ésta vez para rectificar el error cometido, no importa lo que se hizo para llegar al desastre en el que Venezuela está sumergida, lo verdaderamente importante es lo que se hará para salir de él.
coronelantoniosemprun@gmail.com
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IVÁN CARRATÚ: CARTA A LOS CIUDADANOS XX. “LECCIONES Y CONSECUENCIAS DE LA CONJURA”. “4 DE FEBRERO (1992 – 2012)”

En póstuma consideración de los ciudadanos civiles y militares, ignominiosamente asesinados la noche del 3 y la madrugada del 4 de febrero de 1992, una oscura y fatídica noche cuando soldados de la república, bajo el comando de oficiales del ejército nacional, violando su juramento ante el pabellón Nacional y compromiso constitucional, accionaron las bocas de fuego de sus armas en custodia y uso exclusivo para defensa de la nación, irrumpiendo en siete guarniciones para tomar el poder y sumergirnos desde entonces en una crisis terminal, de toda índole, jamás experimentada por los ciudadanos venezolanos.
No hubo justicia, no hubo juicios, no hubo investigación, no hubo responsables, no hubo las necesarias renuncias en el Alto Mando Militar y otros comandantes de unidades mayores del Ejército, tampoco hubo medidas administrativas que indicaran el grave compromiso de los altos mandos militares cuya responsabilidad para con la nación era y sigue siendo, la de comandar, entrenar y organizar eficientemente la Defensa de nuestra Nación, para ello, por ello son acreditados con los grados, cargos y obligaciones, inherentes al mando militar, que por inacción, comisión y complicidades incluidas les hacía responsables absolutos de la cruenta movilización.
Ni antes ni hoy pueden ser aceptadas como disculpas, pretextos u otras triviales  consideraciones, mientras más alto es el rango castrense, mucho más exigente debe ser la justicia.     
También debo reconocer y entender la paciencia, civismo e irritación que puedan abrigar los ciudadanos venezolanos hacia los Poderes del Estado de entonces, hacia las Fuerzas Armadas y Poderes del Estado que soslayaron el daño ocasionado por la conjura en todos los ámbitos, no solo el militar. Es prudente puntualizar que: “Quien propicia, coordina y concierta con militares para violar la constitución mediante el empleo de las armas, también debe responder por sus causas la pérdida de miles de vidas y la destrucción de la Nación”. Para todos los ciudadanos va un reconocimiento y fraterno saludo en recuerdo de los millones de inocentes compatriotas y de las nuevas generaciones que han sido afectados, de por vida, por esta tragedia nacional.
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