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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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lunes, 11 de marzo de 2013

ALEJANDRO PIETRI, NUNCA HE QUERIDO TANTO ESTAR EQUIVOCADO..

Continúan los mensajes contradictorios de los políticos de oposición. En este caso, de los copeyanos.
Tras catorce años de instalación anticonstitucional de un régimen totalitario claramente identificado con el comunismo, y con reconocidos, proclamados y reafirmados nexos con el castrocomunismo, al cual no solamente ha aceptado obscenas intromisiones en asuntos internos del país, sino que ha llamado como tutor político y estratégico para el establecimiento estructural, funcional y constitucional de la unidad binacional, y en lo cual ha vaciado enormes cantidades de dinero del patrimonio nacional en beneficio del régimen insular, en perjuicio de la salud, la educación, la producción, el orden y toda la infraestructura energética y comunicacional de nuestro país, estos señores se transforman nuevamente en testigos, legitimadores y garantes de una nueva violación de la Constitución.
Por momentos pensé que se trataba de alguna estrategia y que en el instante preciso abandonarían el recinto. Pero.. como decían antes de aparecer los tratamientos modernos: ilusiones de tísico.
Revisando la prensa de hoy encuentro en El Universal, página 1-3 la siguiente declaración: “debemos recordar que nos guste o no el TSJ que tenemos es una consecuencia directa del ausentismo político y la abstención electoral del año 2005” y luego agrega: “no abandonaremos los espacios de deliberación, ni de representación del pueblo venezolano”
Es lastimosa tal conducta, y es además desesperante, preocupante y atosigante hasta el hartazgo. Es la demostración en actos y palabras de la incapacidad de entender que la razón de ser de los políticos es la de interpretar lo más adecuada y razonablemente posible los signos y mensajes que la población envía, y así desempeñar, adheridos a la realidad social y política y a los deseos y necesidades de la ciudadanía, el cargo o actividad que intentan ejercer o desempeñar.
Y digo hasta el hartazgo por que pensé que después de nueve años del RR y ocho de la gran abstención, algo habían aprendido. No percibieron que la abstención no fue un acto de irresponsabilidad cívica, sino un signo, un mensaje de los ciudadanos que expresaban su rechazo por un sistema electoral parcializado, prepotente y fraudulento; y que bien examinado indicaría que los centros electorales vacíos, vacíos, totalmente vacíos, fueron la consecuencia de una gran mayoría, la opositora, que, en protesta, insisto, no asistió; demostrando con su enorme ausencia (más del 70% según el CNE y del 83% según cálculos no gubernamentales) que era mayoría y por tanto ganadora del RR que ellos, los políticos, (salvo Ledezma esa noche) aceptaron en silencio haber perdido después de año y medio de todo tipo de fraudes y abusos.
Tampoco captaron que además del rechazo al CNE también lo fue a la misma oposición por otro factor que jugó a favor del CNE: el silencio opositor, repito, de la noche de RR.
Para empeorar las cosas, el régimen ha permanecido en el poder nueve años después del RR, ganando todas las numerosas elecciones efectuadas, menos dos que de ningún provecho fueron para la ciudadanía democrática: los presos políticos continuaron presos; muchos venezolanos perseguidos escaparon al exilio, una juez encarcelada por cumplir con la ley; el hampa acaba con la población; los boliburgueses se hacen inmensamente ricos; el país se empobrece alarmantemente mientras regala miles de millones de dólares para pagar adhesiones y mantener la dictadura parásita de los Castro, y las reformas constitucionales procomunistas, negadas, fueron aplicadas a troche y moche encaminando al país, y a una ciudadanía presa de la incertidumbre y la decepción, hacia a una dictadura castrocomunista con apoyo de un alto mando militar desvergonzado y corrupto.
Pues bien, con todo este panorama y el silencio desconcertante de una clase política que no ha tenido el valor de reclamar un sistema electoral justo que garantice la libertad de votar; que reorganice el REP, que todos sabemos está viciado; que garantice la transparencia pública y mediática de todo el proceso y que devuelva definitivamente al electorado el escrutinio del cual fue despojado, y que es realizado ahora por unas máquinas y unos programas de computación que sólo maneja, a su real saber y entender, el CNE, es decir, el régimen.
Ahora, ante tanta omisión, tanto error, tanta vacilación, tanta desorganización y tanto desencuentro, deberemos enfrentar una elección con el mismo CNE y el mismo proceso que ha garantizado durante diez años, desde el RR, la permanencia de Chávez en el poder y que, ahora, deberá hacerlo nada más y nada menos, con quien por necesidad de supervivencia robolucionaria, ha sido designado por las altas autoridades del régimen parasitario castrocomunista para ocupar la Presidencia del país que expolia.
Iremos a elecciones pronto. Nunca he querido tanto estar equivocado como en esta oportunidad.
Alejandro Pietri C.
alejandropietri@gmail.com

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jueves, 14 de febrero de 2013

ALEJANDRO PIETRI, LA INDIFERENCIA EXTRANJERA

Todos esos países indiferentes ante nuestra tragedia se escudan en los numerosos procesos de legitimación electoral que se han llevado a cabo en este país; todos favorecedores en una forma u otra del régimen castrochavista.
Si las organizaciones políticas acuden silenciosamente, con unos presupuestos electorales exiguos -si los comparamos con los del régimen- y en contra de un aparato propagandístico colosal en medios, recursos, organización y coacción, y luego aceptan con  santa pero incomprensible resignación las sucesivas derrotas, proclamando incluso  "¡sin fraude!" como  se apresuró a decir Capriles el 7 de Oct pasado, sería poco razonable aceptar acusaciones de autoritarismo y/o totalitarismo cuando están en juego ingentes intereses económicos o monetarios que el gobierno maneja a discreción de acuerdo con sus preferencias "revolucionarias" internacionales.
Lamentablemente la dirigencia opositora se comporta a lo interno del país como si el escenario fuese el de una democracia que resuelve sus tensiones a través de elecciones, mientras envía al exterior mensajes de opresión y violación a los derechos humanos que generan sólo el eco comprensible de una lucha partidista interna, intensa, pero democrática al fin y al cabo.
Es precisamente esta actitud la que sume en la incertidumbre y la decepción a una buena porción de la ciudadanía opositora democrática que, a pesar de todo, con dudas y reticencias, termina demostrando nuevamente sus profundas convicciones democráticas participando en unas elecciones que sabe muy bien están manipuladas a favor del régimen por un CNE chavista, integrado por una mayoría de rectores obedientes a los intereses de la "revolución" y cuyo objetivo principal es el mismo declarado por la Presidenta del TSJ: apoyarla.
Llama la atención el silencio de la MUD respecto al sistema electoral; no solamente en lo relacionado con el abuso de los recursos y medios públicos, sino del mismo mecanismo interno, digital, de las votaciones, con el cual, además de la confiscación del acto ciudadano de votar, de introducir una tarjeta en una verdadera urna electoral, también se le ha confiscado el de escrutarlos, con lo cual ese hecho primario electoral ha sido distorsionado y desvalorizado totalmente; pues después de apretar un botón en la máquina electoral el elector recibe un ticket que deposita en lo que puede ser una papelera pero nunca una urna electoral, que no garantiza nada, pues ni sabe si será escrutado ni tampoco si el dato trasmitido a algún lugar de totalización, de cuyo funcionamiento no puede tener idea, coincide con su voluntad electoral.
Y no hablemos del REP que nunca ha sido presentado a la población; ni a la prohibición de observadores internacionales y de las encuestas a boca de urna, ni de la coacción a través de las captahuellas o del nuevo punto de información, ni del nunca explicado largo lapso entre el cierre de las mesas y la información oficial de los resultados, sobre todo cuando el régimen se jacta de tener –por que es suyo- el mejor sistema electoral del mundo.
Entonces, ¿quién puede creer en un país que con harta frecuencia legitima un régimen al que con la misma denuncia?
alejandropietri@gmail.com

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martes, 16 de octubre de 2012

ALEJANDRO PIETRI, ESTAMOS A TIEMPO PARA EXIGIR UN SISTEMA ELECTORAL TRANSPARENTE

La situación de la oposición se presenta conflictiva después del 7 de octubre. Las esperanzas de millones de venezolanos se fueron al suelo después de meses de una campaña electoral intensa por parte de Capriles. Las grandes movilizaciones que su presencia concitaba a lo largo de su recorrido por centenares de pueblos, sin coacciones, sin franelas, sin autobuses, y el ambiente de victoria sentido en las calles, las oficinas, los lugares públicos, se deshizo instantáneamente, como cuando el Revocatorio, en millones de fragmentos, como si hubiera explotado un bombillo cósmico, inesperadamente, sorpresivamente, trágicamente.

El reconocimiento inmediato y la declaración de ausencia de fraude, impresionó a muchos de sus electores. Esperaban al menos una reacción de algún tipo, un pequeño gesto de inconformidad al menos, algo paralelo a la decepción y a la sorpresa que invadió a gran parte de la ciudadanía. 

Pero fue todo lo contrario, no sufrimos una derrota sino que ahora somos el 46% de la población – o del electorado, más bien-, lo cual nos identifica como una gran fuerza política, hecho este de gran importancia para un líder que ahora es cuando tiene sólo cuarenta años de edad y le sobra tiempo para muchas más elecciones. Bendito él entre ese gran electorado de la tercera edad, al que sólo le quedará resignarse a vivir su poca vida restante bajo la égida de una dictadura comunista, genocida y empobrecedora como la que impone a paso de bolserías opositoras el comediante presidente.

Los defensores de la virginidad del CNE han tomado en cambote los medios para pontificar en contra de los que aludimos el fraude como causa de la derrota. Tan insultantes como el capataz al que dicen combatir, desechan argumentos y se montan en consignas sin aportar soluciones a esta situación tan peligrosa para el país de cara a las próximas elecciones. De hecho sólo insisten en que hay que ir a votar masivamente y listo.

Se repite la misma actitud que generó toda la suspicacia respecto al CNE y al sistema electoral, a partir del fraude del Revocatorio  –“que tampoco existió”- y la gran abstención en los comicios para la AN consecuente, de más de un 80% por parte de una ciudadanía opositora ofendida por el fraude, y que demostró su real y definitiva mayoría al dejar vacíos los centros electorales. Este grito, este contundente mensaje ciudadano, no fue oído por la dirigencia opositora, la cual debió haber tomado entonces la bandera de “elecciones libres y transparentes”, sino que al contrario, incomprensiblemente –por decir lo menos-, culpó a los ciudadanos de una conducta errónea que resultó en una Asamblea chavista.

Se olvidaron entonces, como se olvidan ahora, que la misión del político es oír los mensajes de la ciudadanía, analizarlos y establecer líneas de procedimiento, estrategias o conductas acordes con las necesidades o exigencias ciudadanas, por que para eso están. No para disfrazar la verdad o esconder la realidad, como lo hace el capataz, por que eso sólo sugiere un pobre concepto de la sociedad a la cual pretenden por los momentos defender y, luego, gobernar.

Habría sido racional durante estos ocho años desde el Revocatorio, demandar firmemente leyes y reglas electorales claras, que garantizacen la seguridad y transparencia de todo el proceso electoral, de manera que los ciudadanos tuviésemos la certeza de que el votante no puede ser objeto  de coacciones o amenazas de ninguna especie, y de que el voto sea absolutamente secreto y transparentemente escrutado por la sociedad y no por el régimen, como se hace a través de un sistema digital de cuyos intríngulis técnicos no tenemos ningún conocimiento los votantes.

Estos señores tan sabios pero tan insultantes, defensores de un sistema electoral del cual desconfía la mayoría, podrían acabar con esta situación tan peligrosa con las siguientes medidas:

  • Manifestando públicamente la necesidad de un sistema electoral de absoluta confiabilidad, por que la democracia necesita eso: confiabilidad, transparencia, no máquinas ni tecnología.
  • Publicación del Registro Electoral completo, por que el hecho de que haya sido presentado o mostrado a la MUD no excluye el deber del gobierno de presentarlo a la ciudadanía, la cual está en todo su derecho de exigirlo.
  • El escrutinio de todas las cajas de votación y su conteo obligadamente público en presencia de medios públicos y privados.
  • Presencia de observadores nacionales e internacionales por iniciativa gubernamental y de los partidos políticos.
  • Ejecución de exit polls.
  • Eliminación de las máquinas captahuellas.

Ninguna de estas medidas contraviene las leyes ni altera la infraestructura electoral. El sistema de trasmisión y totalización de datos no sufrirá ninguna alteración. Al contrario podrá servir para comprobar o demostrar la exactitud de sus números.

Si el régimen no acepta estas exigencias, estará demostrando que siempre ha hecho fraude y que se dispone a continuarlo.

¡Estamos a tiempo!

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domingo, 14 de octubre de 2012

ALEJANDRO PIETRI, VOLVER A UNAS ELECCIONES VERDADERAMENTE DEMOCRÁTICAS

No es agradable oír o ver los numerosos programas de opinión política en los cuales se establecen conclusiones respecto a los resultados electorales que arrojó el CNE.  Principalmente cuando sabemos que ninguno de los comentaristas o analistas que en ellos se expresan confía en él. 
De manera que juzgar a través de esas informaciones la participación o el comportamiento político o las características y tendencias electorales de un determinado sector de la población no puede tener ninguna validez.
O creemos o no creemos en el sistema electoral. Si no creemos, como la mayoría opositora expresa, entonces debemos comportarnos de acuerdo a ello. Aceptar sus números electorales como base de la discusión política, es un absurdo que nunca nos llevará a nada, pues el establecimiento de posiciones, estrategias o el diseño de nuevas actividades siempre estará divorciado de la realidad y eso sólo nos puede conducir al fracaso, que es a lo que apunta el régimen.  
Esta paradoja que nos acompaña desde el fraude del Revocatorio del 2004, de negarlo sin olvidarlo, para no estimular la abstención, es algo así como el viejo chiste de aquel señor que decía haber superado los problemas de una incontinencia intestinal con un sedante que no lo curaba, pero que le evitaba la angustia y la vergüenza que antes sentía al no poder controlarla en público.
Todos llevamos la sensación del fraude electoral en nuestras mentes. Siempre nos preguntamos, mientras esperamos los resultados, cómo los estarán modificando. Nos imaginamos al dictador golpeando las paredes mientras recibe de Tibisay las cifras que lo amenazan y ordenando el necesario reacomodo por que la revolución no puede ser derrotada, o la transmisión de datos a algún servidor, muy probablemente en Cuba, donde en milésimas de segundos un pequeño programa se encarga de una conveniente redistribución automática que lo resguarda de ese tipo de ataques, etc.
Y es que a eso nos han llevado. Hemos sido despojados de nuestras convicciones democráticas. Nos han hecho aceptar aquella ridícula “estrategia de la rendija” que definió un líder de oposición pocos meses antes del Revocatorio de 2004: “nos han cerrado los espacios, pero por cualquier rendija entraremos”. ¡Por Dios! ¡No! Los ciudadanos venezolanos no estamos para rendijas. Tenemos todo el derecho del mundo, como el más humilde ciudadano de cualquier país democrático y libre, al más amplio espacio de ejercicio político, y a todas, absolutamente a todas, las garantías de ejercicio de nuestros derechos de elegir y revocar como lo establece nuestra Constitución. Todo acto de constreñimiento de estos derechos es ilegal y anticonstitucional.
La transparencia electoral es inherente a la democracia. Una no existe sin la otra. El acto de depositar el voto y su secreto debe estar garantizado por el Estado en forma absoluta, y debe ser el resultado de un proceso preparatorio cristalino en el cual figura originalmente el registro electoral. Este debe ser público, de acceso fácil, rápido, inmediato, sin límites, para todos los ciudadanos. Toda obstaculización a su acceso, incluyendo aquella decisión del TSJ, de “invasión a la privacidad “es ilegal, pues conspira contra el elemento principal de la constitución de la sociedad sobre el cual se funda el derecho a elegir: quiénes somos, cuántos somos, donde estamos.
Pues bien, los venezolanos no conocemos el REP. El CNE dice haberlo entregado a los partidos. Pero nosotros, la gran mayoría ciudadana, ¡no lo conocemos! ¡no nos lo han enseñado¡ Hay obscuridad en esto. No hemos visto acción política dirigida a subsanar esta antidemocrática violación.
Con respecto al voto, en los procesos manuales el ciudadano escoge su voto y lo deposita en una caja transparente que luego es abierta, y las papeletas contadas públicamente, una a una, e inmediatamente anotadas en una pizarra visible a todos, en presencia, incluso, de medios de comunicación públicos y privados. Esto ya no existe. Fuimos despojados de ese derecho a tener la certeza absoluta de que nuestro voto estaba allí y fue contado, y que nuestra presencia, nuestra voluntad y nuestra opinión tuvieron una significación concreta para el futuro del país. Ahora el CNE transforma nuestra opinión en una señal electrónica que no comprendemos y la envían a través de cables a un sitio secreto donde se va sumando a otras señales, en unas máquinas que no entendemos, manejadas por unas personas que no conocemos y que no podemos ver, y que luego de un tiempo inexplicablemente largo nos informan como resultado de un sistema tecnológico avanzadísimo, unos números indiscutibles que hasta ahora sólo han generado mucha desconfianza y nada de tranquilidad democrática. Aunado a esto, la posibilidad de observar el transcurrir de los escrutinios, con sus altas y bajas, factor importante a la hora de juzgar las tendencias por medio de encuestas a boca de urna, a lo cual tenemos derecho absoluto los ciudadanos, ha sido eliminada por un CNE capciosamente más interesado en esconder que en mostrar y que escamotea a los ojos de la ciudadanía las rapidísimas e inexplicadas variaciones que por lo general en horas de la tarde han ocurrido en todas las elecciones.
Si a lo anterior sumamos las captahuellas, muy útiles para informar al régimen a quienes buscar una vez comprobada su ausencia para hacerlos votar e infundir temor, deberemos concluir que este sistema electoral es contrario a los intereses ciudadanos, no es  transparente, está fundado sobre un registro electoral que se nos ha arrebatado,  y por lo tanto dolosamente modificado, útil para el poder imperante a la hora de su seudolegitimación ante el país y el mundo.
Es a través de este sistema ventajista, abusivo, obscuro y manipulador como esta dictadura se ha revestido con ropaje democrático ante el país y el mundo. El mismo en el que participamos recientemente para ratificar un sistema autoritario de destrucción nacional y el mismo que ahora nos exige cumplir con el mismo viejo rito de seudoreligitimación en diciembre próximo de este ya demasiado triste año para el país.
Se ha despertado así, nuevamente, el nunca ausente rechazo al fraude. El ascenso que inexplicablemente, dado lo expuesto, esperanza a muchos de nuestros políticos de oposición a cargos en gobernaciones, está en vilo. Mientras muchos expresan por radio, TV, o las redes sociales la disposición a votar, muchos otros se niegan a ello. La MUD debe solucionar ese problema. Ya no vale aquello de que estamos “blindados”. Hubo una tremenda derrota que ni Capriles ni el pueblo merecían, y llegó la hora de hablar claro y con fuerza: ¡hay que democratizar el sistema electoral! es decir, hacerlo transparente, accesible y seguro para lograr una asistencia multitudinaria a las elecciones de diciembre próximo. Las metas deberán ser:
1.      la revisión pública y publicación del Registro electoral de forma convincente,
2.      el conteo público inmediato al cierre de las votaciones, de todas las cajas de votación, paralelamente con el funcionamiento del sistema digital de votación legalmente establecido,
3.      la presencia de los medios de comunicación,
4.      la asistencia de verdaderos observadores electorales nacionales e internacionales,
5.      la ejecución, como en toda democracia respetable, de encuestas a boca de urna,
6.      la limitación del Plan República a acciones de vigilancia en las afueras de los centros,
7.      la garantía tangible y pública de los testigos de la unidad democrática en todos los centros de votación del país y
8.      la eliminación de las máquinas captahuellas.
Es decir, volver a unas elecciones verdaderamente democráticas.
Alejandro Pietri C.
alejandropietri@gmail.com

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martes, 24 de abril de 2012

ALEJANDRO PIETRI, OLVIDARNOS DE LA SALUD DEL DICTADOR Y CONCENTRARNOS EN LO IMPORTANTE

Nos ocupamos de lo que no debemos y dejamos de hacerlo con lo importante. 
Los venezolanos sabemos hasta el hartazgo quién y qué es chávez, de manera que insistir en él no agrega nada a lo que interesa: colocar un nuevo gobernante capaz de convocar a los mejores venezolanos para las nuevas e imprescindibles tareas de gerencia y dirección política y económica del país, y al resto de la ciudadanía a trabajar activamente, sin odios ni resentimientos, en la producción, el comercio y la industria, para ayudar a salir a todos de la terrible crisis económica que se avecina.
El microbio, germen, parásito, o virus, generador de la tragedia venezolana, es decir, la etiología, como se le designa en el lenguaje médico, es perfectamente conocida. Es conocido su hábitat, su miasmático ecosistema y sus tóxicos y disolventes efectos sobre el organismo social.
Debemos enfocarnos entonces ahora, en la fase siguiente: armar un estado de opinión que facilite la información a la ciudadanía del enorme daño producido en todos los órdenes de la vida ciudadana y el método y programa que aplicarán quienes se ofrecen por parte de la  oposición democrática a repararlo.
Concomitantemente es vital la exigencia al organismo electoral, el CNE, de actuar en forma confiable y transparente, vigilando de cerca su desempeño ostensiblemente parcializado, como se manifiesta a diario en:
1.     El estímulo subliminal a la abstención que el régimen y el CNE en forma repetitiva fomentan a diario con aquello de que la oposición deberá reconocer los resultados del 7 de octubre.
2.     Las dificultades y limitaciones impuestas al registro de nuevos votantes dentro y fuera del país.
3.     La ausencia de transparencia del registro electoral al ocultar los datos de dirección de los inscritos.
4.     La insistencia en la captación de huellas como elemento desencadenante del acto del voto electrónico, dirigida a la intimidación de empleados públicos y beneficiarios de misiones y
5.     las cedulaciones que se repiten en el interior del país en forma sospechosamente silenciosa.
Como también es vital llamar la atención pública sobre la actuación del personal militar del Plan República, a las órdenes de autoridades muy cuestionadas nacional e internacionalmente, sobre todo en lo que respecta al cuido, transporte y almacenamiento de la maquinaria y los insumos electorales.
Todo lo enumerado, sin lugar a dudas, configura una situación, que de consolidarse, sería una etapa preelectoral de fraude irreversible, y que debe ser reclamada a tiempo, enérgica y convincentemente por los opositores, pues lo que nos jugamos es no solamente la paz y la libertad sino la propia existencia republicana.
Considero que habrá más temor y menos motivación para el voto si la inacción en este sentido persiste. Es más probable que la ciudadanía entienda que el acto del voto es un derecho y un deber por el que se debe luchar y no un instrumento de la dictadura para mantenerse en el poder.
Por todo esto insisto: el problema ya es conocido. Lo que hay que hacer es poner en práctica la solución y eso solo lo vamos a hacer eficientemente si nos concentramos en ella y dejamos de lado los rumores que sobre la salud del dictador esparcen sus secuaces.
alejandropietri@gmail.com

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