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miércoles, 21 de noviembre de 2012

BERTRAND DE LA GRANGE, EL DÚO OBAMA-XI JINPING


Casi todos los periódicos del mundo han dedicado su portada a la victoria de Barack Obama, en general con unos titulares bastante empalagosos y poco originales, por cierto. El País se llevó el premio a la cursilería con ese muy freudiano “EE UU vuelve a soñar”. Hubo, sin embargo, una excepción llamativa. El diario popular francés Le Parisien decidió que la noticia más importante de la semana era el inicio del 18º Congreso Nacional del Partido Comunista Chino (PCCh), que designará al próximo presidente del país más poblado del planeta, con sus 1,350 millones de habitantes.


“El verdadero dueño del mundo es él”, rezaba el principal titular del tabloide parisino sobre el fondo rojo de la bandera china y la foto de un hombre desconocido. Se llama Xi Jinping y será el tercer sucesor de Mao Zedong cuando asuma sus funciones en marzo de 2013 por un periodo de diez años. Obama encontró también su espacio en la portada de Le Parisien, pero debajo del nuevo hombre fuerte de Pekín. Obviamente, no se trataba de minusvalorar la importancia de la reelección del inquilino de la Casa Blanca, sino más bien de destacar la coincidencia de dos acontecimientos de gran calado que van a determinar las relaciones internacionales a partir de ahora.
De Obama ya lo sabemos todo después de su primer mandato presidencial y de la desmedida cobertura mediática de la campaña electoral estadounidense. Sobre Xi Jinping, en cambio, disponemos de una biografía mínima. Tiene 59 años y está casado con una cantante de ópera que, además, y esto sólo pasa en China, tiene el rango de general en el Ejército Popular de Liberación. A pesar de haber nacido dentro de una familia revolucionaria —su padre fue compañero de Mao—, Xi fue enviado a trabajar al campo para su “reeducación” durante la Revolución Cultural a finales de los años 60, cuando tenía apenas 15 años. Lo pasó mal, pero luego haría toda su carrera en el PCCh, donde ha ocupado varios cargos hasta su entrada, en 2007, en el Comité Permanente del Politburó (9 miembros), la más alta instancia del poder en China.
Obama ha llegado a la presidencia a través de un voto democrático, mientras su colega chino ha sido designado por los miembros del partido único. Para Xi no hubo encuestas de opinión, ni campañas agotadoras con mítines y debates televisivos. Y tampoco puede haber sorpresas. Los 2,270 delegados reunidos en el Gran Palacio del Pueblo, en Pekín, han sido bien aleccionados. Habrá unanimidad de fachada y, si hay diferencias de criterio dentro del PCCh, no saldrán a la luz pública. En cambio, durante los próximos cuatro años, Obama será sometido al marcaje permanente de la oposición republicana, mayoritaria en la Cámara de Representantes.
Tanto los chinos como los estadounidenses esperan que sus líderes respectivos se ocupen en prioridad de la economía. A diferencia de EU, que está estancado, China sigue creciendo, pero ya no al ritmo del 10% anual de las últimas dos décadas. Y esta desaceleración se debe en gran parte a la disminución importante de las exportaciones destinadas a los países occidentales, todos duramente golpeados por la crisis económica. A Pekín le conviene que la situación mejore en EU, pero los dirigentes chinos han tomado conciencia de que el progreso económico pasa ahora por el desarrollo del mercado interno.
El presidente saliente, Hu Jintao, ha dicho sí a un “nuevo modelo de crecimiento” que involucre más al sector privado nacional, pero ha expresado su rechazo tajante a cualquier cambio político inspirado en la democracia occidental. A lo sumo habrá cambios en el funcionamiento interno del PCCh para “hacer la democracia del pueblo más extensiva”. ¿Será suficiente para calmar los ánimos de los cientos de millones de chinos que aspiran a acceder a la clase media y que han visto cómo una minoría ha amasado verdaderas fortunas? Quizá los chinos no estén preparados para ejercer el sufragio universal, pero sí quieren respuestas rápidas a los problemas que más les agobian, desde la corrupción rampante hasta la contaminación, que afecta su alimentación y el medio ambiente.
Ése es el enorme desafío que espera a Xi Jinping. Durante un viaje a México, en 2009, se burló del miedo que suscitaba el éxito comercial de China: “Algunos extranjeros con los estómagos llenos y nada mejor que hacer se dedican a señalarnos con el dedo. Primero, China no exporta revolución. Segundo, no exporta hambre y pobreza. Y, tercero, no va liándola por ahí”. Tenía toda la razón, pero ahora le toca tomar las decisiones para que la segunda potencia económica del mundo esté a la altura de sus ambiciones.

bdgmr@yahoo.com

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martes, 25 de septiembre de 2012

BERTRAND DE LA GRANGE, NO SABE, NO RESPONDE (23%), DESDE MEXICO

Haga lo que haga, el estupendo candidato de la oposición en Venezuela no logra imponerse en las numerosas encuestas realizadas en previsión de las elecciones presidenciales del 7 de octubre. Henrique Capriles ha mejorado su marca en el transcurso de las últimas semanas, es cierto, pero Hugo Chávez mantiene una ventaja de quince puntos. Sorprende que un hombre joven (40 años), inteligente y atractivo no logre desplazar en la intención de voto a un caudillo desgastado por sus trece años en el poder y por un cáncer que limita considerablemente su capacidad de gobernar un país de treinta millones de habitantes.


Los partidarios de Capriles, que se presenta por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), una amplia coalición de ideología plural, intentan darse ánimo con las escasas encuestas que les son favorables. Consultores 21 y Predicmática otorgan una pequeña ventaja al opositor, pero las empresas más conocidas, como Datanálisis, sitúan a Chávez muy por delante. Ante semejante panorama, la oposición sugiere que algunos sondeos están amañados o que los ciudadanos no dicen la verdad porque tienen miedo. Estaríamos ante una repetición de lo que ocurrió en Nicaragua en 1990, cuando todas las encuestas, menos una, pronosticaron una amplia victoria de los sandinistas, que estaban entonces en el poder. Se equivocaron. Ganó la candidata única de la oposición, Violeta Barrios de Chamorro, con cerca del 55% de la votación.

Nicaragua vivía entonces una verdadera guerra civil, y los electores vieron en “Doña Violeta” la posibilidad de una salida pacífica. Por cierto que la candidata contó con el apoyo muy activo del entonces presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez. Había mucho miedo, sobre todo en los barrios populares. Fue una campaña muy peculiar, donde los sandinistas llenaban las plazas con gente que les apoyaba públicamente pero que a la hora de la verdad acabaría votando contra ellos. Las encuestadoras, la mayoría de los medios de comunicación y los propios sandinistas no captaron ese doble lenguaje y creyeron hasta el final que Daniel Ortega sería reelegido.

Venezuela no está en una situación comparable, pero hay una polarización política tremenda. En algunos barrios pobres de Caracas y en varios Estados donde mandan los chavistas, más vale no ostentar la condición de opositor. El país no está en guerra, pero la criminalidad se ha disparado a niveles pavorosos. Sólo el año pasado fueron asesinadas 17,900 personas; o sea, en la Venezuela democrática muere casi tanta gente como en Siria, donde hay una cruenta guerra civil. Vale la pena recordar que en 1998, un año antes de la llegada de Chávez al poder, la violencia provocó la muerte de 3,200 personas, seis veces menos.
 Entonces, quizá, el miedo esté influyendo sobre las encuestas actuales. Es significativo que, a quince días de la elección, los indecisos y los que no contestan —no sabe, no responde— representan todavía el 23.2%.
La oposición recuerda que, además, las empresas especializadas han cometido varias pifias en los últimos años. La más notable fue la del Instituto Venezolano de Análisis de Datos (IVAD), que pronosticó una victoria holgada de la oposición, con el 62.3% de los votos, para el referéndum revocatorio de 2004. Ganó finalmente el No, con más del 50%, y Chávez no fue destituido. Un error de ese tamaño era muy sospechoso y fue denunciado por la oposición como una manipulación orquestada por los chavistas para convencer a sus partidarios de que fueran a votar.

Más que a las encuestas, los opositores le temen a un fraude el día de la votación que sería avalado por el Consejo Nacional Electoral (CNE). La oposición tiene motivos para preocuparse, según el informe realizado para el Woodrow Wilson Center por el ex presidente del IFE mexicano, José Woldenberg, y el ex ministro chileno Genaro Arriagada. Los dos expertos concluyen que el sistema electoral venezolano es “confiable” pero critican “la politización” del CNE, “lo que explica su tibieza para ejercer algunas de sus funciones regulatorias, especialmente en lo que se refiere al abuso de la propaganda oficial”.

Capriles ha denunciado los “abusos de poder” cometidos por Chávez, que ha llegado a interrumpir la retransmisión de un acto de campaña de la oposición con una de sus cadenas obligatorias de radio y televisión. El CNE ha contestado que el asunto no era de su competencia por ser “materia distinta a la campaña electoral”. Tampoco ha dicho nada cuando Chávez declaró en una entrevista televisada que “el país [entraría] en guerra si gana Capriles”. Esa subida de tono, a medida que se acerca la fecha electoral, indica que Chávez tampoco les tiene mucha confianza a las encuestas.

La Razón, Mexico
http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=140139

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