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martes, 26 de mayo de 2015

JESÚS ALEXIS GONZÁLEZ, AJUSTE O AMPLIACIÓN DEL AGUJERO ECONÓMICO.

La predicción en el campo de la ciencia económica, resulta difícil y complicada habida cuenta de basarse en supuestos subjetivos que al superar la frontera de los 6 meses se convierte en un deseo de quien la formula, razón por la cual los planteamientos cara al futuro deben vincularse con hechos económicos concretos (¡eso intentaremos!); sin aislarse de realidades como que el gasto público impulsa (o restringe) la popularidad gubernamental herramienta utilizada, p.ej. en la Venezuela del 2002 cuando se “lanzaron” las Misiones hasta convertirlas en una ilusión de poder popular mediante la oferta de mecanismos de participación, en cuyo fondo prevalecía (prevalece) la pretensión de construir espacios atomizados para reforzar el poder central del Presidente de la República en función de retornar a la centralización política y a la concentración administrativa bajo la aspiración soterrada de “construir” un Estado protagonista que asume unilateralmente la “representación” del pueblo (¿gendarme necesario?) separado del pensamiento ciudadano, en orientación distinta a la debida participación a la luz de la Constitución de 1999. Tal forma de hegemonía Estatal, en conjunto con una creciente presencia militar en el “comando” de la administración pública,  ha conducido al país hacia una situación socio-económica similar a la de 1988 muy concretamente en lo que al desequilibrio macroeconómico se refiere, ampliado en el presente como respuesta a la utópica aspiración de “revolucionar”, con apresurada e improvisada inmediatez y aislado de un modelo de transición, el modo de producción y la propiedad de los factores productivos (tierra, trabajo y capital); como bien se desprende  ( en el  contexto del presente artículo) del deficiente desenvolvimiento de la  denominada economía comunal y de sus complementarias iniciativas de producción cuasi-estatales.

Estabilizar la economía y disminuir su vulnerabilidad, tiene como fin ulterior apuntalar el crecimiento económico respondiendo a la interrogante: ¿para qué el crecimiento económico? cuya obvia respuesta es ¡¡para que la gente viva mejor!!, incrementando su bienestar o al menos manteniendo lo alcanzado en el tiempo de donde emana otra verdad incontrovertible: no hay consumo sin producción y no hay producción sin inversión ya que se codeterminan, siendo un binomio indispensable para alejarse de un colapso económico (disminución brusca o paralización de las actividades) validando que la familia debe contar con un nivel de ingresos que le permita no solo comprar bienes (incluida la “soberanía alimentaria”) sino también disfrutar de determinados servicios que le hagan confortable su existencia.
Es notorio que Venezuela está sumergida en un agujero económico y productivo, visualizado por la estática resolución de los problemas que en tres lustros no ha superado el marco de las promesas sin rendición de logros configurando un “país atrapado” entre paredes de  obsoletos conceptos ideológicos y económicos que están impidiendo la aplicación concreta de acciones en pro del desarrollo, y que al propio tiempo ha situado la gestión gubernamental en un punto de no retorno que le impide “reflotar” el enfoque económico revolucionario, y muy por el contrario los está impulsando (sin desearlo) a refundar un modelo distinto, previo proceso de reflexión en aras de “descubrir” ¿cómo llevaron a Venezuela a esta situación?, que les facilite (de ser posible) una visión de cómo salir de ella con planteamientos más creativos que combatir la guerra económica y al imperialismo; más aún cuando el país enfrentará por varios años una disminución en el ingreso nacional (más de US$ 25,000 millones solo en 2015) en razón a la baja de los precios petroleros y a la presencia de un aparato productivo nacional (no exportador) que adolece de la posibilidad de generar alto valor agregado; escenario que se complica ante el debilitamiento político-partidista y del tejido productivo que imprime el desajuste económico,  con la consecuente alteración del régimen socio-político-económico. A tenor de ello, se hace impostergable la instrumentación de un proceso de estabilización de la economía con epicentro en el tipo de cambio en su condición de variable determinante para procurar que la economía nacional se haga competitiva, dando por sabido que el mercado cambiario (y el monetario) es extremadamente sensible al manejo de los temas sociopolíticos y a las declaraciones públicas de voceros del alto gobierno que en el presente ha motivado un tránsito hacia una brecha cambiaria (2015) superior al 3.200% (dólar oficial y el paralelo), en demostrativo rechazo al bolívar como medio de cambio y de reserva de valor (preservar el patrimonio), así como del absurdo anclaje de la paridad sin contar el BCV con suficiente disponibilidad de divisas para sostenerlo;  todo lo cual condiciona la percepción que asumen los ciudadanos en relación al comportamiento macroeconómico nacional inmediato (en los precios básicamente) y de su bienestar futuro.
El programa de ajuste (PA), debe conceptualizarse como un conjunto de medidas de política económica orientadas al restablecimiento estructural del equilibrio oferta-demanda, que desde el lado de la oferta consistirá en su distribución por intermedio del mercado con participación determinante del sector privado bajo una adecuada supervisión del Estado, en el marco de una desregulación de la economía; mientras que por el lado de la demanda se debe ajustar el consumo interno a la capacidad de producción nacional (revitalizada) en un lapso no superior a los 2 años, empleando instrumentos de política monetaria (restricción de la oferta monetaria interna) y fiscal (disminución del déficit público sin monetizarlo con emisión de dinero inorgánico); en un escenario de un plan de austeridad que, irremediablemente, causará una caída del consumo (que en todo caso hoy  se está viviendo con la escasez y el desabastecimiento pero sin horizonte de solución)  y del PIB antes de retomar el sendero del crecimiento autosostenido al mejorar la estructura productiva y elevar la productividad (y el bienestar), desarreglo que en su ínterin deberá ser enfrentado con un obligante plan de choque integral con rostro humano (programas sociales especiales) para garantizar la protección y justicia social en aquellos  estratos más vulnerables de la población.
El PA, ha de complementarse con otras medidas como restituir la autonomía al BCV; devaluación explicita para corregir la sobrevaluación y desestimular las importaciones no prioritarias al tiempo de aproximar los precios internos al mercado internacional para estimular iniciativas en   el sector exportador no petrolero; reforma cambiaria para establecer un sistema de cambio único y flotante; desmontaje progresivo de los controles (cambio y precios); apoyo a un programa de inversiones nacionales y extranjeras; elevación de las tasas de interés pasivas; reducción de la cantidad (42) de productos regulados; activa política de “descongelamiento” de los precios regulados por largo tiempo; subsidio directo a los productos de  la canasta básica; paralización de los ingresos a la administración pública; una concreta política antinflacionaria; entre otras alternativas.
Finalmente, y ante la permanente duda (incredulidad) de la población en cuanto a si el Gobierno se “atreverá” a correr con el denominado “costo político” (y electoral) de aplicar un programa de ajuste, asumimos que no le queda otro camino ya que mucho más daño le causa a la población y a sus intenciones de permanecer electoralmente en el poder  la desesperanza, indignación y frustración rabiosa que se genera en el ciudadano al   experimentar la actual economía del desastre signada por la escasez y el desabastecimiento. Es claro, que ante la bien ganada desconfianza que existe hacia la “política económica” gubernamental, se requiere, para adelantar cualquier PA, una previa explicación pedagógicamente sencilla en lenguaje  comprensible al venezolano de “a pie” sobre su alcance y consecuencias como condición para asumir anímica y formalmente un pacto nacional de estabilidad y crecimiento con soluciones pactadas (de carácter voluntario entre las partes), que incluya una irreversible decisión de devolver a la sociedad su economía, y que no se convierta, como ha sido la tradición venezolana, en “papel mojado” al surgir con inmediatez dañina la huidiza pretensión de “¡arreglar los problemas con más problemas!.

Jesús Alexis González    
 jagp611@gmail.com    
@jesusalexis2020

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