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lunes, 8 de abril de 2013

MANUEL FELIPE SIERRA, EL 14-A

El domingo 14 de abril los venezolanos acudirán a una nueva cita electoral para la elección del Presidente de la República. Como en recientes eventos, además de la escogencia del Jefe del Estado, el voto tendrá otra significación: decidir entre el modelo chavista (con todo lo que este significa) o apostar al regreso a la democracia y la convivencia nacional. 

¿Qué escenarios se vislumbran a una semana de la consulta? En primer lugar hay que destacar que se trata de una elección atípica, distinta a las votaciones tradicionales que han modelado la cultura democrática del país. En alguna medida, la nueva votación se asemeja a una segunda vuelta en el sentido que se trata de reparar la ausencia de un Presidente que fue reelecto hace apenas cinco meses.

De tal manera que el 14 de abril de hecho está vinculado a lo ocurrido el 7 de octubre del pasado año. De allí que la convocatoria a la votación se haya formulado en 30 días y que la campaña oficialmente se desarrolle en solo 10. Estas circunstancias le confieren una ventaja a la tendencia que obtuvo la victoria en octubre (con la reelección de Chávez) y la cual fue ratificada en las elecciones regionales de diciembre del mismo año. Ello seguramente explica por qué la mayoría de las encuestas le otorgan al presidente (e) Nicolás Maduro la primera opción. Por supuesto, de ninguna manera ello supone que se trata de un hecho consumado. Por el contrario, a favor de la opción opositora de Henrique Capriles Radonski ahora operan dos factores que no estuvieron presentes en octubre cuando le correspondió enfrentar al presidente fallecido.

En primer término, es evidente que la ausencia de Chávez impacta de diversas maneras al mundo oficialista. Chávez más que el mandatario reelecto era el conductor carismático de un proceso histórico que (más allá del juicio que merezca) ha representado una alteración de la vida nacional. 

Esa condición le confería una fortaleza superior de la cual por supuesto carece el aspirante Maduro. Asimismo el liderazgo de Chávez era un factor de cohesión y unidad en el ámbito del chavismo donde conviven diferentes tendencias y visiones. Maduro, si bien ha basado su campaña en la reivindicación del legado de Chávez (“fue mi padre”, “soy su hijo”, “se me apareció en forma de pajarito y me bendijo”, etc), es obvio que no tiene tal poder catalizador. También es evidente que en los últimos cinco meses se ha acentuado la gravedad de los principales problemas nacionales. La delincuencia registra cifras cada vez más preocupantes; la crisis del servicio eléctrico y el deterioro de la vialidad de ninguna manera han sido enfrentadas eficazmente. A ello se suma un cuadro económico demasiado complejo, que obligó a las recientes devaluaciones de la moneda y a una severa situación de desabastecimiento y escasez, no solamente de los productos básicos sino de los más diversos bienes y artículos. ¿Hasta dónde esta situación no habrá de reflejarse en las nuevas elecciones?

En el ámbito opositor, mientras tanto, Capriles realiza una campaña que corrige fallas e insuficiencias que se presentaron durante la elección anterior. Es claro que su discurso luce más preciso y con señalamientos que lo vinculan a los sectores populares y un reconocido esfuerzo físico que le ha permitido renovar contacto con millones de venezolanos a lo largo y ancho del país. También en torno a su candidatura se han sumado organizaciones provenientes del chavismo mientras se consolida la unidad de los sectores democráticos representados en la MUD y otras expresiones críticas. Por supuesto, deberá enfrentar, como en el pasado, una competencia desigual con un contendor apuntalado en el “ventajismo de Estado”, con el control de todos los poderes públicos y un sistema electoral, que pese a las irregularidades comprobadas y su composición nada transparente y equilibrada, sigue colocado al servicio del candidato Maduro. 

En todo caso, más allá de los números finales, la propuesta democrática deberá acumular el próximo domingo una significativa votación, que abre paso para pronosticar futuras victorias.

@Manuelfsierra

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