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martes, 10 de enero de 2012

CIPRIANO HEREDIA S: LLEGÓ EL AÑO DE LAS CHIQUITICAS

"Los demócratas venezolanos tenemos muchísimas razones para haber anhelado con entusiasmo que el 2012 llegara pronto, y ya llegó."
Aunque algunos le temen por la difundida tesis de que el fin del calendario maya significa que no habrá más años que contar para la humanidad, lo cierto es que los demócratas venezolanos tenemos muchísimas razones para haber anhelado con entusiasmo que el 2012 llegara pronto, y ya llegó.
Este año será cualquier cosa, menos aburrido, aunque esa falta de aburrimiento será en alguna medida producto de la tensión, más no diversión. La nueva mayoría electoral y política del país desea un cambio de gobierno y así lo expresará en las urnas de manera contundente, pero al mismo tiempo el presidente-candidato, su hegemónico partido y algunos altos oficiales de la Fuerza Armada, han dejado claro que están dispuestos a hacer prácticamente lo que sea para mantenerse en el poder. Esto evidencia que estamos en medio de una situación política particularmente compleja y en la víspera de grandes acontecimientos históricos.
Por nuestra parte, el fortalecimiento de la Unidad y el apego a la agenda trazada han sido, y seguirán siendo, la clave para alcanzar el éxito. Concurrimos unidos a las elecciones parlamentarias de 2010 y obtuvimos la mayoría de los votos; firmamos un acuerdo de gobernabilidad el pasado 26-S que echa las bases para una transición exitosa; el próximo 23 de enero se presentarán los lineamientos programáticos para el nuevo gobierno; y finalmente, el 12 de febrero todos los demócratas inscritos para votar elegiremos a nuestro candidato presidencial, que esa misma noche se convertirá en el abanderado de toda la Unidad Democrática y en próximo presidente de Venezuela.
De ahí en adelante se enfrentarán la fuerte esperanza de un futuro mejor y el inmenso deseo de cambio que abriga hoy la mayoría del país, por un lado, con un nefasto presente que ya es también pasado tras 13 años en el poder, por el otro. Este último exhibiendo como saldo más de 160 mil homicidios perpetrados bajo su gestión, una inflación galopante estimulada desde el propio gobierno, el récord histórico en expropiaciones e intervenciones de empresas, fincas e inmuebles y su consecuente repercusión en la caída de la productividad y la inversión, el déficit más abismal que se haya conocido en materia de viviendas, y el más escandaloso nivel de endeudamiento público que se haya registrado, entre otras cosas.
Pero a pesar de tan espeluznante récord, el régimen conserva cierta fuerza popular -aunque cada vez menor-, practica el ventajismo sin tapujos, utiliza para su beneficio de manera descarada los recursos del Estado, controla las instituciones, cierra y golpea a los medios que lo adversan, hace uso a discreción del terrorismo judicial y fiscal, y cuenta con una maquinaria de publicidad y propaganda nada despreciable. Por todo ello, es un adversario poderoso e inescrupoloso al que se le puede vencer -como ya lo hemos hecho-, pero en ningún caso está derrotado de antemano.
En conclusión, la campaña de este año no será un paseo por un jardín de rosas. Por el contrario, promete ser todo un camino empedrado donde incluso habrá algunas minas, pero la recompensa que está al final de ese camino bien vale la pena. Quedamos todos advertidos y conscientes también de que no será suficiente sacar más votos, sino que habrá que hacer valer la victoria frente a quienes no saben y no aceptan perder.
Llegó el 2012, el año de las chiquiticas. Por lo que a este servidor y su partido respecta, decimos: PRESENTE.
cipriano.heredia@gmail.com
@CiprianoHeredia

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sábado, 19 de enero de 2008

*ABC.ES EDITORIAL: “ALTA TENSIÓN ENTRE COLOMBIA Y VENEZUELA”


*ABC.es Editorial: “Alta tensión entre Colombia y Venezuela”

HACE ya ocho años que el caudillo venezolano Hugo Chávez alimenta con sus provocaciones la tensión con la vecina Colombia.

Esta política culminó esta semana con una declaración oficial por parte de la Asamblea Nacional de Caracas en la que se pide el reconocimiento como «fuerza beligerante» para las FARC y el ELN, dos narcoguerrillas de origen comunista que desde hace cuatro décadas se dedican a matar, a secuestrar y a hacer imposible el desarrollo de las enormes potencialidades de los colombianos.

Con esta declaración, Hugo Chávez no puede seguir engañando a nadie con sus chocantes propuestas de mediación y de búsqueda de la paz, porque él mismo se ha puesto abiertamente al lado de una de las partes -la guerrilla terrorista- y por tanto, no es razonable esperar que se le considere para un papel neutral en ningún proceso. Muy al contrario, todos los indicios llevan a pensar que el reiterado fracaso de sus políticas en Venezuela podría estar llevándole a buscar una falsa salida, creándose un enemigo exterior al que culpar de su estruendosa incapacidad de gestión ante una sociedad que está abandonando masivamente su proyecto revolucionario.

La visita que ha hecho a Bogotá esta misma semana el jefe del Estado Mayor Conjunto de EE.UU., el almirante Michael G. Mullen, tiene mucho que ver con una inquietud que en otras circunstancias sería impensable, pero que en estos momentos no se puede ignorar: Chávez está llevando la crisis hasta un punto en el que existe el riesgo evidente de que intente provocar un conflicto militar con Colombia, directamente o a través de los terroristas de las FARC.

Hasta ahora, las excentricidades de Chávez se limitaban a la intervención más o menos disimulada en los procesos electorales de otros países para aupar al poder a aliados suyos. Ahora son perceptibles los síntomas de que ciertos desarreglos anímicos podrían empujarle a tomar decisiones mucho más graves para toda la región.

Es el momento de recordar que Hugo Chávez ha gastado mucho dinero en armamento moderno (y que una parte le ha sido servida por el Gobierno socialista español) cuya necesidad real era más que discutible, si no es en el contexto de ciertos proyectos expansionistas a los que disfraza utilizando a su manera el mito de la figura del Libertador.

Sin que ello justifique sus defectos en otros campos -que los tiene-, hay que reconocer que el presidente Álvaro Uribe, al que han apoyado con gallardía algunos de sus antecesores en el cargo, ha mantenido una posición razonable, tratando de evitar que el intercambio de declaraciones no sirva para añadir más leña al fuego.

La templanza es por ahora la mejor respuesta de Colombia a las provocaciones de Hugo Chávez. Pero, por si acaso, este país merece también una expresión clara de apoyo por parte de la comunidad internacional para que Chávez pueda sacar sus conclusiones antes de que sea demasiado tarde para todos.