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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA

miércoles, 11 de enero de 2012

FEDERICO BOCCANERA: HAY QUE VOTAR ALGUNA VEZ…

¿Cuantos años llevamos sin votar?... no, no es una pregunta retórica, porque me refiero a una práctica real que aún existe en algunas partes del planeta, aunque sea de una rareza “rarefacta” y evanescente: hablo del voto a conciencia, del voto con convicción, de un voto que podríamos definir como “satisfactorio”, incluso de un “voto placentero”: me refiero a aquel acto de votar que se ejerce con determinación, con orgullo, casi con engreimiento, por el candidato al cual consideramos, sin lugar a dudas, el mejor, el más acorde, el más preparado, ni más ni menos ¡NUESTRO CANDIDATO!

¿Alguna vez han experimentado ese PLACER?

La mayoría de las veces que le he preguntado a alguien* ¿y cuando fue que votaste por primera vez?  casi siempre recibo como respuesta, no sólo la fecha correspondiente a la del estreno electoral, sino que recibo como bono adicional -de ñapa- la información acerca de cuál fue el candidato escogido, de hecho, la respuesta casi siempre es algo así como: la primera vez que voté fue en el 88 y lo hice por Andrés Velásquez… (que sería mi caso, por ejemplo)

Tan es así que algunas veces cuando me han hecho la pregunta, casi siempre la hago cometiendo la pequeña maldad de contestar estrictamente lo preguntado, por ejemplo, respondiendo malcriadamente que la primera vez que voté fue en el 88… así con sus puntos sucesivos, porque me quedo allí para divertirme un poco con la interrupción, y con la reacción de mi interlocutor, el cual, 99% de las veces, se queda esperando que siga, es más, probablemente deseando que suelte “todo”…

Porque de más está decir, que la respuesta casi siempre se prolonga por todo el historial electoral del interrogado, lo cual siempre resulta interesante porque es como extraer de gratis, o con mínimo esfuerzo de trabajo de campo, un perfil político, o socio-político, incluso psico-socio-político, del que tenemos enfrente, perfil que con frecuencia se eleva a entrega generosa y hasta suena a confesión, ¡sí como si fuese una confesión de amores, de travesuras, y hasta de traiciones como no! Especialmente si el trecho transcurrido desde la primera (inolvidable) votación, transcurre a todo lo largo o abrazando gran parte del período democrático que tuvimos la ocurrencia de olvidar, entre 1958 y 1998.

Sin embargo, el relato no siempre es luminoso, más bien se torna sombrío, muy sombrío, cuando la reseña se encalla en estos últimos años, y vuelvo a ponerme como ejemplo: en el 88 voté con sincero entusiasmo por Andrés Velásquez, y en el 93, con entusiasmo mas esperanzado aún, volví a votar a él, pero ya después, el cuento comienza a oscurecerse cuando en el 98 no me quedó otra que votar por Salas Romer, voto contrariado que no se debía a ningún particular rechazo hacia el personaje, sino hacia la “obligatoriedad imperativa” de la selección, y luego, bueno… luego pasamos (permítanme el plural se los ruego) por la penosa prueba del 2000, para concluir desdichadamente, en la menos penosa pero muy poco apasionante experiencia a la que tuvimos que someternos, una vez más sin alternativa posible, con Manuel Rosales en 2006.

Es por eso que me pregunto y les pregunto ¿Cuántas veces votamos por el que realmente queríamos votar? Yo por lo menos lo pude hacer dos veces, pero muchos, por ejemplo, muchos nacidos después del año 1980, nunca pudieron hacerlo realmente, por ausencia de alternativas válidas ante una amenaza que imponía definiciones previas, y tomadas con exclusividad, por parte del estamento político opositor de aquel momento, porque en el fondo -y desde 1998- hemos tenido que votar, como decía Ambrose Bierce, el inmortal y verdadero “Gringo Viejo”, ejerciendo el “sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros”…

Pero durante este año 2012, año que tenemos que interiorizar como un reto personal, si es que realmente deseamos tener un país donde podamos expresarnos a plenitud, y desarrollar nuestro verdadero potencial humano sin el abominable condicionamiento de una supervivencia que, comprobadamente, sólo favorece a los detentores del poder, consagrados y por venir… este año 2012 que recién comienza, nos ofrece una oportunidad…

Una oportunidad rara, insólita, quizás irrepetible, de hacernos escuchar no una sino varias veces, lo cual implicará: Primero, el poder votar con relativa libertad, por el precandidato que nos guste (así TAL CUAL). Segundo, de elegir previamente al contendor final para la batalla decisiva de octubre, en donde, una vez más, tendremos que volver a votar “a juro” por el “nuestro”, pero esta vez legitimado por un procedimiento de impecable catadura democrática. Y tercero, porque aunque “perdamos” personalmente en nuestra “selección primaria”, por fin habremos podido despojarnos, aunque sea temporalmente, de aquel oprobio llamado “economía del voto”, ruindad mal disfrazada que nos obliga a calcular nuestra elección, más allá de nuestras íntimas convicciones humanas y ciudadanas, cosa que en el caso de este servidor, todavía son algo importante, algo tan importante que me han motivado a salir a la luz pública para exponerlas, y si el destino me lo permite, a dar la batalla, la debida y democrática batalla, por ellas…

No podemos desperdiciar esto: experimentemos la muy singular, y edificante experiencia, de votar según el conjunto corazón-mente que nos anima, aunque sea una vez, el 12 de febrero de este año, lo cual será casi que “un recreo”, ante la batalla que nos espera a la vuelta de la esquina… 

Yo por ejemplo, y ya que estoy en plan confesional desde el principio desde artículo, lo haré por Diego Arria, con la esperanza íntima y “convicta”, de estar votando por el mejor, sin duda alguna, pero invito a todos a hacer lo mismo, en el sentido de votar por “sus candidatos”, es decir, por el candidato de su preferencia personal, y no por el candidato de la “circunstancia”, el del “cálculo”, el del “cuadre”, o el “menos pior”… hagamos eso al menos durante esta oportunidad única, que seguirá siendo única mientras no rescatemos definitivamente nuestro derecho a tener una opinión libre, no condicionada…

¡Feliz Año 2012!
twitter: @FBoccanera

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