Venezuela se sumerge cada día más en una
tragedia política y económica de magnitudes catastróficas. La escasez azota a
toda la población. En las góndolas de los supermercados a veces no se encuentra
ni leche, ni aceite ni harina. La tasa de homicidios continúa batiendo récords
cada año. El país está gobernado por personas que han sido designadas
"capos de la droga" por el gobierno americano.
Sin embargo, dentro de
este contexto, existe un pequeño grupo de personas, comúnmente llamados
boliburgueses -o bolichicos, en su versión joven- que han logrado
inexplicablemente crear fortunas de magnitudes superlativas.
En una economía libre, como la de EEUU, una
persona puede acumular, después de mucho esfuerzo y competencia, una fortuna de
millones de dólares si logra crear un producto o servicio que la población
quiera y compre. Por ejemplo, el fundador y ex-CEO de Yahoo, Jerry Yang, posee
una fortuna que ronda los $1.2 mil millones de acuerdo a la revista Forbes.
Aubrey McClendon, co-fundador de Chesapeake Energy, la segunda empresa
norteamericana más grande productora de gas natural, posee una fortuna estimada
en $1.1 mil millones según la misma revista.
Pero que en la Venezuela de Hugo Chávez un
grupo exclusivo de personas, algunos de ellos menores de 30 años y sin
experiencia previa en sectores tales como el energético, logren en menos de 4
años acumular una fortuna tal que les permita comprar lujosas propiedades en
Estados Unidos y fincas en Europa por veintenas de millones de dólares, aviones
privados, caballos de carrera, etc., es sencillamente sospechoso. Las fortunas
de estas personas son imposibles de estimar sencillamente porque las
consiguieron en base a fraudes financieros y cambiarios, y contratos obtenidos
del gobierno venezolano sin proceso de licitación alguno, los cuales aún ni
ellos ni el gobierno de Venezuela han querido revelar.
Los boliburgueses y bolichicos poseen ciertas
características comunes. Casi todos ellos viven o vienen periódicamente a
Estados Unidos. Utilizan bancos americanos para mover sus fortunas y poseen
millonarias propiedades en el sur de la Florida. Contratan a las mismas
consultoras de relaciones públicas, bufetes de abogados, agencias privadas de
investigaciones y especialistas en impuestos para limpiar su imagen, proteger
sus activos e intimidar a quien se atreva a desenmascararlos. Intentan rodearse
de los más respetados lobistas tanto republicanos como demócratas para entrar
de lleno en la política de Washington. Crean o forman parte de fundaciones a
través de las cuales intentan mostrar su falsa preocupación por Venezuela. En
algunos casos incluso financian a ciertos sectores de la oposición venezolana
como estrategia para presentarse públicamente como antichavistas, víctimas y no
culpables.
Algunos de ellos han decidido denunciar en
cortes americanas a venezolanos honestos. Lo hacen con el objetivo de crear una
cortina de humo, poniendo sus acciones criminales al mismo nivel que las de
gente honrada y evitar así que el gobierno americano les quite el refugio.
Siendo prepotentes, creen que el dinero es más poderoso que la verdad. Sus
abogados envían cartas intimidatorias a periodistas y medios para bloquear
informes negativos. Algunos financian a sectores de la oposición al tiempo que
continúan haciendo negocios con el gobierno chavista. Pero lo que seguro no
pueden es dormir tranquilos, sabiendo que en sus hombros reposa una de las
causas principales de la destrucción de su país.
La destrucción que vive la sociedad
venezolana es resultado de sus propias acciones. Lo es, en parte, como
consecuencia de aquellos que durante los últimos 14 años han impuesto fallidas
ideologías basadas en el marxismo y el odio de clases. Lo es en parte también
porque han sido pocos los valientes que se arriesgaron a levantar su voz para
intentar frenar el autoritarismo y la cleptocracia del gobierno de Hugo Chávez.
Pero en parte también, por culpa de aquellos que prefirieron deslindarse de
toda moral y utilizar la falta de Estado de Derecho para construir sus propias
fortunas a espaldas de un país entero.
Estados Unidos no tiene por qué asumir
responsabilidad alguna por los primeros dos grupos. Pero seríamos cómplices si
permaneciésemos callados ante tal saqueo, más aún cuando sabemos que muchos de
estos saqueadores hoy disfrutan de la seguridad y generosidad de nuestro país.
Estados Unidos debe dejar de proveer refugio a los socios de Hugo Chávez.
Otto Reich fue Subsecretario de Estado para
Asuntos Hemisféricos y Embajador de Estados Unidos en Venezuela. Twitter:
@OttoReich
Ezequiel Vázquez-Ger es miembro de la
organización sin fines de lucro Americas Forum for Freedom and Prosperity.
Twitter: @Ezequielvazquez
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