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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA

jueves, 4 de abril de 2013

EGILDO LUJÁN NAVA, BOLÍVAR FUERTE, PERO CON REUMATISMO, FORMATO DEL FUTURO…

Ciertamente, así está el signo monetario venezolano: adolorido por todas partes y recibiendo la peor de las medicinas que necesita para salir de esa condición, es decir, su hábil y desconsiderado uso para que siga alimentando el gasto público, y su rostro como espejismo de una falsa bonanza económica: devaluaciones como huecos (porque arroz no hay).

Hasta comienzos de los ochenta, el Bolívar era una de las monedas más fuertes del mundo. Treinta años después es una de las más devaluadas, aun cuando no hace poco, en un conciliábulo en el que participaron el Poder Ejecutivo y el Banco Central de Venezuela, se decidió restarle tres ceros, en un intento estrictamente cosmético por enterrar la verdad de los últimos años: se le había devaluado en  1.500 %, y de alguna forma había que provocar el olvido colectivo de que el verdadero valor cambiario era de Bs. 4.300/$, por lo que se decidió llevarlo a Bs. 4,30/$, en el medio de una costosa y atosigante campaña publicitaria que, pomposamente, hablaba de un “Bolívar Fuerte” y, para mejor empleo, símbolo de una economía “soberanamente fuerte”.

Ahora, sin duda alguna, si en algún momento de la última década dicho signo ha sido peor tratado, ha sido en las últimas semanas. No sólo fue el epicentro de una devaluación del 46,5%, al llevarlo de Bs. 4,30/$ a Bs. 6,30/$, sino que, además, se le convirtió en instrumento de maromas verbales para desestimar su liderazgo en el medio de otras improvisadas medidas económicas que la sabiduría popular las identificó como “Paquetazo Maduro”. Mientras se esperaba un entendimiento mínimo entre el Ministro de Planificación y Finanzas, Jorge Giordani, y el Presidente del BCV, Nelson Merentes, para tratar de idear la fórmula mágica que echara al olvido al “corrompido Sitme”, mientras se atendía la sequía de divisas para mantener con vida útil la maltratada estructura productiva nacional.

La economía venezolana no sólo depende en un 96% del negocio internacional de petróleo, sino también de la administración discrecional cada año por  las autoridades de más de 124.000 millones de dólares (2011/2012) que registra el fisco nacional como ingreso por la venta de crudo. Pero ese alto monto no le alcaza al Gobierno para financiar sus desmesurados e incontrolables gastos, como los regalos para los “países pana”,  menos, por supuesto, para atender los requerimientos mínimos de su estructura productiva que depende de bienes de capital, insumos, materias primas y hasta de bienes finales que se adquieren en cualquier parte del mundo -y “al precio que sea”- para mantener medianamente atendida la demanda interna. Es la cosecha natural de la siembra de su ideológico objetivo político, concebido para sustituir el modelo económico capitalista de los últimos 200 años, por un modelo socialista de larga data histórica fuera del territorio nacional, aunque fracasado en todas partes  donde se le impuso.

Entre devaluaciones y la destrucción del aparato productivo, con el cierre de industrias,  de comercios, expropiaciones de empresas y el  arrebatón  de fincas en pleno proceso productivo, bajo el interesado argumento de acciones antilatifundistas o “rescates” de tierras incultas, se llega ahora a un sistema de subastas de divisas, cual feria de propuestas efectistas, y de suspicaces aprobaciones o visto bueno de parte de un grupo de burócratas que se reserva el derecho al secreto de la identidad de los afortunados “compradores”, tanto como a los montos finales que se dan en la puja.

Es decir, a la anterior destrucción de más de la mitad del valor de los ingresos y sueldos familiares a partir de febrero pasado, como de los sobrevivientes ahorros particulares, ahora se trata de paliar la escasez de divisas con base en la recurrencia a una figura que, en el fondo, no pasar de ser otra variable devaluacionista, indistintamente de que sus administradores juren y perjuren que los bolívares que surjan de allí serán utilizados en el fortalecimiento de la producción nacional. 

Se ha dicho extraoficialmente que  durante la primera subasta, se  llegaron a vender $/Bs. 12,oo. Y eso implica una devaluación global en menos de 60 días de más del 190 %, aproximadamente. No hay que ser economistas, para deducir que los precios se dispararán brutalmente, una vez más. Toda devaluación aislada de medidas complementarias dirigidas a disciplinar el gasto público, a mejorar los niveles productivos y competitivos del país y a evitar que los pobres sean llevados a vivir en condiciones de pobreza extrema, configura el daño económico mas grande y cruel que se le puede hacer a un pueblo. Y eso no tiene nada que ver con especulación, ni acaparamiento “criminal” de los llamados “enemigos de la revolución”: es destrucción deliberada del derecho ciudadano y constitucional a vivir cada día mejor.

Un país que en menos de una década ha decidido cambiar su condición de progresiva nación exportadora, para terminar dependiendo de lo que ingrese por sus puertos, mientras olvida fortalecer su estructura petrolera, e hipoteca su autonomía para invertir en la modernización de su infraestructura, porque ha agotado préstamos y financiamientos recibidos a cambio de ventas a futuro de su crudo, no puede ser otro que aquél en el que hoy habitan casi 30 millones de personas convencidas de que aquí llegó el retraso y el fracaso, que ahora le corresponderá financiar  a varias generaciones  con más pobreza y limitaciones que las que les precedieron.

Es un hecho inexplicable e injustificado. Porque lo grave no es solamente que ya los ingresos  generados por la venta de petróleo a más de 105$/barril promedio no alcanza, sino que también hay una deuda externa acumulada que supera los 200.000 millones de dólares y que las expectativas sobre un cambio en esa relación de dependencia, son remotas. Y lo son,  al menos mientras no se desista de la tesis política de que Venezuela está llamada a liderar un cambio económico continental, a partir del modelo con el que se ha llegado a estos niveles de idealización transformadora, pero que no han superado siquiera la visión conuquera que muchos de sus altos funcionarios tienen de la economía en pleno Siglo XXI.

Sin subestimar  la magnitud de esta calamidad, a cada venezolano le corresponde hoy enumerar sus conclusiones de lo que está sucediendo aquí en el orden económico, al comenzar el segundo trimestre del 2013. A poco menos de 15 días, inclusive, habrá otro proceso electoral que, al día de hoy, se perfila como un evento precedido por enfrentamientos grupales y no por propuestas de cambios coyunturales y estructurales en materia económica. Y eso inquieta. Porque el país necesita un cambio de rumbo, que lo saque del charco moral y lo ubique en la vía de la verdadera modernidad.

No más regalo de dinero al exterior. Cobrar deudas. Vender únicamente a quien cancele de contado. Renegociar la deuda externa, incluyendo  2 ó 3 años muertos. Invertir en el rescate y ampliación de La producción petrolera, llevándola a 6 u 8 millones de barriles diarios. Incentivar la producción alimenticia e industrial del país  permitiendo financiamiento y facilidades tecnológicas para su pronto desarrollo. Eliminación progresiva del artificio punitivo de los controles de cambio y de precios. Reducción de impuestos y trabas para la instalación de cualquier negocio. Reformar la Ley del Trabajo y convertirla en una norma de avanzada, que incentive al trabajador y estimule al empresario sin propiciar bandos antagónicos. Iniciar un combate frontal contra la delincuencia. Iniciar un plan agresivo de construcción y rescate del sistema vial de carreteras. Construcción masiva de viviendas. Y convertir al Estado en un modelo de gestión pública, a cargo de verdaderos gerentes y nunca más de aves de rapiña, a la caza de cualquier carguito para “llenarse” de dinero mal habido, o de alguna asesoría sin rostro conocido para alimentar culto y adulancia desmedida.

Entre otras tantas medidas que se tendrían que tomar, a la par de una seguridad jurídica competitiva, con respecto a los países vecinos que hoy capturan inversiones privadas internas y mundiales en cantidades excepcionales, figura esta lista de acciones que no se pueden seguir difiriendo. ¿Un Plan de Gobierno?. No. Conforman un reto para las autoridades y todos los venezolanos.

Si el objetivo es llegar a vivir alguna vez en una Venezuela que forme parte de los países del primer mundo, hay que trabajar; erradicar las causas de la pobreza, que incluye la sustitución del principio de la manipulación monetaria para mantener vivo y expansivo a un Estado macrocefálico e incompetente, por la apertura sincera y confiable de condiciones para que las inversiones privadas se radiquen, crezcan y se fortalezcan de manera sustentable. 

No a la Venezuela de los bandos y de las bandas. Sí a la Venezuela de las instituciones públicas poderosas; al retorno al país de las puertas históricas abiertas; a la Nación que alguna vez fue modelo político mundial; al país que por décadas exhibió una economía sin inflación y un Bolívar sin reumatismos.

egildolujan@gmail.com

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Edecio Brito Escobar (CNP-314)
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