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miércoles, 6 de agosto de 2014

ALFREDO MEZA / EWALD SCHARFENBERG, LA ENCERRONA, UN JARDIN DE ESPINAS,

La historia de la encerrona, última reunión de la MUD que presidió Aveledo, estuvo llena de escaramuzas y recriminaciones.


En la reunión del lunes la MUD solo alcanzó un acuerdo: evaluar la pertinencia de que la alianza respalde el Congreso de Ciudadanos que promueve organizar María Corina Machado. De resto, fue una jornada escaramuzas y recriminaciones. A las viejas heridas no cicatrizadas se suma ahora la desconfianza.

La esperada encerrona donde la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) intentaría remendar sus heridas internas no fue un jardín de rosas, a pesar de que el nombre del hotel donde tuvo lugar el pasado lunes 28 de julio, el Garden Suites de Altamira, en Caracas, prometía otra cosa. En todo caso, la reunión resultó espinosa. Que apenas 48 hora más tarde hayan renunciado a sus cargos en la alianza su Secretario Ejecutivo, Ramón Guillermo Aveledo, y su Adjunto, Ramón José Medina, es apenas un signo externo de las tensiones que allí se vivieron entre posturas, en apariencia, irreconciliables.

Sin embargo, no es paradoja que haya sido Aveledo quien impulsara la tarde de ese lunes la emisión de un comunicado anodino, redactado por Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas y máximo dirigente de Alianza Bravo Pueblo, lleno de galimatías y lugares comunes sobre la defensa de la democracia, pero sin noticias.

Aveledo, reconocido por moros y cristianos como un amante de las formas y la urbanidad, quiso con ello dar un material a los reporteros que aguardaban a las puertas del hotel y en la sede del partido Copei en La Campiña, adonde fueron oficialmente convocados. El único tramo significativo de la declaración ratificaba la obligación de la MUD de “conducir las luchas cívicas de la ciudadanía que reclaman un cambio urgente en la manera de conducir los destinos de la nación”.
Pero a veces pesa más el mensajero que el mensaje. Ante la imposibilidad –dada la áspera dinámica de la reunión- de que asistieran las figuras insignes de las facciones en pugna para dar una imagen de “unidad dentro de la diferencia”, se encargó al ex parlamentario del MAS y actual Subsecretario Ejecutivo de la MUD, Cristóbal Fernández Daló, para dar lectura al comunicado.

Fernández llegó a la sede del partido socialcristiano –elegido como lugar para la declaración porque allí sigue instalado un backing con los logotipos de la MUD- alrededor de las cinco y media de la tarde. Su presencia fue enseguida decodificada por los reporteros presentes como señal de que no había nada bueno que decir. A la falta de humo blanco Fernández Daló intentó poner la mejor de las caras, agregando motu propio dos frases pegajosas pero vacías, al afirmar que “hay unidad para rato”  y que la encerrona se había desarrollado en un ambiente “cordial y productivo”.

“No me arrepiento de eso, lo volvería a hacer. Y al que le pique, que se rasque”, dijo Capriles sobre la decisión de desconvocar la marcha de la oposición hacia el CNE luego de las elecciones presidenciales de 2013.

Era el final en falso de una jornada que acababa de concluir y que había empezado a las nueve de la mañana, con una hora de retraso con respecto a la agenda original. 

El inicio, además, no había sido todo lo auspicioso que debió ser. Freddy Guevara, el representante del partido Voluntad Popular (VP), llegó al  lugar de la reunión en compañía de Luis Florido, también dirigente del movimiento de Leopoldo López. El dueto rompía con su presencia el acuerdo alcanzado poco antes de que al cónclave sólo asistiría un representante por cada organización política del llamado G7 (los partidos de oposición con mayor votación electoral) y María Corina Machado, como voz de los independientes.

En ese punto procedimental se perdieron casi dos horas. Guevara defendía su atrevimiento señalando que Acción Democrática (AD) y Un Nuevo Tiempo (UNT) ya tenían segundos representantes en Edgar Zambrano y Stalin González, respectivamente. La presencia de ambos no obedecía, sin embargo, a su adscripción a un partido; eran delegados de la fracción parlamentaria de oposición.

Por momentos bizantino, el debate llegó a acalorarse. Guevara alcanzaría a pedir a Aveledo: “¿Por qué no te vas tú, chico?”. Pero quien terminó por abandonar la reunión fue Henry Ramos Allup, el secretario general de AD, quien señaló que la actitud de Guevara era un claro anticipo de que no había la voluntad política para hacer las cosas con seriedad. Luego también se retiró Edgar Zambrano, con lo que el antiguo partido hegemónico del puntofijismo, quedó sin voz en la encerrona. Más tarde Luis Florido, el segundo en discordia de VP, optó por dejar el sitio.

Aveledo había puesto circular, unos días antes, un documento con algunas guías para la reunión. En él pedía a los asistentes pasar por alto los ajustes de cuenta pendientes entre los partidarios de la estrategia electoralista o la "salidista". Proponía, en cambio, comenzar a pensar en la reestructuración de la mesa y en la posibilidad de unificar estrategias. Hubo quienes tomaron la agenda de Aveledo como un intento por acallar un debate necesario, por definitorio; otros la vieron como un marco de referencia metodológico para una discusión que, de otra manera, amenazaba con convertirse en un diálogo de sordos. Unos y otros, en cualquier caso, aprobaron las condiciones. “De cualquier manera los problemas no fueron por falta de agenda”, dice uno de los participantes, en retrospectiva. “Teníamos que ir preparados para decirnos lo que había de decirnos”, afirma otro. La rebelión original de Guevara pareció dar luz verde a otras escaramuzas.

Fue Julio Borges, el Coordinador Nacional de Primero Justicia (PJ), quien abrió los fuegos. Hizo una recapitulación de los hechos que habían llevado, según su perspectiva, al fracaso de La Salida. Un fracaso que, agregó, tuvo un costo importante para la unidad de las fuerzas de oposición. “Justo dos días antes de las elecciones regionales del 8 de diciembre, ellos salieron con un comunicado costosísimo en la prensa a favor de una Constituyente”, recapituló, y tanto de eso, como del propio lanzamiento de La Salida -el 23 de enero de enero de 2014- se habrían enterado en el seno de la MUD solo cuando ya eran hechos consumados y difundidos a través de la prensa. “Ese 23 de enero hubo dos ruedas de prensa, una de la MUD en conmemoración de la caída de Pérez Jiménez, y la de La Salida”. Reclamó que esas acciones inconsultas y unilaterales habían puesto a la unidad en el trance de “apoyar una estrategia en la que no creemos”.

El único acuerdo alcanzado en la reunión fue el de evaluar la pertinencia de que la MUD respalde el Congreso de Ciudadanos que promueve organizar María Corina Machado.

María Corina Machado pidió entonces la palabra para refutarlo. Dijo que ellos –los promotores de La Salida, entre los que se incluyen ella misma junto a VP, Proyecto Venezuela (PV) y Alianza Bravo Pueblo (ABP)- sí habían hablado de sus planes con la antelación. Desgranó, además, varias evidencias de que La Salida no habría fracasado: por ejemplo, que como producto de las protestas, la popularidad del Gobierno de Nicolás Maduro se había desplomado a 30-35%, había quedado en evidencia la cara represiva del régimen, y se había activado en Estados Unidos un proyecto de sanciones contra funcionarios venezolanos incursos en violaciones de derechos humanos. Insistió en que todavía seguía siendo inminente un colapso del gobierno actual, aunque aclaró: “Yo jamás me he reunido con militares para planificar golpes de Estado". Y volteándose hacia Juan José Molina -voz de Avanzada Progresista y Henri Falcón en la mesa- dijo: "Ni en 1992". De seguidas miró a Julio Borges: "Ni en 2014".

Las palabras de Machado intentaban atajar, exponiéndolos, los rumores que sus adversarios estarían sembrando, que la acusan de estar tocando a las puertas de los cuarteles. El desafío que lanzó no obtuvo respuesta. En cambio, se le replicó que La Salida no sólo no habría cosechado éxitos en el plano internacional, sino que creó en los hechos un problema adicional: ahora no hay acceso a ciertos líderes de la comunidad internacional, que no identifican a un interlocutor claro que represente a la oposición democrática venezolana.

Mientras esta y otras refriegas tenían lugar, llamó la atención que Henrique Capriles Radonski guardara silencio con una cara que un testigo calificó como “de profunda ladilla”, con toda su atención puesta en una tableta. El gobernador del estado Miranda y dos veces candidato presidencial lo hizo de manera deliberada. “Es cuestión de la personalidad de Henrique”, explica un amigo personal. Decidió que mediante el mutismo manifestaría “con elocuencia” su desacuerdo con La Salida, con lo que se discutía en la reunión y con métodos inmediatistas “que ya mostraron su fracaso en abril de 2002 y con el retiro de la Asamblea Nacional en 2005”.

Nadie pudo dejar de notar la silenciosa protesta. Solo una vez cayó Capriles en la tentación de los duelos interpersonales. Fue cuando Antonio Ledezma, alcalde metropolitano, fechó el origen de la división interna de la MUD no en el surgimiento de La Salida –como la versión de Julio Borges y PJ sostiene-, sino en la decisión de Capriles de desconvocar la marcha de la oposición hacia el Consejo Nacional Electoral (CNE) luego del cuestionado resultado de las elecciones presidenciales de abril de 2013, sobrevenidas tras la muerte de Hugo Chávez, y en las que Nicolás Maduro quedó victorioso con una ventaja de poco más de uno por ciento de los votos. Ante el señalamiento, Capriles saltó de su asiento: “No me arrepiento de eso, lo volvería a hacer. Y al que le pique, que se rasque”.

Julio Borges, el Coordinador Nacional de Primero Justicia abrió los fuegos en la encerrona, al hacer una recapitulación de los hechos que habían llevado, según su perspectiva, al fracaso de La Salida.

Roberto Enríquez, presidente de Copei, pidió la palabra para responder a aquella intervención inicial de Borges y darle otra dimensión al disenso.  Emergió un viejo reconcomio que tienen los partidos de la alianza con Primero Justicia. Enríquez no pretendía quebrar una lanza por La Salida, pero sí evidenciar que mucho antes de que ésta cristalizara con su ya conocido saldo trágico, a Primero Justicia también le había faltado vocación unitaria cuando condujo las campañas presidenciales de 2012 y 2013. Aunque nunca lo hicieron público, las demás organizaciones e independientes siempre resentían en privado las pocas posibilidades de ser escuchados por el candidato Capriles. Además, agregó Enríquez, también el gobernador del estado Miranda había roto con el acuerdo de revelar a los aliados cómo proceder antes de hacerlo público al convertir las elecciones municipales de diciembre de 2013 en un plebiscito. Capriles y Borges permanecieron en silencio. 

La intervención de Omar Barboza, de Un Nuevo Tiempo (UNT), trató de retomar el espíritu de la reunión. Dijo Barboza que era imposible pensar en una oposición unida con estrategias disímiles y que así, en medio de la diatriba, no se podía enfrentar al gobierno. Pidió avanzar en la reunificación. Pero los llamados del veterano dirigente zuliano no resultaron suficientes para motivar un debate más sustancial.

No se discutió sobre la Constituyente, ni sobre la renuncia de Ramón José Medina, algo que entonces no había sucedido y constituía un punto de honor para VP. Sí se habló del Congreso de Ciudadanos que está convocando María Corina Machado para finales de septiembre o principios de octubre. Enríquez defendió esa idea como una forma de conectar a la MUD con los sectores de la sociedad civil que ni se encuadran en la militancia de partidos ni se sienten representados en la mesa. En la próxima reunión se discutirá la pertinencia de que la alianza respalde o no esa iniciativa que cuenta con tres detractores: Acción Democrática, Avanzada Progresista y Primero Justicia. Cuando se mencionó ese punto fue la segunda y última vez que se escuchó a Capriles: “Que hagan esa vaina, pero nosotros, Primero Justicia, no vamos a ir”. Aveledo intervino para preguntarle si esa era su posición personal o la del partido. Capriles respondió: "La del partido". Julio Borges no pudo refrendarlo porque ya se había retirado.

La anécdota con la que cerró el cónclave muestra cómo sirvió para profundizar desconfianzas, en vez de despejarlas. Entonces el representante de Proyecto Venezuela (PV), Carlos Berrizbeitia, que se ha posicionado en la opinión pública con su seguimiento constante de los gastos presidenciales reportados en el presupuesto nacional, hizo honor a su fama de contralor. Aguijoneado por la sospecha de que Juan José Molina, el representante de Avanzada Progresista que se sentaba al lado, estaba grabando subrepticiamente el debate, recurrió a una astucia: golpeó sus manos en un aplauso algo fuera de lugar. El ruido hizo que saltaran los monitores de la aplicación para grabar de su iPad.

Berrizbeitia confirmó su sospecha. “¿Tú estás grabando?", le preguntó. Como Molina mostró su sorpresa lo enfrentó con más decisión. “Responde”, presionó Berrizbeitia. Según testimonios, Molina reconoció que grababa la cita para llevar un registro que luego escucharía para analizarla. “Yo no sé ustedes”, dijo Berrizbeitia a los presentes, “pero yo me siento muy incómodo porque este señor está grabando esta reunión. Eso está fuera de cualquier norma”. Entre todos le exigieron que borrara el registro. Y así se habría hecho.

Molina sí reconoce que hubo un altercado al final, pero negó que él estuviera grabando la reunión. “Yo estaba tomando apuntes. Estas reuniones son serias y hay que tener claro qué dice cada cual”, dijo Molina cuando fue consultado por el inconveniente. “Lo que me causa más risa es que digan que yo tengo vinculación con Diosdado Cabello”, agregó. El ex parlamentario, que alguna vez abrazó la causa chavista, considera que al señalarlo a él de soplón la verdadera intención es hacerle daño a Henri Falcón, gobernador del estado Lara. Muchos de los asistentes a la reunión creen que Falcón, que en 2008 fue electo por vez primera en el cargo con los votos del Psuv, es quien trasvasa información al Gobierno. Ya no solo hay diferencias casi irreconciliables sobre la estrategia. Ahora se suma el peso de la desconfianza sobre una alianza que puede que tenga las horas contadas.

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viernes, 23 de agosto de 2013

ALFREDO MEZA, LA TELEVISIÓN VENEZOLANA INICIA SU DEFINITIVA DOMESTICACIÓN, FUENTE EL PIAS DE ESPAÑA

Después de la marcha de Globovisión de Leopoldo Castillo, otros compañeros siguen su camino y abandonan el canal de noticias venezolano

Todas las tardes, entorno a las 18:00 horas, el canal de noticias Globovisión transmitía Aló, Ciudadano. Conducido por Leopoldo Castillo -un veterano abogado y exembajador de Venezuela en El Salvador durante el Gobierno del socialcristiano Luis Herrera Campins (1979-1984).-, el programa era de obligatoria consulta tanto para sus fieles seguidores como para la competencia. Castillo daba las noticias de última hora, presentaba a sus protagonistas y analizaba la actualidad con un estilo teatral que fue recompensado con muchos anuncios y una buena cantidad de fieles.

El viernes pasado, el ciclo de doce años culminó de repente con la tormentosa salida de Castillo. Este martes, en su horario, la cadena transmitía un viejo documental sobre la felicidad de los duques de Cambridge por el nacimiento de su primogénito. Toda una declaración de intenciones de la nueva junta directiva.

Este mismo martes, otros cinco periodistas –Roberto Giusti, María Elena Lavaud, María Isabel Párraga, Román Lozinski y Gladys Rodríguez- renunciaron a su puesto en la emisora completando así una verdadera desbandada que comenzó a mediados de abril, cuando el negocio pasó a capitales cercanos al chavismo. Todos los despidos y retiros voluntarios responden al cambio de timón de las nuevas autoridades, que están empeñadas en rebajar el combativo perfil de la cadena. Globovisión es actualmente la contracara de lo que fue: un canal anodino y cuidadoso de no provocar la ira del Gobierno de Nicolás Maduro.

Desde que se conociera la venta de la cadena, a principios del mes de marzo, se han marchado 18 personas, entre productores, entrevistadores y anclas, en medio de escándalos menores y mayores y de un fuerte reclamo de su audiencia. Todos eran rostros principales del único medio audiovisual venezolano que sólo transmite noticias. 


“Estamos presenciando el desmantelamiento del último canal informativo e independiente de Venezuela”, afirma la periodista Ana Karina Villalba en una entrevista con este periódico. La última emisión de su espacio Tocando Fondo no fue transmitida por presiones de los responsables de la seguridad ciudadana en Venezuela, quienes - según Villalba - no pudieron justificar durante el programa alarmante incremento de la delincuencia en la era chavista.

El episodio aludido por Villalba se suma a la existencia de una supuesta lista negra de periodistas de opinión. La directiva ha negado esa versión argumentando que las puertas del canal están abiertas a todas las corrientes del pensamiento. Villalba dice haberla visto para cumplir con las nuevas exigencias de los nuevos jefes: hay voceros que no son bienvenidos en esa cadena. También los temas y su enfoque debían contar con la anuencia final de la directiva a través de la gerencia de producción.

No era sólo el visto bueno de un superior, sino una orden disfrazada de sugerencia para indicar las preguntas a un invitado o el tono de un programa. Esto último le consta al narrador de noticias Román Lozinski. En medio de la reestructuración de la programación, él era el candidato para conducir un late show de entrevistas, pero le pusieron una condición. Sus invitados no debían hacer denuncias. Según su versión, el presidente de la emisora, Juan Domingo Cordero, le habría dicho una frase que consideró lapidaria: las denuncias eran cosa de la gestión anterior. De la vieja Globovisión. “Yo no puedo depender de lo que diga un directivo para trabajar”, ha asegurado Lozinski a este medio.

En cierto modo, esa postura fue una sorpresa para él. De la denostada nueva junta directiva Lozinski apreciaba que hubiera limado asperezas con el Gobierno, porque le daba la posibilidad de tener en el noticiero a un compañero transmitiendo en directo los actos de Maduro. Después del golpe de Estado de 2002, al canal se le cerraron las opciones de entrevistas a ministros o diputados. Sus reporteros no eran invitados a las conferencias de prensa organizadas por el chavismo o eran golpeados por simpatizantes oficialistas. El presidente Hugo Chávez acusaba a los anteriores dueños –Nelson Mezerhane, Guillermo Zuloaga y Alberto Federico Ravell- de participar en el movimiento que aquel año lo derrocó durante 72 horas. Todo formaba parte de una caracterización generalizada de los gobiernos de la era chavista. Según esa opinión, los medios privados legitiman un relato de dominación burguesa contrario a los intereses de la revolución bolivariana.

 La masiva renuncia de personalidades del canal tiene más partidarios que detractores dentro de los televidentes. Los que están en desacuerdo dicen que no hay que regalarle espacios al Gobierno en la única voz medianamente independiente que queda en los medios audiovisuales locales. La mayoría respalda a los renunciantes apelando a la consecuencia que deberían tener con los compañeros que quedaron fuera de los planes. 

Lozinski, por ejemplo, dice que no puede defender su parcela cuando todo a su alrededor es un gran suelo yermo. Se trata de una respuesta que explica la polarización que reina en este país desde hace tres lustros. El antichavismo entiende el periodismo como la defensa acrítica de su parcela y justifica esa postura afirmando que el Gobierno utiliza el canal del Estado como su boletín de comunicaciones. Un dato lo respalda. El académico de la Universidad Católica Andrés Bello Marcelino Bisbal contó 2.345 retransmisiones obligatorias en radio y televisión emitidas por el Gobierno de Chávez entre 2000 y 2012. Si se sumara el tiempo de todas las intervenciones del fallecido gobernante en esas cadenas — que no incluyeron su maratónico dominical, Aló, Presidente—, el discurso equivaldría a más de 90 días sin parar de hablar día y noche.

Sin embargo, Lozinski cuenta que estaba dispuesto a quedarse tras una petición de la junta directiva. Después de una reunión con uno de los dueños, entendió que era imposible continuar y advirtió dos posturas distintas en la gerencia. Lo descrito por el narrador de noticias coincide con la versión adelantada el sábado pasado a este diario por dos fuentes: hay una fractura entre los dueños sobre el impacto de las nuevas decisiones en la fortaleza de la marca. No son pocos los que piensan que el principal activo de Globovisión son sus periodistas. Influidos por esa percepción, los cinco periodistas que renunciaron enviaron a los medios locales un comunicado: “Con pleno y absoluto conocimiento de causa, tenemos que alertar a la población venezolana: Globovisión es moral, ética y periodísticamente inviable”.

El chavismo, entretanto, se está frotando las manos. En su cuenta de Twitter, el ministro de Turismo, Andrés Izarra, dijo que tras la salida de Leopoldo Castillo la audiencia se multiplicará ahora que ese medio de comunicación “le apuesta a la paz y a la verdad”. En su más reciente informe, el Instituto Prensa y Sociedad afirma que el uso abusivo del poder estatal y las restricciones en el acceso a la información fueron las principales limitaciones para el ejercicio de la libertad de prensa en Venezuela entre mayo de 2010 y diciembre de 2011. En el informe de 2013 deberán considerar lo que a juicio de varios analistas es la definitiva domesticación de los medios audiovisuales en el país.

http://internacional.elpais.com/internacional/2013/08/22/actualidad/1377132812_298197.html



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