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martes, 29 de abril de 2014

LUIS MARÍN - RESISTENCIA A LA OPRESIÓN

Una de las características más exasperantes de   la actual tiranía militar comunista es que la junta militar no se muestra abiertamente, como era tradicional, sino que ejerce el poder embozadamente, ocultándose detrás de unos supuestos poderes públicos que no son otra cosa que altoparlantes o cajas de resonancia de sus decisiones arbitrarias.

Detrás de esta práctica política hay toda una filosofía del poder que lo representa como una máscara, un artificio de teatro, hecho para divertir a las masas o más precisamente para engañar al público.

Todas las instituciones de la democracia occidental, pero también la iglesia, han sido interpretadas por los comunistas como una farsa de los ricos para engañar a los pobres (esa era, por cierto, la consigna del partido de Tibisay Lucena en la Universidad); en consecuencia, la democracia popular debe hacer exactamente lo que ellos ya han decretado: constituir una farsa deliberada pero esta vez no para engañar sino para aplastar al enemigo de clase, a la burguesía. Y nada ni nadie los sacará de ese libreto.

De manera que no puede esperarse nada de estas supuestas instituciones completamente vaciadas de contenido, porque no están hechas para la defensa de los ciudadanos o para garantizar sus derechos fundamentales; sino que son herramientas para una supuesta, ilusoria, fantástica y delirante lucha de clases.

Esto no sólo hace más comprensible el rol de los elementos colaboracionistas que se comportan “como si estuvieran en la república de Platón y no en la sentina de Rómulo”; sino el de auténticos y sinceros opositores que repiten constantemente que, por ejemplo,  la SC del TSJ decidió defenestrar a MC, prohibir las manifestaciones públicas, destituir y poner presos a los alcaldes o el CNE decidió convocar elecciones en esos municipios; siendo la realidad que esos sujetos no deciden absolutamente nada, sino que cumplen a discreción las órdenes de la junta militar comunista para darles una fachada “legal”.

Aquí hay toda una concepción política: ellos creen firmemente que todos los sistemas son así, que ellos descubrieron cuáles son los intríngulis del poder y lo ejercen con desfachatez y plena conciencia de lo que están haciendo; al contrario de lo que ocurre en las democracias “burguesas”, en que se hace lo mismo pero inconscientemente, cubiertos por el manto de una ideología encubridora.

Desafortunadamente para la junta militar comunista, por mucho que se esconda, sus acciones quedan a la vista del público y pueden ser analizadas críticamente describiendo lo que sale a la superficie de toda esta enrevesada tramoya. Por ejemplo, las argumentaciones del abogado Fidel Castro pueden sostenerse sólo porque prohíbe terminantemente que se las contradiga, so pena de muerte; pero en el mundo real no resisten el menor análisis y Castro queda como lo que es, un tramoyero.

La reciente sentencia, si puede llamarse así, de la SC del TSJ, que prohíbe las manifestaciones públicas y pone una amenazadora espada de Damocles sobre la cabeza de los alcaldes que creen que la sumisión es una política viable, puede ser ilustrativa.

Veamos, las constituciones no crean derechos humanos fundamentales sino que sólo establecen garantías para esos derechos, que son anteriores y supraconstitucionales, admitiendo que las personas nacen con ellos y los tienen por simple condición humana.

Desde la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789 se reconoció que los hombres nacen libres e iguales, con derechos naturales e imprescriptibles que son: la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.

Si los tomamos en serio resulta que resistir a la opresión es un derecho humano fundamental, violarlo o restringirlo es violar derechos humanos. Al contrario, el derecho a reprimir manifestaciones públicas no existe en ninguna constitución, más bien se prohíbe expresamente, incluso el uso de armas de fuego y sustancias tóxicas en el control de manifestaciones pacíficas, algo que se ha vuelto habitual en este país.

Decir que las manifestaciones deben someterse a la ley es una perogrullada o una tergiversación, porque la ley es para aplicar los derechos contenidos en la constitución y no puede servir para impedir su ejercicio.

Asimismo el concurso de derechos según el cual no es posible manifestar porque se obstruye el libre tránsito y otros derechos es un argumento falaz, no sólo porque tampoco sería posible transitar si se impide el derecho a manifestar, sino porque sería imposible el mismo libre tránsito, porque no podemos transitar todos a la vez, al mismo tiempo y por el mismo lugar. Para eso es que sirve el recurso a la ley, para que los derechos de unos coexistan con los derechos de otros, logrando lo que se llama convivencia pacífica.

Así como está prohibido interpretar un contrato de tal manera que se haga imposible su realización; la Constitución no puede interpretarse en un sentido de haga nugatorios los derechos que por principio debe garantizar, porque para eso es que existe.

 Las constituciones sólo hacen dos cosas: garantizar los derechos y dividir los poderes; si no hacen esto, entonces, no hay constitución.

HACIA LA LIBERTAD

A muy destacados historiadores venezolanos, casi todos de inspiración socialdemócrata, les gusta describir la evolución de la sociedad venezolana como un largo camino “hacia la democracia”; como si esta parte de la humanidad luchara fatigosamente por salir del pantano del caudillismo militar para elevarse a las cumbres de la civilización.

El problema, no pequeño, es que las revoluciones socialistas del siglo XX se empeñaron en hacer compatible la democracia con la dictadura y ciertamente lo lograron, tanto en la teoría como en la práctica, en lo que llaman “dictadura democrática del proletariado” como forma de organización política de la sociedad y “centralismo democrático” como forma de organización del partido socialista, lo que se traduce en el sometimiento irrestricto de la minoría a los dictámenes de la mayoría.

Nótese que todos los países sometidos a la órbita soviética, de Europa del Este pero también Vietnam, Camboya e incluso China, se hacían llamar “democracias populares”, en militante contraposición a las “democracias burguesas” de occidente.

Es un hecho muy curioso que en Venezuela tanto el gobierno como la oposición oficial se autodenominan “demócratas” y no hay absolutamente nadie que cuestione la democracia ni siquiera como la menos mala de todas las formas de gobierno.

La razón es muy sencilla: desvinculada del elemento “libertad”, que siempre debería acompañarla para evitar la tiranía de la mayoría y garantizar los derechos individuales, la democracia es una chaqueta que le ajusta perfectamente a todo el mundo, incluso a los militares golpistas, que se arrogan la representación del pueblo, más que eso, ellos son el pueblo, con lo cual ya no tienen que contarse ni celebrar auténticas elecciones, como en Cuba.

De manera que el giro más importante que la juventud de este siglo XXI le ha dado a su lucha es que se trata de una lucha por la libertad. La democracia no basta e incluso es una gran amenaza si no se atempera con la libertad que es el primero y más fundamental de todos los derechos humanos.

La libertad se ha entendido en dos sentidos: uno, como la posibilidad de hacer lo que se quiera sin más impedimento que la libertad de los demás; otro, como autonomía, esto es, cumplir sólo la ley que nos damos a nosotros mismos, de manera que obedeciendo permanezcamos tan libres como antes.

Pero oculto bajo este malabarismo rousseauniano, ideado para fundamentar el estado constitucional y el régimen representativo como el único que hace compatible la libertad con la obediencia a la ley, se escurre el segundo gran enemigo de la libertad.

El positivismo extremo considera que la ley es lo que diga el legislador, quienquiera que sea y diga lo que diga. No hay que ser constitucionalista para advertir el peligro que entraña esta facultad de dictar la ley y  el desafío que lanza contra los ciudadanos que se consideren libres y estén dispuestos a defender su libertad.

Igualmente, el positivismo considera que la palabra del juez al resolver la aplicación de la ley al caso concreto es la que crea el derecho entre las partes, sin que haya más nada en la realidad de donde agarrarse.

Y estos son los dos caballos de batalla del totalitarismo socialista, que lo hacen digerible para ciertos ideólogos interesados: la democracia, como dictadura de la mayoría y el positivismo jurídico como dictadura de la ley (y la sentencia como ley).

Se ha dicho muchas veces pero es indispensable repetirlo: una vez que el totalitarismo socialista impone su pseudolegalidad revolucionaria, la única manera de salir de la trampa jaula es rompiendo con esa seudolegalidad, rebelándose, resistiendo.

Aclaramos para tranquilidad del buen padre de familia: la pseudolegalidad socialista es profundamente irracional, ilegal e inconstitucional, es lo que vemos a diario y todos no podemos estar locos; romper con ella significa establecer una legalidad normal, racional, de sentido común, garante y no enemiga de los derechos individuales.

La rebelión es la bendición de la juventud, su sello vital, por eso todavía hay esperanza. A los viejos políticos habría que decirles: “Si van a ayudar, no estorben”.

LEVANTAR LA MORAL

Dicen que las guerras se ganan por la moral de las tropas e igual se pierden. Los grandes logros del movimiento estudiantil eran inconcebibles hace apenas dos meses, no sólo por el cambio de percepción de la llamada “comunidad internacional” que tiene otros asuntos prioritarios de qué ocuparse; sino principalmente de la “comunidad nacional” que se ha visto obligada a rediseñar su agenda por el cambio generado por la irrupción estudiantil.

Cierto que todo movimiento ascendente al llegar a su punto más alto se estaciona, luego tiende a descender, para volver a remontar, si las condiciones son propicias y no cunde el desaliento. Este sería el mayor peligro para el movimiento estudiantil y el cálculo que hacen sus enemigos para dividirlo, con el señuelo de que hay que retirarse cuando estas ganando porque sino puedes perder todo en una apuesta arriesgada.

Cuentan que un cínico secretario de estado americano decía que no hay general latinoamericano que resista un cañonazo de un millón de dólares. ¿Podrán los líderes estudiantiles resistir la tentación de Mefistófeles del régimen y la MUD? Está por verse.

El llamado “diálogo” es una táctica diversionista para encubrir la represión, lo mismo que la política de “paz”, lo más soviético que han hecho los cubanos en Venezuela. Bajo esa consigna se peleó la guerra fría y se construyó el arsenal atómico de la URSS, suficiente para borrar a toda la humanidad del planeta. Es el ejemplo más socorrido de la neolengua totalitaria denunciada por Orwell: “La guerra es la paz”; “la mentira es la verdad”.

Aceptar una oferta de diálogo de paz es admitir que se está en guerra, como pedir una ley de amnistía es aceptar que se han cometido delitos.

Por su parte, el régimen de ocupación y el colaboracionismo pagan un alto costo por el desafío de la protesta y subsiguiente represión, no pueden ofrecer nada a cambio de la sumisión y los problemas que originan y alientan la protesta son cada día más graves.

De manera que se justifica el nerviosismo inocultable ante sus respectivas clientelas, a las que tratan de apaciguar pero que están dando muestras de impaciencia. ¿Qué pasará si esto se sale de control, como la criminalidad, los precios, la escasez, el tipo de cambio y un largo etcétera?

La situación política venezolana no es mejor pero es más clara: los manejos del régimen y de la MUD están al descubierto para quien quiera verlos y ante la fatalidad de caer en un limbo a la cubana se abre una dimensión de incertidumbre esperanzada.

Puede ocurrir algo, piensa todo el mundo; tiene que ocurrir algo, decimos todos. Y mientras más tarde, peor y más caro.

Luis Marín
lumarinre@gmail.com
@lumarinre

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martes, 8 de mayo de 2012

ANDRÉS SIMÓN MORENO ARRECHE, LAS 7 CATEGORÍAS CHAVISTAS

Así como se considera al Socialismo del Siglo XXI un concepto inextricable, hay otro concepto robo-lucionario que sí está claro, entendido y aceptado por propios y extraños. Esa conceptualización es el Chavismo.

El Chavismo, como cualquier ‘ismo’ asociado a un liderazgo personal significa, para la Real Academia de la Lengua Española, una doctrina que se desprende del ejemplo, un sistema o método para implantar el régimen de una idea o conjunto de estas, un modo de actuación apegado a las maneras y cualidades del líder cuyo talante reproduce el colectivo como condición para pertenecer a ese ismo, e incluso se reconoce como partido político pero en su acepción bárbara: Partido para obtener provechos personales, ventajas, beneficios y lucro.

Como doctrina que se desprende del ejemplo un buen chavista debe ser, ante cualquier circunstancia y situación, un falsario capacitado para esconder su castro-comunismo desde el inicio de cualquier relación. Ese sofismo le es útil para falsificar la realidad y la historia, para engañar con imposturas, para simular una presunta convicción revolucionaria mientras disimuladamente exagera los eventos con artificiosos argumentos y prepara el golpe artero a todo aquello que le oponga argumentos en contra.

Como sistema o método para implantar un régimen, el chavista debe estar preparado para dividir y romper con todo aquello que obture la instauración del régimen. Para dividir a un país en dos bandos antagónicos (patriotas y escuálidos... chavistas y majunches...) apelando a los más bajos instintos sociales: el apartheid, el racismo, y las clasificaciones. Para romper con las tradiciones y la cultura, al aceptar al líder máximo como alfa y omega de la historia.

Como un modo de actuación apegado a las maneras y cualidades del líder, el buen chavista debe poseer un verbo incendiario, sin medida ni recato; debe agredir en vez de dialogar; tiene que utilizar los giros verbales del líder aun cuando estos sean un galimatías incomprensible, y además de todo lo anterior, debe estar convenientemente entrenado para desdecirse (de lo mismo que se desdiga su líder), para derramar profusas lágrimas falsas.  Y para ejecutar con excelencia estos modos, deberá portar siempre y en todo momento, una camisa roja, un librito de la Constitución, un rosario con crucifijo, el CD de la Lista Tascón y una banderita de Venezuela con el escudo del ‘caballito volteao’ y las 8 estrellas.

Aún con esta doctrina, sistema y modos en correcta ejecución, no es posible comprender al chavismo sí no se conocen sus 7 categorías. Son 7 clases, cada una con sus propias condiciones y cualidades de chavistas que determinan sutiles aunque profundas distinciones y los agrupan en siete géneros, cada uno de ellos con similares calañas, pelajes y castas, como suele suceder en las jaurías salvajes.

1.- Los chavistas que no saben.

Integran una facción numerosa y constituyen la base electoral de Chávez, una base tan importante como los millones de votantes fantasmas que tiene el líder oculto en los intersticios virtuales de la inextricable e inauditable data del Registro Electoral Permanente del ministerio para las elecciones, que es en lo que se ha convertido el Poder Moral en este ex-país a través de las felonías y obsecuencias de los mal llamados Rectores de su Consejo Nacional Electoral. Esta categoría de chavistas ‘no saben’ ni eso ni nada. Ni siquiera saben que son chavistas aun cuando pertenecen a la categoría. Se trata de ex- ciudadanos que dejaron de serlo al subsumirse voluntariamente al oprobioso canje de las limosnas misioneras. Ex-ciudadanos avenidos en habitantes de un territorio arrasado por el castro comunismo y en el que el Estado, omnipotente y tetra millonario, reparte migajas que los de esta categoría de chavista ‘no saben’ que son eso, migajas, pero que las aceptan por aquel decir castizo que retrata su profunda mediocridad: “Algo es algo, porque peor es nada”

2.- Los chavistas que no quieren saber.

Este clúster de chavistas está todavía muy alejado del epicentro donde se bate el chocolate espeso y recaliente de los grandes negociados con el poder, pero están un paso más cerca del líder y del proceso que los de la categoría anterior. Son los llamados chavistas de a pie que poco a poco caen en cuenta de las atrocidades y del latrocinio que se produce dentro del proceso mesmo, pero cierran ojos y oídos (la boca también) como aquellos tres monitos y en silencio se dicen a sí mismos: “Esto es mentira... Chávez no sabe nada... Esto no está ocurriendo”. En estos chavistas que no quieren saber se observan los mayores índices de agresividad contra los ciudadanos. Un ejemplo de esta categoría de chavistas la encontramos en los inicios del chavismo ( Los ‘círculos bolivarianos’) y más recientemente en ‘colectivos’ armados y violentos, como el ‘Colectivo La Piedrita’ del Comandante Valentín, que hace vida política y militar en la Parroquia 23 de Enero de Caracas. (Hay otros colectivos más violentos y peligrosos, como el Fuerzas Revolucionarias Bolivarianas, pero este es el más popular). Es en este segmento donde también está la mayor fuente de votantes que se pliegan al abstencionismo, pues aun cuando una gran cantidad de estos miembros alcanzan altas cotas de decepción con el proceso robo-lucionario, siguen fieles a Chávez, es decir siguen siendo chavistas ‘que no quieren saber’ de elecciones, bien por decepción, bien por desconfianza en que el CNE (el mismo del Poder Moral) a última hora le ‘robe’ votos a ‘micomandantepresidentemesmo’. Es increíble que piensen así, pero sí existen... Son los que no quieren saber de votos pero siguen creyendo en Chávez.

3.- Los chavistas que odian saber.

Los chavistas que odian saber están literalmente ‘adentro’ aunque convenientemente próximos a la periferia; Son aquellos que no piden nada específico a Chávez; tan solo que los ponga ‘donde-hay’ pero no muy lejos de las puertas de escape.  Ellos provienen del ‘saber’ que obtuvieron en los centros de enseñanza y Universidades antes de que Chávez insurgiera con su golpe fallido al Gobierno constitucional y democrático de Venezuela, allá en el lejanísimo pero muy próximo 1992. Este segmento lo integran profesionales universitarios, técnicos y empresarios de distinto cuño y valencia política que acompañaron a Chávez desde su re-inicio público por la vía democrática, mismos personajes que se han lucrado a más no poder con las facilidades y el pragmatismo que encontraron en el proceso robo-lucionario. Odian saber, pero saben que ese odio es el precio ético a pagar por los favores recibidos. Usted puede identificarlos fácilmente cuando les ve, de hace unos meses a estas fechas, de aquí para allá buscando cómo zafarse de las ligazones económicas, financieras y personales con todo aquello que los ate al régimen y sus burócratas. Son muy fácil de identificar porque se les ve cazando testaferros en las elegantes barras de los no menos elegantes restaurantes de Venezuela. Lo más reciente que odian saber está relacionado con la salud y los pronósticos de vida del ‘coma-andante’. Odian eso tanto como el saber que muchos saben que ellos, elegantísimos chavistas de cuello blanco, odian saber lo que saben pero ¡Como les da provecho!

4.- Los chavistas que sufren por no saber

A diferencia del primer clúster (los chavistas que no saben que son chavistas), estos sí lo saben. Lo aceptan. Es más, saben que saben pero no saben por qué ni para qué, entonces sufren los rigores que impone la ignorancia del pragmatismo chavista. Es como una relación amor-sufrimiento. Una relación masoquista que necesita de un sádico para que los flagele inmisericordemente. Con interminables cadenas de televisión y radio. Un enfermo que los someta a la participación obligada en giras, caminatas, concentraciones humanas, aun a costa de sus trabajos y de su salud. Son los chavistas que sufren por no saber cuándo les darán su casa asignada y malviven en la letrina de un campamento, a la espera de una dádiva de Chávez. Sufren por no saber sí habrá energía eléctrica en el campamento de refugiados. Sufren por no saber sí aquel soldado que les vigila de día es o no es el mismo que vestido de civil, les viola de noche a sus hijas. Sufren por no saber sí micomandantepresidentemesmo está o no enfermo de cáncer, pues en la vorágine de su ignorancia, instigada y acrecentada por las campañas de desinformación que urden los pillines del G2, han llegado a aceptar que el cáncer de Chávez es zodiacal y que sí muere de cáncer no importa: Como Jesús, también Chávez resucitará al tercer día.  Y por no saber nada de nada, son los chavistas que más sufren. 

5.- Los chavistas que aparentan que saben:

En esta categoría de chavistas se manifiestan dos subgrupos: Los que desde adentro del chavismo aparentan que saben parcialmente qué sucede, pero sucede que lo saben todo y están conscientes de lo que pasa, y aún así aparentan que saben poco o casi nada, y los que no liban las mieles del proceso, los chavistas que por variadas razones y circunstancias están del ‘lao-de-afuera’ pero que algo saben (mucho o poco) y que se consideran afectos a Chávez.  Como aquellos otros, aparentan que saben aunque desconocen lo que sucede en sus detalles.  Ambos grupos hacen de la apariencia del saber una fórmula para captar incautos, hacer ‘negociados’ y servir de ‘enlace’ entre los regentes titulares del poder chavista y los que desean ‘bañarse en ese charquito’ pero no encuentran la oportunidad ni el contacto. Cada uno de estos subgrupos tiene una razón de ser y de existir dentro de un Chavismo entendido como estructura de poder. Cada uno cumple una función específica en el aparataje persuasivo de la desinformación y fungen de guías para el tránsito de lisonjas y coimas dentro de los recovecos burocráticos para que los de afuera puedan acceder al contacto y los jerarcas de las diferentes vertientes del chavismo l negociado de licencias, favores y prebendas, exquisitamente rociadas con escocés de 18 años con las que se riegan sólidas y convenientes transacciones bancarias electrónicas.

6.- Los chavistas que triunfan sin saber:

A este grupo pertenecen los ‘enchufados’, y como el anterior, también se divide en dos subgrupos: Los burócratas venezolanos de comprobada y ratificada fidelidad perruna a Chávez, que rotan groseramente de Ministerio en Ministerio, sin saber  ni conocer de qué se trata ni para qué existe esa cartera ministerial, y los burócratas cubanos, de ratificada y perruna fidelidad a Fidel, que están colocados ahí, donde Fidel los necesita para ‘marcar’ muy de cerca a Chávez y sus burócratas, y que como aquellos triunfan sin saber;  nomás por el simple acto físico de salir de Cuba, para encontrarse acá como pequeños capos di tutti capi, viviendo el sueño de todo cubano castrista que se precie de tal, y que no es otro sueño que el de mandar a otro sin saber de ‘ná ni ná’ ¡Cosa más grande, hermano!
El primer subgrupo (los burócratas venezolanos de comprobada y ratificada fidelidad perruna a Chávez,) es un club exclusivo, casi una cofradía sacramental, pero notoria, muy notoria. Casi cualquier habitante en Venezuela conoce sus nombres porque son los mismos que se manosean, de aquí para allá, como Ministros, Directores Generales, Presidentes de Institutos autónomos, Gobernadores, Alcaldes, Diputados, otra vez Ministro, nombres que se repiten porque han completado ‘la ronda’ de cargos unas tres veces cada uno. También se les conoce sus rostros, aunque con el tiempo (y la buena comida, y los trajes, y las joyas) se hayan modificado con implantes, liftings, ceras, colágenos, ampollas, peluquines y dos decenas más de artilugios y potingues. También se les conocen sus gustos y hasta sus más íntimas debilidades. No son más de 50 chavistas privilegiados pero todos, sin excepción alguna, triunfan sin saber que esos triunfos serán, tarde o temprano el más pesado fardo con el que cargarán el día que enfrenten a la verdadera señora ciega de la balanza justa.

7.­ Los chavistas que viven gracias a que los demás no saben:

Más que una categoría, vivir gracias a que los demás no saben es una condición esencial para cualquier chavista; sin embargo, como clúster se trata de una categoría supremamente elitista. Un petit comité de notabilísimos integrantes, entre los que se encuentra -encabezándolo- el mismísimo teniente coronel. Ellos comprendieron, desde el fallido y sangriento golpe al Estado de 1992, que para tomar el poder era y sigue siendo imprescindible que los demás no sepamos, ni sus planes ni sus objetivos. Esa y no otra es la razón para que hayan desarrollado una mitología política falsaria y estrambótica (el árbol de las tres raíces... El delirio del teniente coronel en su Chimborazo carcelario), una mitología pretendidamente fantástica y única en la que han combinado en una mescolanza rimbombante, a Simón Bolívar con Marx y Jesús... A Ezequiel Zamora con Simón Rodríguez... A la ‘Tercera Vía’ de Blair con el bolivarianismo avenido en Socialismo del Siglo XXI... Y todos esos ingredientes incompatibles entre sí, fueron sazonados con el más rancio populismo y el fuego atizado con inimaginadas cantidades de petrodólares, y ofrecieron ese brebaje a sus conciudadanos votantes como sopa macabra cocida en el oscuro caldero de la ignorancia colectiva. 

Ahora ya sabes, estimado lector, que el chavismo SÍ existe y solo te resta ubicar a los chavistas que conozcas en cualquiera de estas siete categorías. Pero ten presente que de acuerdo a la experiencia, más de un chavista puede ser ubicado en más de una categoría, lo cual hará más amena e interesante tu pesquisa, una indagación que también te puede conducir a la sorprendente 8ª categoría: Los conchupantes, también conocidos como ‘demo-chavistas’. Se trata de oposicionistas ultrosos (de la boca para afuera) y algunos militares que medran en el amniótico gel de los que se oponen a Chávez pero sin convicción. Son aquellos que se disfrazan de demócratas, pero que le hacen el juego al totalitarismo, proponiendo como solución las mismas misiones castro-chavistas. Son quienes te invitan a votar sin las debidas garantías del secreto de tu voto... ¡A votar! gritan, sin mediar una auditoría confiable de la data del CNE... ¡Al 7 de Octubre!, incitan... pero lo hacen prometiendo las mismas ofertas engañosas y populistas ‘Esteban’ en sus buenos tiempos. Como sí se tratara del Octavo Infierno de Dante, esta categoría también está full... ¡Y ya tú sabes quiénes son!

andresmorenoarreche@gmail.com

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sábado, 28 de abril de 2012

NELSON CASTELLANO-HERNÁNDEZ, LOBBY FRANCÉS CHAVISTA

Al inicio del gobierno Hugo Chávez se preocupaba por contar con apoyo europeo, supuestamente para enfrentar los Estados Unidos cuando llegara el momento de la ruptura política.
La responsabilidad recayó sobre una célula de relaciones internacionales organizada en el Palacio de Miraflores por Temir Porras, el franco–venezolano Maximilian Sánchez Arvelaiz, y un norte-americano de nombre Alex, compañero de estudios de Porras en Francia.
Alrededor de estos personajes, gravitaba el director de la edición colombiana, residente en Venezuela, del diario francés “El Mundo Diplomático”, el señor Omar Rodríguez, quien fungía de enlace con la guerrilla colombiana y con la ex-Senadora Colombiana Piedad Córdoba.
En Francia el equipo se planteó la necesidad de crear un lobby de opinión que generara una imagen positiva de la revolución bolivariana y de suavizar la intemperancia de carácter del Presidente Chávez, con la que acostumbra manejar sus relaciones con otros Estados.
Lo primero fue crear los círculos bolivarianos franceses, con el apoyo de la Embajada de Venezuela en Paris, incluyendo el financiero, comienzan por mezclarse con movimientos antiglobalización y ecologistas, lo que les permite confundir a sus miembros, quienes indirectamente terminan apoyando el proyecto castrista en Venezuela y la gigantesca corrupción del gobierno de Hugo Chávez.
Grandes cantidades de recursos económicos se destinan a esas campañas internacionales, que van desde financiar películas de propaganda, comprar conciencias y periodistas o financiar los tres días de derroche propagandístico en la “Fête de l’Humanité” para el stand de Venezuela y el espacio ALBA. Con el tiempo la célula fue disuelta a fin de centralizar la política internacional, Temir Porras fue incorporado a la plantilla del Ministerio de Relaciones Exteriores, designado Vice-Ministro y coloca al servicio del Canciller Nicolás Maduro, las relaciones que tejió en sus años de residencia en Francia.
Con Porras a la cabeza las operaciones estratégicas se definen, por un lado con una agresividad militante y con sus contactos, complementado con el asesoramiento cubano que se instala en la representación diplomática venezolana.
La red está ligada a la extrema izquierda francesa, al diario “Le Monde Diplomatique”, a la representación Francesa del Polo Democrático de Colombia, a los Círculos Bolivarianos, a la asociación Francia-América latina, a intelectuales universitarios del Instituto de Altos Estudios de América Latina, del Instituto de Ciencias Políticas y con funcionarios franceses de un cierto nivel en ministerios estratégicos.
La mayoría se conocen entre ellos y participan conjuntamente en actividades y proyectos, está integrada por anarquistas históricos, militantes que actúan bajo la identidad de periodistas. Son internautas, blogeros, universitarios, funcionarios y expertos en propaganda y manipulación. Otros fungen o actúan como representantes de grupos armados de América Latina.
Se presentan como militantes de los derechos humanos y defensores de la democracia solo que a geometría variable, ya que en nombre de esos principios aceptan que se violan esos mismos derechos.
Son activistas profesionales y viven del negocio de sus asociaciones. No es que reciban dinero de Venezuela por sus actividades propagandísticas, ellos todavía sueñan con la utopía revolucionaria comunista y acordes con sus ideas se empeñan en promover, como si fuera una realidad, lo que solo existe en la propaganda chavista. La Venezuela real sufre de las consecuencias de este régimen pero a la izquierda romántica francesa y a los alter-mundialistas le interesa contar con un icono revolucionario. Son manipuladores y oportunistas que sostienen la revolución cubana, los gobiernos bolivarianos de America Latina y los grupos radicales de izquierda; compartiendo los principios de la lucha armada y haciéndose voceros de “la justicia revolucionaria”.
Para identificarlos basta con revisar quienes presiden determinadas asociaciones Franco-Latinoamericanas, averiguar a quien llaman “el comandante” por supuestamente haber combatido del lado de los sandinistas, o quienes trabajan en pro del gobierno cubano en Francia, o ese que apodan “el químico” y se presenta como representante de grupos revolucionarios, o aquella que funge como consejera de esos mismos grupos y se encarga de la logística de sus visitas en Francia. Toda una fauna identificada con “alias” e integrada por desempleados, jubilados, profesores, militantes pro-palestina, representantes de medios alternativos, y de grupos revolucionarios, como el que tiene por seudónimo “la pepa” y mantiene vínculos con los servicios secretos argentinos, respaldado por “la gata” experta en el rumor y la desinformación. No terminan por reconocer que Hugo Chávez se ha convertido en un verdadero problema, aún para la izquierda latinoamericana, que ha preferido guardar distancia para no encontrarse enlodada con sus acostumbrados insultos. Es probable que Venezuela sea el único país de América Latina en el cual no se distingue entre ser izquierda o de derecha, sino entre ser chavista y anti-chavistas, al igual que en Cuba se es castrista o anticastrista.
Activistas como la ex-Primera Dama francesa Danielle Mitterrand, recientemente fallecida; José Bové, figura del movimiento alter mundialista, sindicalista agrícola de la Confederación Campesina; o el candidato presidencial de la extrema izquierda Mélenchon con su apoyo a Chávez, terminan por perjudicar las causas por las cuales militan. Ignoran lo que verdaderamente sucede en Venezuela, confunden a la sociedad internacional especialmente a sus seguidores. Lamentablemente son líderes con un ego sobredimensionado, que sienten necesidad de una escena internacional para obtener un efecto propagandístico, lo que les permitirá dormir tranquilos, mientras que en las calles de Venezuela miles de personas se debaten por la libertad.
A ese coro de incondicionales con las revoluciones, siempre y cuando se lleven a cabo en tierras lejanas, se unen las voces de la propaganda financiada, películas, periodistas y activistas aferrados al sueño revolucionario marxista que temen perder lo único que les queda. Todo es válido, hasta un libro o una película para elogiar los triunfos del presidente venezolano. Recursos sobran para asegurar voluntades a cambio de invertir petrodólares en organizaciones internacionales y en ediciones periodísticas traducidas en idioma castellano, esas son las mismas voces que se han escuchado durante ¡50 años! para elogiar los méritos de Fidel Castro, con la intención de que hoy en día el mundo entero termine gritando: “Cuba Sí, Castro No”. Y finalizar reconociendo que Cuba se ha convertido en el “Gulag del Caribe”.
nelsoncastellano@hotmail.com
Nelson Castellano-Hernández es excónsul de Venezuela en Paris y presidente de Venezuela-Futura, Francia
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