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sábado, 8 de agosto de 2015

ROGER F. NORIEGA, HABLEMOS CLARO SOBRE VENEZUELA

Durante años, el presidente Obama hizo caso omiso mientras el gobierno de Venezuela destruía la economía y democracia de ese país. Ahora que el régimen está en una espiral de muerte, Obama podría empeorar la situación al darle oxígeno a líderes corruptos en Caracas que han dilapidado al país y lo han transformado de ser un viejo aliado en una nueva amenaza.

La administración “está trabajando para mejorar las relaciones [con Venezuela], impulsados ​​por la preocupación de que la agitación podría desestabilizar la región”, de acuerdo con un artículo de Bloomberg publicado el lunes describiendo lo que llama “la ofensiva del encanto”. “Una de las cosas que busca esta estrategia es prevenir que Venezuela se convierta en “un narcoestado fallido” que “tiene el potencial de afectar a países en toda la región.”

“Estados Unidos ha dicho muchas veces que le gustaría tener una relación normal con Venezuela”, dijo el secretario de Estado John Kerry el 20 de julio. “Y hemos llevado a cabo un esfuerzo para tratar de cambiar el diálogo …”. De hecho, uno de los asesores de más alto rango de Kerry, el Consejero del Departamento Embajador Thomas Shannon, se ha reunido con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en varias ocasiones desde abril.

Muchos demócratas venezolanos se sorprendieron cuando Shannon viajó a Haití en mayo para reunirse en privado con Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional que, de acuerdo a varios reportes, está siendo investigado por fiscales federales de Estados Unidos por ser un capo de la droga. El año pasado, Cabello literalmente condujo al líder de oposición Leopoldo López a la cárcel por cargos falsos. Él también se encargó de despojar a la congresista María Corina Machado de su escaño en la Asamblea Nacional. El hecho de que Cabello también haya sido implicado con el tráfico de drogas—lo que afecta la seguridad y el bienestar del pueblo estadounidense—hace aún más inexplicable que un diplomático estadounidense de carrera considere a Cabello como un interlocutor creíble.

Para justificar esta “ofensiva”, funcionarios de la administración han asegurado a observadores en el Congreso que están presionando para que se celebren en la Asamblea Nacional; que han abogado por la liberación de presos políticos; y que están trabajando para evitar un colapso sangriento del país. Hasta el momento la estrategia ha fallado en todos los frentes.

Las elecciones se han programado para diciembre, pero el partido gobernante está cargando los dados al excluir oponentes-incluyendo a Machado-de la boleta. López y muchos otros líderes de la oposición permanecen en prisión y la sangre no ha dejado de correr en las calles de Caracas a causa de un régimen que destruyó la policía profesional, desmanteló los tribunales independientes y que utiliza la violencia como arma política. Ninguno de estos problemas se mejorará al apaciguar al régimen que creó todos estos problemas.

El presidente Obama cita a menudo la idea de: “Si quieres hacer la paz no se habla con los amigos, se habla con los enemigos”—usualmente sin darle crédito al héroe israelí Moshe Dayan por ese consejo. El problema es que el presidente se rehúsa a actuar desde una posición de liderazgo, lo que tiene el efecto de empoderar a los enemigos de Estados Unidos. Como resultado, frente a un enemigo más fuerte, él insiste en que no tiene otra opción más que el desagravio. Algunos dicen que esto explica la estrategia de Obama en transformar a Irán en un interlocutor más poderoso en el Medio Oriente. Y esto sin duda describe su decisión de continuar “una relación normal” con el régimen destructivo y hostil en Venezuela.

Es hora de que el gobierno de Obama rectifique su política respecto a Venezuela. El gobierno debe denunciar la represión de Maduro y aglutinar a vecinos regionales a fin de insistir que se erradique la persecución política y las elecciones amañadas. Obama debería dejar que los fiscales hagan su trabajo al exhibir la participación de líderes venezolanos con el narcotráfico, lavado de dinero y corrupción. El Departamento del Tesoro de Estados Unidos debe agilizarse para congelar las cuentas de los secuaces corruptos de Cabello y devolver esos bienes una vez que un gobierno democrático sea elegido para reconstruir el país.

Diplomáticos estadounidenses deben revelar plenamente lo que nuestras instituciones de procuración de justicia han descubierto sobre el papel desestabilizador del narcoestado en Venezuela. Un régimen que ha sembrado el caos y la corrupción en Colombia, América Central, el Caribe y México, por mencionar algunos. Es hora de hablar claro sobre la corrupción desmedida de un régimen que ha saqueado su tesorería y a la compañía petrolera estatal de Venezuela.

Sí, los gobiernos hacen la paz con sus enemigos. Pero, en este momento, los Estados Unidos tiene mucho trabajo por delante con sus amigos. En lugar de salvar a Maduro, Cabello y a sus secuaces nuestros diplomáticos deben conseguir el apoyo de la región para ayudar a que demócratas venezolanos decentes puedan recuperar su país.

Roger F. Noriega
@RogerNoriega

El autor fue embajador de Estados Unidos ante la Organización de los Estados Americanos y subsecretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental (2001-05). También es investigador visitante en el American Enterprise Institute y director ejecutivo de Visión Américas LLC, una firma con sede en Washington, DC que asesora a clientes estadounidenses y extranjeros.

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martes, 7 de abril de 2015

CARLOS ALBERTO MONTANER, LA CUMBRE DE LOS PAISES DESNORTADOS

La próxima función del circo itinerante de la OEA será en Panamá. El gobierno de ese país ha hecho un gran esfuerzo por tener la fiesta en paz, pero no es seguro que lo consiga. La vicepresidente y canciller, Isabel Saint Malo, que ha montado la carpa, tiene experiencia y es una persona seria y competente, pero no puede hacer milagros.

El número clave será el abrazo entre Barack Obama y Raúl Castro. Poco antes, tal vez el lunes 6 de abril, se anunciará que los Estados Unidos y Cuba elevan sus relaciones diplomáticas a la categoría de embajadas. Se trata de un fenómeno simbólico más que real. Hasta ahora, y durante cuarenta años, han sido “oficinas de intereses”. Es cuestión de cambiar los letreros y desempolvar los trajes de etiqueta.

Previo al encuentro, se divulgará una encuesta rigurosa realizada dentro de la Isla. Raúl preferiría que la ocultaran. El gobierno cubano y el sistema comunista salen muy malparados. Obama, en cambio, y su esfuerzo por enterrar el hacha de la guerra, tienen el respaldo casi total de los cubanos. Las expectativas son tremendas. El pueblo quiere y espera prosperidad y libertades.

Obama está decidido a “normalizar” las relaciones con la dictadura castrista. Cree que ése será su legado diplomático. Tal vez, supone, puede lograr algo positivo en Cuba tras tantos fracasos en el Oriente Medio o en Ucrania. Para lograrlo, vuelve a la tradición de mantener buenos vínculos con las tiranías, como hacía Estados Unidos con Trujillo, Somoza o Stroessner, sin renunciar a los discursos de la libertad.

Pero ni siquiera es coherente esa expresión ambivalente de cinismo. Hace pocas fechas Obama denunció a Venezuela como una amenaza para la seguridad norteamericana, algo que es cierto, pero, simultáneamente, trata de reconciliarse con Raúl Castro, el ventrílocuo de Nicolás Maduro y quien le elabora y suministra la papilla subversiva con que lo alimentan todas las mañanas. Es como castigar al chico travieso y premiar a la nana que lo induce a comportarse mal.

Pero lo más grave es que Estados Unidos ha latinoamericanizado su política exterior. Improvisa, no se sabe muy bien quépretende, y desconcierta a amigos y adversarios. Al paso que vamos, el mundo que Obama dejará en enero de 2017, cuando abandone la presidencia, será infinitamente más incierto que el que recibió en el 2009.

El país, por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra mundial, carece de un marco de referencia teórico que le permita trazar objetivos de corto, medio y largo plazo, y dictar medidas de gobierno para tratar de alcanzarlos. Da palos de ciego.

Se supone que la finalidad de la política exterior de las democracias es defender los ideales e intereses generales de la sociedad a la que se sirve, con el objetivo de lograr que prevalezca el tipo de gobierno y de organización económica libremente seleccionado por sus ciudadanos.

Ello implica identificar y mantener a raya a los enemigos, privilegiar a los amigos y juntarlos para armar la defensa común. A Estados Unidos, y a casi todo el mundo, le conviene que haya paz, que las personas sean libres, que el comercio sea intenso para que aumente la prosperidad colectiva, y que se respeten los Derechos Humanos.

¿Cuáles son los enemigos naturales de esos objetivos? El terrorismo, la corrupción que pudre a los gobiernos, las mafias, las potencias que vulneran el orden internacional y tratan de enfrentar a los países latinoamericanos con los Estados Unidos y con Europa.

Es obvio que los gobiernos de países del llamado Socialismo del Siglo XXI, más el de Argentina, que les baila el agua, son los enemigos de los ideales republicanos, del mercado, y del sistema de libertades occidentales. Es evidente que los petrodólares chavistas han servido para instalar gobernantes que luego se pasean del brazo con los iraníes protectores de Hezbolá o con los rusos que intentan convertir al Caribe nuevamente en una plataforma militar antinorteamericana.

Si América Latina tuviera la capacidad de formular una política exterior coherente y en consonancia con sus valores e intereses –cosa que nunca ha hecho–, en lugar de establecer relaciones peligrosas con Irán, o de invitar a la Rusia de Putin a jugar a las provocaciones en el vecindario americano, irresponsabilidad que sólo puede traerle desgracias al Hemisferio, estaría haciendo exactamente lo contrario.

No es así. En 1948 Truman impulsó la creación de la OEA para defender a las Américas del espasmo imperial de los soviéticos. En el 2014, es un organismo capturado por el chavismo a fuerza de petrodólares, dominado por los enemigos de la democracia y de la libertad económica, en el que mandan los cómplices de las narcoguerrillas de las FARC, aliados a los islamoterroristas que viajan por el mundo con pasaportes venezolanos impresos en Cuba (173 descubiertos hasta ahora).

Estados Unidos, que era la única fuerza capaz de crear una diplomacia coherente y enrolar en ella a América Latina, ha perdido el músculo de la iniciativa. No le interesa y no sabe qué hacer. Ése es el dato más evidente que trasciende de esta Cumbre. Menudo circo.

Carlos Alberto Montaner 
montaner.ca@gmail.com
@CarlosAMontaner
Vicepresidente de la Internacional Liberal


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