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domingo, 11 de mayo de 2014

MALÚ KIKUCHI, ¡TENGO MIEDO!, DESDE ARGENTINA

Fui educada para no tener miedo, para enfrentar los problemas y encontrarles una respuesta. Es más, mi padre decía que “si no tiene solución, no es problema”. Y no me refiero al hecho de tener respeto por las leyes humanas y las de Dios. Y hoy, tantos años después, muy adulta, tengo miedo.

Y el miedo se me ha vuelto irracional, aunque esté basado en sólidas y serias  razones. Tengo miedo al salir de mi casa, miro a derecha e izquierda para ver si hay algo o alguien sospechoso. ¿Y cómo saber si el chico que avanza con buzo y capucha y jean, igual a como se visten mis nietos, ¿es un buen chico o un chorro que me está acechando? Imposible saberlo. Hay que arriesgarse.

Tengo miedo mientras camino. Aprieto la cartera que lleva el mínimo de plata y la tarjeta indispensables, llevo las llaves en el bolsillo y las toco cada tanto, me dan tontamente la seguridad de poder volver a la cucha. Si tengo suerte. Para entrar, la historia se repite. Siempre con miedo.

Mientras tanto, comprar también es una odisea. Los negocios de mi barrio han sido saqueados varias veces. Finalmente, vuelvo, entera, sin haber sufrido más atropellos que algún empujón de alguien que va apurado o mira hacia otro lado y en vez de pedir disculpas, se acuerda de mi mamá, mal.

No salgo de noche salvo que sea con más gente que me asegure que me van a acompañar de vuelta hasta la puerta de mi casa. Y todas las noches llamo por teléfono a hijos y nietos, uno por uno, para asegurarme que están bien. Y me digo, esto no es forma de vivir. Entonces recuerdo que en los campos de concentración hubo sobrevivientes, y pienso que esto es Jauja comparado con el horror. Pero resignarse no es la solución.

Tengo miedo y no es justo que lo tenga. No forma parte del mundo civilizado tener miedo de todo. Pero lo tengo. Por supuesto que puedo explicarme a  través de la filosofía que se ha ocupado de la violencia, todas las razones posibles para que esta exista. Empiezo con *Hobbes: “el hombre es naturalmente violento”, “el hombre es el lobo del hombre”.

Hasta el pacífico *Ghandi, inventor de la “no violencia”, decía: ”ningún hombre está exento de violencia”. Y puedo seguir con los filósofos franceses del siglo pasado que diferenciaban “violencia” de “agresividad”. La primera es terrible, se puede y se debe eliminar, dominar, educar; la segunda es inherente a hombres y animales y la consideran como el instinto necesario para  la supervivencia.

Puedo buscar la etimología de la palabra violencia, que viene del latín “violentus”, “vis”, fuerza, “lentus”, continua, o sea fuerza continua. Con raíz indoeuropea, “wei”, fuerza vital”. O el *DRAE : acción violenta o contra el natural modo de proceder. No hay explicación que me alcance. Y ya sé que Caín mató a su hermano Abel, acto violento si los hay. Y que siempre hubo violencia. No me alcanza. La violencia que sufrimos hoy acá es “made in Argentina”, nuestra, propia, con demasiadas razones locales para existir.

La corrupción es violencia. El narcotráfico permitido por gente de “arriba” es violencia. La pobreza escondida como cifra, pero a la vista hasta en las calles donde hay colas de personas en las cercanías de las iglesias esperando por un plato de comida, es violencia. Es violencia, porque estamos en Argentina, país ubérrimo y venimos de pasar los mejores 11 años de la economía argentina (gracias a la soja que nos compra China), y tenemos personas ¡con hambre! Los Barras Bravas son violencia, permitida.

Es violencia la impunidad de los ladrones del gobierno que  no son juzgados por la plata que los enriquece, al tiempo que empobrecen a la gente que  tratan de esconder. Es violencia la de los jueces que se han olvidado de la Justicia y están al servicio de los funcionarios. La anomía de todos hacia las leyes, es violencia. La destrucción de las FFAA, es violencia. La inflación, es violencia. La lista de las violencias es infinita. Ende, la sociedad es violenta.

Nadie se escandaliza ante los homicidios, arrebatos, secuestros, salideras, violaciones y todo delito tipificado en el actual código penal. Los fiscales pertenecientes al ministerio público y que en principio están para defendernos,  miran hacia otro lado. Y cuando hacen bien su trabajo se convierten en Campagnoli, chivo emisario del mensaje mafioso que implica algo muy simple: no te metas con Báez, ni con nadie cercano al poder.

Hoy es tema hablar de la violencia en la que estamos inmersos, porque la Iglesia la pone sobre la mesa y los medios se ocupan de ella. Pero estaba desde antes y temo que siga sin solución, mientras el relato la niegue, y eso también es violencia. Mentirle al pueblo es violencia. Tener a la policía como a los caballos con freno y filete, para no dejarlos actuar, es violencia. Y es violencia el porcentaje de FFSS corruptos.

Puedo seguir explicando las razones, hay más. Puedo seguir buscando explicaciones en los filósofos especializados en el tema. Poder, puedo. Pero nada de eso me soluciona el miedo. Sigo con las puertas blindadas, las cierro con llave todo el día, tengo miedo. Y no es normal vivir con miedo en un país que no ha sufrido ningún desastre natural y no ha vivido una guerra, por lo menos desde hace 30 años.

El gobierno no se da por enterado ya que el miedo no forma parte del relato; la violencia no forma parte del relato y todo los que no forme parte del relato, simplemente, no existe. Aunque le roben el BMW a Aníbal Fernández, que ya sabe que la inseguridad no es una sensación. Eso ya pasó. Lo olvidaron. El relato sigue vivo y se niega a ver la realidad. Y la realidad es muy violenta.

Yo tengo miedo. Espero un candidato que se comprometa a darme seguridad, empezando por una CONADEP de la corrupción, que se tome en serio el combate al narcotráfico, que respete la Constitución Nacional en la forma y el fondo. ¿Espero demasiado?

Mientras, tengo miedo.

Malu Kikuchi
maluki@fibertel.com.ar
@malukikuchi

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lunes, 5 de mayo de 2014

LUIS VICENTE LEÓN, SÍ, TENGO MIEDO


El 79% de la población evalúa negativamente la situación del país. Es obvio el porqué. El deterioro en la calidad de vida es dramático. Cuando preguntamos cuáles son los principales problemas del país, por primera vez en años la primera respuesta no es la inseguridad (que aparece en segunda posición), sino el desabastecimiento, escoltado por la inflación y el desempleo. Los problemas económicos se roban el "show". ¿Y cómo no, si la inflación llega a 59% para darnos el "privilegio" de ser el país con mayor inflación del mundo? ¿Cómo no, si debes visitar cuatro establecimientos para comprar la canasta alimentaria, donde faltará igual la leche, aceite, azúcar y harina? ¿Cómo no, si es difícil comprar papel toilette? ¿Cómo no, si las empresas ya no planean nuevos lanzamientos sino cronogramas de cierre de plantas? ¿Cómo no, si para comprar cemento o cabillas hay que recurrir al mercado negro?

Pero, como otras veces, no coincido con la jerarquización que da la mayoría a los problemas del país. Si bien la economía es un problema central, creo que es más fácil avanzar ahí que en la solución de la inseguridad y es ésta la que me quita el sueño. La inseguridad está desbordada, llegando a niveles emocionalmente insoportables. Es un horror, pero nuestra división más perversa no es política sino esa que se refleja en el hecho de que un joven de un barrio pobre tiene una esperanza de vida casi una década menor que la de uno de urbanización. Es entre quienes se han acostumbrado durante años a que les cobren peaje para subir a su casa, los aterroricen los azotes de barrio o les maten los hijos en su entorno y los más novatos, que hemos visto instalarse más recientemente la inseguridad en nuestras vidas. Hoy estamos, sin embargo, frente a la socialización de la violencia y no de las soluciones. Es posible que en breve el gap de esperanza de vida entre barrio y urbanización se cierre, pero igualando hacia abajo.

Ahora vivimos en carne propia lo que otros vivieron siempre, cuando te roban, te secuestran, se meten en tu casa o te asesinan o ves con estupor la instalación del sicariato.

Pero hay una sociedad para quien la muerte violenta es aún inaceptable. Es esa mamá que no se recupera del asesinato de su hijo y se echa a morir con él. Es esa pareja que, después del secuestro, siente que los malandros están asechándolos en su propio baño y prefieren reventarse de ganas; y mañana no se quieren parar de la cama, ni abrir la puerta ni la ventana ni salir a esa jungla espantosa donde sienten náuseas ante el peligro de vivir aquí.

Y entonces, los novatos, con menos experiencia, colapsan y no hay lugar donde vayas ni conversación que no termine discutiendo la necesidad de emigrar.

El clímax personal lo viví anoche cuando mi esposa lloró de la nada y me dijo con ese sentimiento reservado a las ocasiones más dramáticas de la vida: "nos estamos quedando solos", y estaba implícito el reclamo de que es por mí, porque no me da la gana de irme. Hay un éxodo en nuestro entorno, donde todos parecen dividirse entre quienes se fueron, quienes se van... y quienes deberían irse.

Traté de calmarla, pero sonaba hipócrita, porque yo también tengo miedo. Se me quedó clavado en esa funeraria, hace apenas un mes, cuando quería abrazar a la familia de Gustavo, asesinado en el Ávila montando bici y alrededor de él se velaban 6 personas más, también asesinadas en diferentes circunstancias... y había siete familias destruidas por el dolor. Y es a ese dolor a lo que le tengo miedo. Pero también es la gasolina que me impulsa a trabajar para que mis hijos, apenas ayer comulgando por primera vez, puedan vivir donde quieran y sin embargo, quieran (y merezca la pena) vivir aquí.

Luis Vicente Leon
luisvicenteleon@gmail.com
@luisvicenteleon

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viernes, 27 de septiembre de 2013

IVÁN OLAIZOLA D’ALESSANDRO, TENGO MIEDO, PARANINFO DE LA SEMANA

Desaliento en la 68 de la ONU por la ausencia del hijo del supremo; bueno será en la 69, asamblea que de seguro será erótica.

De verdad que debo confesar que con todo lo que está pasando y que no pasa nada, siento aprensión, miedo, o para ponerlo en criollo “culillo”. 

Cada día se ven más disparates en todos los órdenes. Las noticias, y eso que yo creo firmemente que buena parte de ellas las están censurando o autocensurando, nos ponen los pelos de punta. Las noticias que se refieren a crímenes son verdaderamente horrorosas y su número supera a las de cualquier país en guerra. Con igual gravedad nos enteramos de las noticias de orden económica, sociales, políticas, militares, educativas, de salud, en fin que todo lo que está pasando está bien lejos de lo que debe y tiene que ser un país civilizado, con cierto grado de seriedad, y con un gobierno que gobierne y una sociedad que exija sus derechos. Ahora entiendo perfectamente el significado de “desgobierno” y la expresión, ahora lugar común, de “y no pasa nada”. Es que no hay gobierno, en el sentido real de la expresión, y con todo y la anarquía reinante en todos los órdenes no pasa nada que obligue a producir cambios en este estado de cosas.

Si le aplicamos la segunda ley de la termodinámica, usando la entropía como patrón de medida, a lo que nos está sucediendo en Venezuela, observamos como el sistema de gobierno que nos quiso imponer el teniente coronel felón difunto, lo que llamó “revolución bolivariana socialista del siglo XXI”, y que sus herederos insisten en continuar,  es un sistema aislado que tiende, bueno ya llegó, al desorden. A media que pasan los días, y ya llevamos casi 5.000 días, las cosas tienden al caos. Si aplicamos la teoría de la comunicación, observamos un grado muy alto de incertidumbre. Y, la teoría nos señala, aplicada nuevamente al estado de cosas que estamos viviendo con este régimen, cuando la entropía sea máxima llegará la muerte. Simplemente comentemos algunos ejemplos, al azar y sin orden de prioridad, de la cotidianidad de actuaciones de este desgobierno para entender fácilmente lo que estamos comentando sin necesidad de ser expertos en termodinámica.

El gobierno se salió de la Corte Internacional de Derechos Humanos, justo cuando en el país hay más violaciones de esos derechos y no hay un sistema judicial confiable. Tenemos problemas graves de reservas monetarias y el BCV está quemando las pocas barretas de oro que nos quedan. La AN hace ya tiempo que no cumple sus funciones legislativas y sin embargo anda buscando, comprando, un diputado 99 para darle esos poderes, nuevamente, al ejecutivo. Por no querer endeudarnos, por simples pruritos ideológicos, con los organismos internacionales que facilitan recursos a los países bajo reglas ciertas, nos estamos endeudando hasta la coronilla con una potencia imperial comunista, como lo es China. El régimen se ufana en hablar de soberanía e independencia y resulta que nuestra capital política ahora es La Habana, nos olvidamos de la reclamación soberana sobre la Guyana Esequiba y estamos entregando PDVSA  consorcios internacionales, sí como la explotación de nuestros recursos naturales no renovables. Tenemos un régimen lleno de militares en función de gobierno, y resulta que somos campeones en inseguridad, quintos mundialmente en secuestros. Nos damos el tupé montar casi sesenta bultos o maletas cargadas de y que supuestamente cocaína, en un avión y las autoridades viendo pa’rriba. El régimen predica amar a los pobres, a  los que  menos tienen, ya que es socialista, y resulta que la inflación devora los míseros salarios y la escasez de todos los productos de primera necesidad nos recuerda las largas colas que se hacían en los países comunistas para adquirir, no adquerir, alimentos y las que se hacen todavía en Corea del Norte y en nuestro país de adscripción política, Cuba. Del culto a la personalidad, típico de los regímenes comunistas, fascistas, autoritarios, ni hablar. Tenemos al “comandante supremo y eterno”  hasta en la sopa. Del nepotismo ni nos ocupemos: los Flores y ahora los maduros como arroz, bueno es un decir, porque de este producto tampoco hay. Somos el único país del mundo con un ministerio de cárceles, según dicen, y las misma viven incendiadas, será por eso que a la ministra de esa cartera la llaman fosforito. Dígame los motorizados, sector altamente entrópico. Pero bueno como ya se dice cantando “ternemos patria” y a una pareja presidencial que nos gobierna, o desgobierna, de manitas agarradas. Y el dado de Dios llamando golpe. Que verraquera doña señora. 

iolaizola@hotmail.com      

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domingo, 25 de agosto de 2013

LUIS VICENTE LEÓN, TENGO MIEDO

...miedo de estar... pero mucho más miedo me da no estar y perder todo por lo que hemos luchado. ¿Y tú?
No suelo ser un analista radical. Más allá de mi posición política, estoy convencido de que la verdad no es un monopolio de ningún bando y los malos y los buenos están regaditos por todos lados.

Trato de hacer análisis insesgado, que no significa no tener posiciones fuertes en lo que creo, sino ver las cosas desde las diferentes posiciones y entender la lógica que las motivan, me gusten o no.

En una sociedad polarizada, esto no es fácil. La gente se embrutece con los radicalismos y siente que cualquiera que intente comprender al adversario, e incluso estar de acuerdo con él en algunos planteamientos racionales, es un traidor, mientras es un pecado mortal que alguien que ha defendido a un bando conceptualmente, los critique en aquello que considera un error. Es interesante ver que el país de los dos lados se cree su propia afirmación polarizante: ¡Estás con Dios o con el Diablo! como si la vida fuera lineal, como si de verdad podemos decir que un lado es Dios (y en consecuencia nunca se equivoca) y el otro el Diablo (y jamás tiene razón). Paja podrida, oscurantismo balurdo, simplismo grosero, manipulación política. De eso se trata.

En mi caso, no me da la gana dejarme encerrar en esa cárcel de los polos. Lo bueno es bueno, no porque venga del lado que considero mejor. Es bueno si es bueno y ya. Y lo malo, es malo y ya. No depende para nada de quien lo haya hecho, ni de las características del emisor y su relación conmigo. 

Las solidaridades primarias son entendibles, pero primitivas. Nada hará que me calle para decir lo que pienso, mientras tenga voz (que es ronca, pero siempre dispuesta) y pueda escribir y expresarme para alguien que le interese, esté o no de acuerdo conmigo. Me equivoco y acierto y estoy siempre dispuesto a enmendar cuando meto la pata como el que más.

Estoy acostumbrado a las presiones y amenazas de ambos lados y he actuado siempre igual, irreverente y firme sobre lo que pienso. No porque no tenga miedo. 

Tendría que estar loco para no tenerlo frente a actores, de una trinchera y la otra, que tienen la fuerza para destruir lo que quieran destruir. Pero las reacciones al miedo sólo pueden ser dos: la cómoda, y entonces debería bajar la cabeza o huir o la valiente, hacer lo que tienes que hacer, a pesar de tener miedo. 

Me decanto por la segunda, pidiendo perdón a mis morochos por lo que esto pueda significar para ellos en el futuro, pero seguro que más grandes entenderán que no hay nada más valioso que luchar por ser libres y sólo lo eres cuando no tienes que censurar lo que dices (para complacer o protegerte), pues aquel que censura lo que dice, termina censurando lo que piensa.

Creo que nos adentramos en una radicalización política más fuerte que la que nos parecía fuerte. Creo que nuestros derechos serán más débiles cada vez. 

Creo que quienes deberían liderar la defensa de esos derechos se miran el ombligo, más interesados en subsistir ellos que en garantizar la subsistencia de los derechos de los demás. Creo que la corrupción se comió el país. 

Creo que la pen... es mayoría. Pero también creo que es demasiado lo que podemos perder. Que cada día hay más gente despolarizada que entiende que necesitamos integrarnos para construir. 

Creo que el trabajo político más exitoso no se hace ni en la radio ni en la televisión, sino cuando cada uno de nosotros, no importa nuestra área de acción, resistimos y construimos ahí, en ese microcosmos donde podemos influir, asumiendo nuestro rol y formando ese muro de contención indispensable para defendernos. 

Les vengo a decir que tengo miedo de estar... pero mucho más miedo me da no estar y perder todo por lo que hemos luchado. ¿Y tú?

@luisvicenteleon
Luisvicdnteleon@gmail.com

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