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miércoles, 14 de agosto de 2013

ALBERTO MEDINA MÉNDEZ, MENOS ANSIEDAD Y MÁS PERSEVERANCIA, DESDE ARGENTINA

Juan Bautista Alberdi, un indiscutible referente de la historia decía ";la libertad no brota de un sablazo, es el parto lento de la civilización";. Sin embargo, muchos aun creen que se pueden obtener cambios significativos solo quejándose y con un mínimo de empeño. Es de una ingenuidad increíble que cierta gente que parece inteligente piense que semejante caos puede ser superado solo por un mero capricho infantil.

No existen grandes logros sin monumentales esfuerzos. Lo que llega fácil, lo que surge casi de casualidad, no se podrá sostener por demasiado tiempo. Si se pretenden transformaciones duraderas, de esas que suponen avanzar en serio y que dejan atrás las malas experiencias del pasado para no repetirlas, se precisa mucho más que algo de suerte.

Las grandes reformas en la sociedad, casi nunca son producto del azar. Puede ocurrir un hecho fortuito de esos que de tanto en tanto sorprenden, una circunstancia cualquiera que ayude, empuje o abrevie los ciclos naturales, pero no será esa la explicación profunda, sino en todo caso solo un elemento adicional que haga su aporte complementario.

Se percibe hoy una ansiedad desmesurada por lograr cambiar el rumbo de los acontecimientos. Es posible que ese apuro tenga justificación. Cierto entendible cansancio, un notable agotamiento social, la saturación propia de políticas que se repiten, pueden explicar en parte esa actitud acelerada.

Las ansias no logran cambios, pero sí lo hacen el esmero y la constancia. Las cosas suceden porque se trabaja para ello. Los logros son la consecuencia esperable de tanto sacrificio y no de una dosis de fortuna. El mundo no funciona bajo las pautas del berrinche infantil. Que se desee algo con anhelo, no hace que ello ocurra. Hace falta bastante más que eso.

Tal vez la tecnología tenga alguna cuota de responsabilidad en épocas en que casi todo parece conseguirse con solo apretar un botón, en las que se averigua lo que sea en solo segundos. Es cierto que todo sucede mucho más rápido que antes, que los procesos sociales pueden mutar a mayor velocidad que en el pasado, pero lejos está de convertirse en una regla universal. Es probable que la cultura de lo automático haya logrado que algunos ciudadanos ingenuos crean que la vida en sociedad se somete a estas mismas normas.

La abulia, la indiferencia y la desidia, explican también lo que está pasando. Una sociedad que espera que ";otros"; se ocupen del cambio, tal vez no merezca ese nuevo rumbo. Después de todo el desinterés y la displicencia también tienen su premio y vaya si esto se verifica a diario.

Por otro lado, muchas personas que han vivido diferentes circunstancias políticas en el pasado, frente a su razonable agobio, pretenden una celeridad en los cambios, que no se corresponde con lo posible.

Es natural que sientan que no han hecho las cosas del todo bien, o inclusive que no merecen transitar este presente. Pero por otro lado saben que lo que queda en sus vidas hacia adelante es menos de lo que ya han recorrido y confunden entonces deseos con realidad.

Pero existe cierta justicia en lo que pasa. Salir de los desatinos conlleva tiempo y es saludable asumir que se deben pagar los costos de los errores cometidos. No sea cuestión de que la sociedad suponga que sus decisiones son gratuitas. Mucho de lo que se vive en el presente es el irremediable producto de los desaciertos de varias generaciones que hoy están paradójicamente apuradas. Hay que hacerse cargo de los fracasos propios, y eso implica que muchos no podrán ver los frutos de lo que viene. Tal vez sea merecido, después de todo, estaban allí cuando se tomaron las decisiones que explican el presente. Algunos prefirieron el silencio cómplice, otros fueron defensores sistemáticos de una clase dirigente a la que hoy detestan, pero que por entonces alimentaron con su voto y aprobación.

Se viene avanzando, a un ritmo más que razonable. Se ha aprendido mucho en estas décadas y es posible que ciertos equívocos no se repitan porque han sido realmente superados. Los cambios en una sociedad son siempre pausados, lentos, graduales. El aprendizaje es un proceso, que tiene sus etapas y el acceso al conocimiento no deriva siempre en acciones. Estas aparecen cuando se internalizan ciertas creencias y eso lleva mucho tiempo.

Habrá que trabajar para acortar los plazos, pero sin tomar tramposos atajos que conviertan los avances en farsas para que luego se retroceda y todo empiece de nuevo. Los cambios requieren ser madurados, para que sean verdaderos pasos hacia adelante y no solo placebos sociales.

La tarea que se viene es ardua pero es imprescindible entender lo que está pasando y así tener la paciencia suficiente para comprender que esta batalla será posiblemente más larga de lo esperado, pero que igualmente vale la pena darla. Se precisa mucho temple para dejar atrás la coyuntura. Se necesita además inteligencia, esfuerzo pero sobre todo menos ansiedad y más perseverancia.

albertomedinamendez@gmail.com



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miércoles, 31 de octubre de 2012

EJILDO LUJAN NAVA, ,UNION, PERSEVERANCIA Y FE, FORMATO DEL FUTURO,

Son tres palabras que cada una de ellas es de primordial importancia en la vida de todos y cada uno de los venezolanos. Y que, como frases, representan el único camino para los que habitan bajo el mismo techo de Venezuela.

En este momento, la mitad de la población, según el resultado electoral anunciado el 7-0 en horas de la noche, está apesadumbrado. Y somos parte de los convencidos de que parte de la otra mitad, también está triste: está cansada de tanta violencia, de tanto miedo, de tantas amenazas y, sobre todo, por los resultados a la vista de esta gestión de casi  14 años.

Es verdad que una parte de la población votó por el candidato que optó a la reelección. Pero lo hizo con base en una oferta de continuar recibiendo algo regalado: una casa, un dinero, una lavadora, un televisor. En fin, algo. ¡Qué triste que nos hagan esto¡. ¡Qué triste es el abuso que se comete con unas personas que no se dan cuenta de que los están comprando, aunque peor es ver que esas personas no se den cuenta que eso es sólo pan para hoy y miseria para mañana¡.

Es importante acotar que en donde más votos obtuvo el candidato a la reelección, fue en las zonas rurales y en las barriadas donde hay más pobreza, violencia, ignorancia y necesidades. Es decir, donde habitan las personas más fáciles de engañar. Esto no es un comentario peyorativo: es sólo una realidad que denota que en las ciudades donde conviven lo ciudadanos más preparados, donde son menos proclives al engaño y están más conscientes de la realidad, de las necesidades y los peligros que les acechan y buscan mejores opciones de vida, las respuestas obedecen a otros postulados; son, en fin, los que no ocultan su cansancio ante tantos engaños y que apelan al derecho al voto, para demostrar que no están dispuestos a continuar respaldando una gestión que únicamente  ha conducido al deterioro galopante de la Nación.

Todo esto nos conduce a pensar en que al obtener el voto de casi la mitad de los votantes venezolanos -no obstante contar con el grotesco ventajismo en favor del candidato a la reelección- y conscientes de que si las elecciones hubieran sido apegadas al estricto cumplimiento de las leyes, de igual a igual, el resultado hubiera sido distinto.

La mayoría de los venezolanos quiere  un  cambio, la UNION, en procura de la paz y de la seguridad. Y que ante esa necesidad que se expone abiertamente, y cuando ahora más de 17 millones de ciudadanos se preparan para la próxima contienda electoral, es indispensable hacer lo que sea en procura del fortalecimiento de la unión, sin que ningún interés mezquino o particular prive sobre el beneficio de los intereses nacionales.
A los venezolanos, nos corresponde agotar toda nuestra capacidad a favor del entendimiento, y eso comienza por ir al próximo evento con la tarjeta única, sin ventajas para ningún partido político, compartiendo equitativamente todos los recursos que estén a la disposición. De actuar con base en dicho propósito, esto nos pondría, definitivamente, en la senda de un seguro triunfo electoral, y con la alternativa bien fundamentada para encaminar a la nación rumbo a un nuevo destino en beneficio de todos los venezolanos.

Es cierto, entre quienes optamos y siempre optaremos por la alternativa democrática, todavía existe una condición de desánimo provocada por la derrota del pasado 7-0 en una contienda desequilibrada, asimétrica en el cumplimiento de las normas legales que la regían. Pero hoy no nos debe animar otro sentimiento que no sea el de perseverar. Hay que analizar lo que dejamos de hacer; cuáles fueron nuestros errores y nuestras debilidades. Hay que preparar mejor a nuestra gente para defender el voto en las mesas. Nada de triunfalismo. Se debe fortalecer el programa de padrinos de mesa; maximizar el uso de los recursos disponibles. Cada partido debe mover su maquinaria eficiente y conjuntamente como parte de un todo: somos un solo equipo y, además, somos la mayoría. Hay que resistir y vencer la principal estrategia de quienes no descansan en su propósito de dividirnos. No caigamos en ese juego. Se debe recordar, tener presente el dicho de que " Divide y Vencerás " . Eso es realmente cierto. Unidos seremos invencibles. No podemos caer en el pesimismo; mucho menos, en la desesperanza. La PERSEVERANCIA es lo que nos permitirá luchar y vencer. De no asumirlo así, es imposible lograr nada.

Han transcurrido 13 difíciles años. Hemos vivido experiencias que nunca nos hubiéramos imaginado.          Pero resulta inadmisible que un país que ha contado con tantos recursos financieros, con ingentes recursos naturales, y que goza de la ventaja de que su principal -o prácticamente único producto de exportación- el petróleo,  pasara en un breve tiempo de venderse de $ 7 a $ 110 por barril, es decir, que se incrementara en 15 veces su valor. Pero, además, que aun habiéndole permitido a Venezuela acceder a cantidades de dinero mayores que la que se requirió para reconstruir a Europa después de la segunda guerra mundial, el país esté como está: en unas sorprendentes condiciones de destrucción. Pero hay un futuro para todos, y él nos dice que tenemos que cambiar el rumbo; que podemos reconstruir el país; que nuestro mayor enemigo y principal fantasma a vencer es la pobreza, único sostén de este régimen. Mientras más pobres, más ignorancia; más facilidad para engañar.

Dejar de ser un país con aspecto de pobreza extrema y combatir las causas para que más del 70% de la población siga siendo pobre, es el gran reto. Todo nuestro mayor esfuerzo debemos ponerlo en una guerra contra la pobreza. Ser pobre es malo y si prometemos  y logramos el bienestar de muchos, minamos las bases del actual régimen. Los recursos existen. Contamos con una población capaz. Es verdad, en estos 13 años se nos fue mucha gente a otros países, pero ellos se han preparado: muchos se quedaran en donde hoy residen, pero, seguro, la gran mayoría regresará, motivada por el deseo de formar parte de esa generación que nuevamente tendría la oportunidad de trabajar y hacer futuro en la tierra de las oportunidades. Tengamos fe en que esto es posible. Y que el gran secreto del triunfo está EN LA UNION, EN LA PERSEVERANCIA y EN LA FE.

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