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domingo, 18 de octubre de 2015

OSCAR BASTIDAS DELGADO, SOCIALISMO DEL SIGLO XXI O EL DESPRESTIGIO AL SOCIALISMO

Con el título “Socialismo”, una caricatura presenta un médico y un profesor universitario con sus bolsillos sin dinero mientras un militar maneja una hermosa Hummer; al caricaturista le faltó precisar que se refiere a lo que algunos llaman “Socialismo del Siglo XXI”. Dos interrogantes surgen: 1.- ¿De dónde apareció el calificativo socialista cuando el militarista y primer mandatario fallecido Chávez no lo mencionaba en su propuesta electoral de 1998?; y 2.- ¿Realmente son socialistas?.

Chávez siempre amasó un proyecto militarista – abstencionista; no fue sino luego de la amnistía que le concedió Caldera en su otra “pacificación” (recuérdese a Arias Cárdenas dirigiendo el Programa de Alimentación Materno Infantil - PAMI), cuando el Movimiento Revolucionario Bolivariano (MBR) dejó de ser una organización militar clandestina y pasó como entidad política a participar en las elecciones del año 1998 como Movimiento Quinta República, con un programa vacío en cuanto a propuestas económicas. Al estilo de Eudomar Santos: “como vaya viniendo vamos viendo”,  luego de críticas de empresarios y políticos por no poseer un verdadero programa económico, fue cuando el fallecido Chávez elaboró “El programa económico de transición 1999-2000”; pero ni su programa electoral ni éste mencionaban un socialismo y menos un impulso a las cooperativas.

Ya en el gobierno puso en marcha su militarismo. Podó las líneas de mando sacando a quienes no lo seguían hacia el sector público, el servicio exterior, o sus casas; diseño la formación de oficiales en aras de la propuesta cívico – militar ceresolista, negando en los hechos la constitucional participación protagónica. Era obvio: Los militares no creen en el precepto marxista de que el primer paso hacia el socialismo es el primero hacia la extinción del Estado: ¿cómo justificar el armamentismo y el dominio del paìs y sus fronteras?. ¿Militares impulsando participación?, ¡jamás!, la manipulan a conveniencia.

En paralelo, habló de Cuba como el Mar de la Felicidad y comenzó a sustituir su incoherente y libresco discurso por uno dizque socialista; en ese cambio influyó Miquilena y el peso de los militantes del PCV, ex militantes del MIR, los “cuadros” del PPT, los del dividido MAS, y algunos radicales que oportunamente deseaban oxigenar sus proyectos a sabiendas de que “eso” no era socialismo. No se equivocó Noam Chomsky al recular y señalar el atraso de esas propuestas guerrilleras,  golpistas, y militaristas de los 60; los calificativos “socialismo” y “Siglo XXI” le quedaban grandes.

El golpe de gracia lo pretendió al constituir el  PSUV como “partido único de la revolución” pero no pudo; el PCV, por  ejemplo, no tiró por la borda su caudal histórico y sus relaciones internacionales. Tampoco le resultaría fácil sumar al sector mayoritariamente adeco – copeyano que en el 99 lo apoyò electoralmente, y el PSUV no pasó de ser un aparato electoral. ¿es que realmente creyó que ese electorado atomizado era socialista?, ¿pensó que con misiones y discursos sobre “el mar de la felicidad” o formando jóvenes de la Misión Miranda en Cuba era suficiente para formar socialistas?. No entendió que la experiencia de Así se templó el acero no era replicable en la Venezuela actual.

 Militarismo es dominio del jefe único y de su rosca  aunque justo es reconocer que la amplia mayoría de los militares de bajo rango no gozan de las prebendas de la cúpula; es despersonalización uniformada, simples números de muertos en batallas, y es jerarquía e imposición, basta con ver al mandón Cabello en la Asamblea Nacional; de esas imposiciones se derivan autoritarismos y lógicos totalitarismos, los valores del militarismo se transmitieron a los  colectivos, los milicianos, y los camisas rojas que obligados rellenan marchas. Los civiles que no se les ponen firmes pasan a segundo plano y son objeto de coacción, de la Lista Tascòn, y de presidios.

Aplazados en economía y sin haber producido un kilo de papas en su vida, los jerarcas de ese socialismo desconocen los procesos empresariales y, ¡gran contradicción!, utilizan herramientas capitalistas en el manejo del aparato público y las empresas estatizadas; algunos afirman provenir de la clase obrera pero son los peores patronos: no actualizan contratos laborales y de firman uno como el de Pdvsa, forman una alharaca en la Plaza Venezuela; no conceder cargos fijos para despedir “disidentes” a conveniencia y no cuentan con el poder de la razón pero si con el monopolio de las armas, las cárceles y los tribunales contra los trabajadores, Sidor y Ferrominera son muestras.

En lo internacional deportan humildes colombianos como distracción de lo electoral; no explican cómo en tres lustros no vieron el imperialismo Inglés en Guyana ni las apetencias militaristas brasileras que desde la dictadura militar tienen al Orinoco como norte de su zona estratégica. Para rematar, mientras los pragmáticos cubanos  (los mismos que previendo la salida de Chávez, se reunieron a principio de esta década con el Buró Político de AD y luego buscaron la popa del barco estadounidense por las remesas y el turismo), esos pragmático repito, analizan, y los vietnamitas también, el modelo sueco como opción ante sus fracasos; mientras, los maduristas siguen confundiendo socialismo con comunismo y escarban en el fracasado modelo cubano.

 En la base de estas concepciones sobre el socialismo se encuentra el enfrentamiento entre dos modelos organizacionales opuestos:

1.- El Modelo Burocrático, propio del ejército y la estructura del PSUV,  con la opacidad del secreto burocrático para no rendir cuentas y facilitar la corrupción; burócratas que no creen en la división de los poderes, la democracia y la participación, pero si en Maduro y Cabello como cabeza de la pirámide burocrática y mesías sustitutos del fallecido Chávez.

2.- El Modelo Autogestionario, impulsor de la democracia por voluntad propia, con igualdad y autonomía de condiciones al decidir y actuar, respetuoso de los derechos individuales y colectivos, cuya mejor expresión son las OES, particularmente las cooperativas genuinas, no las falsas capitalistas y de maletín constituidas por dizque socialistas para evadir impuestos.

Un Socialismo Democrático se anota con el Modelo Autogestionario y las OES. Socialismo no es cambiar el nombre de instituciones y destruirlas sin crear sustitutas; tampoco modificar el escudo, la bandera, y la historia; no es construir sistemas ineficientes y represivos. Socialista que se respete no destruye redes productivas ni expropia empresas para quebrarlas y causar escasez y desempleo,  no actúa como nuevo rico que despilfarra la lotería petrolera para luego pone la maquinita de hacer billetes como baratijas para  congraciarse con sus seguidores.

Socialismo no es generar ejércitos de lumpen-pedigüeños mediante fofas y estériles “misiones”, ni disfrazar dos millones de desempleados como empleados públicos; no es destruir sindicatos ni, a cuenta del dominio de los medios de información, cercenar los partidos de oposición e impedir la libre expresión ciudadana, no es jugar con el futuro de los ciudadanos repitiendo las mismas ofertas cada cuatro años.

Socialismo no es cercar las universidades por temor a que el conocimiento los desplace, o convertirlas en cuarteles de caletres de El Capital y de ¿Qué hacer? que ni los jerarcas conocen; tampoco  rebajar  el salario de un profesor titular a menos de 25 US$, que no alcanzan para comprar un libro, mientras sus homólogos del modelo burocrático, los generales, tienen dinero y hummers para sus andanzas. Socialismo es respetar la Autonomía Universitaria e impulsar la libre circulación de las ideas en las universidades y el paìs.

El Socialismo debe ser un proceso con claros valores y principios democráticos, de libertad, participación, respeto y solidaridad, con claras oportunidades de formación y capacitación para el trabajo. No es igualar a los ciudadanos hacia niveles de pobreza, ¡lo contrario!, es subir la calidad de vida de la población mediante mecanismos como el estudio y el trabajo para superar la pobreza; es el impulso a iniciativas individuales para constituir empresas socialmente responsables, es impulsar iniciativas asociativas que conduzcan a hacer de la Economìa Social un eje transformador del paìs con base en los preceptos nuestros como cooperativistas que incluimos el término en la Constitución de 1999 convencidos de que es la mejor fórmula para que la gente organizada supere con valores,  principios y economías de escala sus problemas comunes mediante asociaciones, mutuales y cooperativas en aras de una economía variada que rompa con la monoproducción.

Socialismo es en esencia creación de valor y éste solo se crea solo con trabajo, por lo tanto impulsa la creación de puestos productivos, la innovación, la productividad, el sindicalismo, la democracia económica, la no explotación humana por el capitalismo monopolista o por el estatismo capitalista salvaje que todo lo que toca lo estatiza, lo militariza y lo quiebra. Socialismo es igualdad de derechos y equidad en la distribución de los ingresos: a mayor trabajo y aportes a la sociedad mayor reconocimiento e ingresos, al lumpen no aportante, cero reconocimiento e ingresos.

Una propuesta socialista debe ser honesta y transparente; basarse en las mejores tradiciones y “los poderes creadores del pueblo”, sin dirigentes mesiánicos ni seguidores pedigüeños; una propuesta socialista no permite exclusiones, marcha hacia “un nosotros” integrador, asociativo, en el que todos nos sintamos miembros de una Venezuela unida y nuestra; una Venezuela sin rencores y con justicia transparente para castigar a corruptos, narcos, grupos armados realengos, y a quienes cometieron crímenes de lesa humanidad.
Por ello el Socialismo necesita un Estado fuerte, no obeso dueño de areperas, uno que revierta eficazmente a la población los ingresos impositivos  y petroleros, que mantenga relaciones en condiciones de igualdad con el mayor número de países; y pertenezca y respete los acuerdos de los organismos internacionales para fortalecer su presencia en el concierto mundial.

Definitivamente, los oportunistas del Siglo XXI desprestigiaron el término Socialismo y otros importantes para quienes deseamos un Socialismo Democrático que apunte a la autogestión. Desprestigiaron: Democracia participativa, participación protagónica, cogestión, autogestión, ciudadanos y ciudadanía, partidos políticos, sufragio, gobierno municipal, sindicalismo, comunidades, unidad familiar, trabajo comunitario, programas sociales y cooperativismo entre otros. Nos costará tiempo y esfuerzos devolverles prestancia.

La recuperación de la democracia no será fácil para quienes deseamos una democracia sólida como condición para proponer ese Socialismo Democrático; por ahora, el 6 de diciembre, saquemos a los QUE NO DEBEN ESTAR de la Asamblea Nacional.

Oscar Bastidas-Delgado
oscarbastidasdelgado@gmail.com
@oscarbastidas25

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