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domingo, 25 de agosto de 2013

MARIO TASCÓN / YOLANDA QUINTANA SERRANO, REVOLUCIONES EN RED

Las redes sociales empiezan a desempeñar el papel que tuvo la prensa

Los ciudadanos reclaman en todo el mundo un cambio del modelo económico y político; lanzan mensajes con sus demandas a través de nuevas plataformas; y urgen un cambio en el ecosistema de los medios de comunicación.

En Madrid las personas congregadas en la puerta del Sol desde los primeros momentos del #15M clamaban contra los medios tradicionales que, a su modo de ver, no estaban destacando lo que sucedía en las calles. Sol se había llenado de manera inesperada para los políticos, la policía y… muchos periodistas.

Mientras que las protestas de la capital española ocupaban espacio en los informativos de los principales sitios web y televisiones tradicionales extranjeras, los medios locales apenas hacían ligeras menciones sobre aquel fenómeno que aparecía de improviso ante sus ojos y que incluso fue recibido por muchos comunicadores con aspereza.

Sin embargo el movimiento consiguió una gran repercusión pública sin que, en general, hubieran funcionado los mecanismos de mediación comunicacional convencionales. Las antiguas élites que estaban siendo acusadas (políticos, sindicatos, medios), los organizadores, y las nuevas masas que protestaban así como la propia población general se empezaron a enterar de lo que pasaba en un 82% por las redes sociales frente a un 33% por la tele o un 23% por la prensa, según datos del análisis Tecnopolítica y 15M.

El mecanismo viejo de transmisión de mensajes y movilización social no se había comportado como siempre, pero el efecto de lo nuevo mezclado con lo viejo era muy superior.

En las primaveras árabes los movimientos sociales habían pasado también desapercibidos para las agencias de prensa y los observadores internacionales hasta el estallido final. Los primeros y más recientes ecos de las manifestaciones apartidistas en São Paulo y resto de ciudades brasileñas solo fueron recogidos al principio por la prensa local e internacional como simples “protestas por las tarifas del transporte público”.

Los políticos están descolocados en un mundo que les cuesta comprender
En Turquía ha pasado lo mismo y las masas de indignados dieron la espalda a los políticos al igual que a los medios de toda la vida: ninguno les había anticipado nada de lo que se avecinaba. La gente a falta de periodismo independiente se ha puesto a tuitear. El terreno está abonado con el hartazgo social y por el silencio cómplice de diarios, radios y televisiones con la corrupción política.

Hace pocos días leíamos en este periódico: “Al concluir la protesta, el Movimiento por el Pase Libre de São Paulo emitió un comunicado en Facebook, su gran medio de difusión, donde decía (…)”. El gran medio de difusión de los brasileños no es la poderosa Globo TV, ni el popular diario Folha de Sao Paulo, es Facebook, una red social global.

Los indignados (en una gran parte las clases medias) han venido tomando esas redes como los nuevos medios de comunicación y difusión de ideas y actividades, a la vez que desarrollan una hostil actitud hacia buena parte del colectivo de la prensa convencional, al que acusan de, como mínimo, connivencia con el poder económico y político del cual emana la situación de crisis contemporánea. En México el importante movimiento #yosoy132 se inició como contestación a la supuesta imposición mediática del candidato Peña Nieto y su primer punto reivindicativo pide la democratización y transformación de los medios.

Históricamente en cada cambio político importante algún nuevo medio de comunicación había acompañado y crecido con la nueva élite emergente que luchaba por conseguir el poder. Siempre había una radio, un periódico hermanado de algún modo con las masas reformistas o revolucionarias. Hoy ese papel apenas es asumido por algunos periodistas individuales, pequeños medios digitales, redes de blogs o incluso antiguos y nuevos foros utilizados como catacumbas en las que se preparan y discuten estrategias políticas. Las cabeceras tradicionales están en gran parte ausentes.

La labor de watchdog (vigilantes del poder) que tradicionalmente se atribuyó a los periodistas ha desaparecido del imaginario de los lectores. No hay alli lugar más que para un puñado de periodistas que aguantan como pueden su imagen de independientes, y ahora a ellos se suman blogueros, tuiteros o redes de opinión colectiva en la que no se distinguen con claridad las voces más significadas porque cada día hay oportunidad para una nueva. Un problema incluso de interlocución para el poder tradicional que no sabe con quién tiene que hablar, con quién puede negociar, a quién intentar sobornar ya que no hay líderes. Las aristocracias políticas y financieras están inquietas. Lo anticipan las letras de grupos de punk rap como Los Chikos del Maíz en su canción El miedo va a cambiar de bando. Ahora es el rap y no el rock la música de la reivindicación.

¿Qué papel pueden tener los medios si están ausentes de las vidas de las personas?

El papel de foro de la opinión pública y la democracia está siendo arrebatado a los pseudo-parlamentos de tubos catódicos y los escaños de papel impreso por las nuevas élites conectadas que se empiezan a configurar y que llevan a la calle y a las redes la discusión política, en un nuevo espacio con tremendas resonancias a bits e incomprendido por las élites antiguas, desplazadas por una marea que en cada sitio adopta un color y una red social de cabecera. Políticos, pero también periodistas, se sienten descolocados en un mundo que les cuesta comprender. Ya lo anticipó Barlow en su Declaración de Independencia del Ciberespacio en 1996: “Gobiernos… no sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nos reunimos (la Red)”

Una idea antes podía ser transcrita con tinta en un papel, ser un titular, o la cubierta de un manifiesto; hoy pasa a convertirse en software y a formar parte de un nuevo mecanismo en el que la colectividad es capaz de mejorarla, moverla y discutirla a una velocidad que hubiera sorprendido a Antonio Gramsci, pensador comunista cuyas ideas sobre la lucha entre élites parecen hoy, muchas décadas después de su muerte, tan actuales.

Erdogan, primer ministro turco, hacía referencia a esta preocupación: “Hay un problema que se llama Twitter. Allí se difunden mentiras absolutas”. Una declaración que resume el sentir de muchos políticos, intelectuales…y periodistas. Hace años el punto de mira, el enemigo, en situaciones similares hubieran sido los medios de comunicación, ahora son las redes sociales, lo digital, porque tienen parte del papel que anteriormente tuvo la prensa; la opinión pública gravita sobre ellos, como si fueran una corriente, un caudal. Y los medios, sin negar el papel que siguen desempeñando en ocasiones, ven como parte de su posición social ha menguado, está siendo también desplazada. Sus propios trabajadores se acaban de manifestar en Estambul contra el autoritarismo del gobierno y la autocensura de las cabeceras para las que escriben.

El usuario de Twitter @Paktin sentenciaba: “Los medios turcos demostraron que ninguno es suficientemente valiente para hacer las noticias de hoy. La historia se está escribiendo a través de los medios sociales”.

La prensa lleva años debatiendo cuál es su nuevo modelo de negocio, incluso algunos se atreven a plantear una imprescindible transformación de producto más allá de las obvias metamorfosis a las que obliga el multimedia. La compra del Washington Post por Jeff Bezos no hace sino agitar esta polémica. Pero… y si la cuestión básica fuera ¿qué papel reclama la sociedad para los medios cuando se enfada con ellos por estar ausentes de sus cambios, de su vida? Contestando a esta última pregunta seguro que se halla la respuesta a las anteriores.

Mario Tascón y Yolanda Quintana son autores del libro Ciberactivismo: las nuevas revoluciones de las multitudes conectadas.



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viernes, 23 de agosto de 2013

ALFREDO MEZA, LA TELEVISIÓN VENEZOLANA INICIA SU DEFINITIVA DOMESTICACIÓN, FUENTE EL PIAS DE ESPAÑA

Después de la marcha de Globovisión de Leopoldo Castillo, otros compañeros siguen su camino y abandonan el canal de noticias venezolano

Todas las tardes, entorno a las 18:00 horas, el canal de noticias Globovisión transmitía Aló, Ciudadano. Conducido por Leopoldo Castillo -un veterano abogado y exembajador de Venezuela en El Salvador durante el Gobierno del socialcristiano Luis Herrera Campins (1979-1984).-, el programa era de obligatoria consulta tanto para sus fieles seguidores como para la competencia. Castillo daba las noticias de última hora, presentaba a sus protagonistas y analizaba la actualidad con un estilo teatral que fue recompensado con muchos anuncios y una buena cantidad de fieles.

El viernes pasado, el ciclo de doce años culminó de repente con la tormentosa salida de Castillo. Este martes, en su horario, la cadena transmitía un viejo documental sobre la felicidad de los duques de Cambridge por el nacimiento de su primogénito. Toda una declaración de intenciones de la nueva junta directiva.

Este mismo martes, otros cinco periodistas –Roberto Giusti, María Elena Lavaud, María Isabel Párraga, Román Lozinski y Gladys Rodríguez- renunciaron a su puesto en la emisora completando así una verdadera desbandada que comenzó a mediados de abril, cuando el negocio pasó a capitales cercanos al chavismo. Todos los despidos y retiros voluntarios responden al cambio de timón de las nuevas autoridades, que están empeñadas en rebajar el combativo perfil de la cadena. Globovisión es actualmente la contracara de lo que fue: un canal anodino y cuidadoso de no provocar la ira del Gobierno de Nicolás Maduro.

Desde que se conociera la venta de la cadena, a principios del mes de marzo, se han marchado 18 personas, entre productores, entrevistadores y anclas, en medio de escándalos menores y mayores y de un fuerte reclamo de su audiencia. Todos eran rostros principales del único medio audiovisual venezolano que sólo transmite noticias. 


“Estamos presenciando el desmantelamiento del último canal informativo e independiente de Venezuela”, afirma la periodista Ana Karina Villalba en una entrevista con este periódico. La última emisión de su espacio Tocando Fondo no fue transmitida por presiones de los responsables de la seguridad ciudadana en Venezuela, quienes - según Villalba - no pudieron justificar durante el programa alarmante incremento de la delincuencia en la era chavista.

El episodio aludido por Villalba se suma a la existencia de una supuesta lista negra de periodistas de opinión. La directiva ha negado esa versión argumentando que las puertas del canal están abiertas a todas las corrientes del pensamiento. Villalba dice haberla visto para cumplir con las nuevas exigencias de los nuevos jefes: hay voceros que no son bienvenidos en esa cadena. También los temas y su enfoque debían contar con la anuencia final de la directiva a través de la gerencia de producción.

No era sólo el visto bueno de un superior, sino una orden disfrazada de sugerencia para indicar las preguntas a un invitado o el tono de un programa. Esto último le consta al narrador de noticias Román Lozinski. En medio de la reestructuración de la programación, él era el candidato para conducir un late show de entrevistas, pero le pusieron una condición. Sus invitados no debían hacer denuncias. Según su versión, el presidente de la emisora, Juan Domingo Cordero, le habría dicho una frase que consideró lapidaria: las denuncias eran cosa de la gestión anterior. De la vieja Globovisión. “Yo no puedo depender de lo que diga un directivo para trabajar”, ha asegurado Lozinski a este medio.

En cierto modo, esa postura fue una sorpresa para él. De la denostada nueva junta directiva Lozinski apreciaba que hubiera limado asperezas con el Gobierno, porque le daba la posibilidad de tener en el noticiero a un compañero transmitiendo en directo los actos de Maduro. Después del golpe de Estado de 2002, al canal se le cerraron las opciones de entrevistas a ministros o diputados. Sus reporteros no eran invitados a las conferencias de prensa organizadas por el chavismo o eran golpeados por simpatizantes oficialistas. El presidente Hugo Chávez acusaba a los anteriores dueños –Nelson Mezerhane, Guillermo Zuloaga y Alberto Federico Ravell- de participar en el movimiento que aquel año lo derrocó durante 72 horas. Todo formaba parte de una caracterización generalizada de los gobiernos de la era chavista. Según esa opinión, los medios privados legitiman un relato de dominación burguesa contrario a los intereses de la revolución bolivariana.

 La masiva renuncia de personalidades del canal tiene más partidarios que detractores dentro de los televidentes. Los que están en desacuerdo dicen que no hay que regalarle espacios al Gobierno en la única voz medianamente independiente que queda en los medios audiovisuales locales. La mayoría respalda a los renunciantes apelando a la consecuencia que deberían tener con los compañeros que quedaron fuera de los planes. 

Lozinski, por ejemplo, dice que no puede defender su parcela cuando todo a su alrededor es un gran suelo yermo. Se trata de una respuesta que explica la polarización que reina en este país desde hace tres lustros. El antichavismo entiende el periodismo como la defensa acrítica de su parcela y justifica esa postura afirmando que el Gobierno utiliza el canal del Estado como su boletín de comunicaciones. Un dato lo respalda. El académico de la Universidad Católica Andrés Bello Marcelino Bisbal contó 2.345 retransmisiones obligatorias en radio y televisión emitidas por el Gobierno de Chávez entre 2000 y 2012. Si se sumara el tiempo de todas las intervenciones del fallecido gobernante en esas cadenas — que no incluyeron su maratónico dominical, Aló, Presidente—, el discurso equivaldría a más de 90 días sin parar de hablar día y noche.

Sin embargo, Lozinski cuenta que estaba dispuesto a quedarse tras una petición de la junta directiva. Después de una reunión con uno de los dueños, entendió que era imposible continuar y advirtió dos posturas distintas en la gerencia. Lo descrito por el narrador de noticias coincide con la versión adelantada el sábado pasado a este diario por dos fuentes: hay una fractura entre los dueños sobre el impacto de las nuevas decisiones en la fortaleza de la marca. No son pocos los que piensan que el principal activo de Globovisión son sus periodistas. Influidos por esa percepción, los cinco periodistas que renunciaron enviaron a los medios locales un comunicado: “Con pleno y absoluto conocimiento de causa, tenemos que alertar a la población venezolana: Globovisión es moral, ética y periodísticamente inviable”.

El chavismo, entretanto, se está frotando las manos. En su cuenta de Twitter, el ministro de Turismo, Andrés Izarra, dijo que tras la salida de Leopoldo Castillo la audiencia se multiplicará ahora que ese medio de comunicación “le apuesta a la paz y a la verdad”. En su más reciente informe, el Instituto Prensa y Sociedad afirma que el uso abusivo del poder estatal y las restricciones en el acceso a la información fueron las principales limitaciones para el ejercicio de la libertad de prensa en Venezuela entre mayo de 2010 y diciembre de 2011. En el informe de 2013 deberán considerar lo que a juicio de varios analistas es la definitiva domesticación de los medios audiovisuales en el país.

http://internacional.elpais.com/internacional/2013/08/22/actualidad/1377132812_298197.html



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