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jueves, 28 de mayo de 2015

LEANDRO AREA PEREIRA, MITOS,HEROES Y CULPAS

Cada país posee un repertorio en el que se exhiben efemérides, héroes, fechas patrias, paisajes y personajes de todo pelo y alcurnia que conforman el representativo de identidad de esa nación. Así, seguro estoy de que Pelé estaría presente en el del Brasil, la Virgen de la Coromoto en el de Venezuela y Celia Cruz, quizás, en el cubano.

En el caso nuestro hay de entre estos ungidos representantes, cuatro que llaman mi atención y que vistos en su conjunto y a pesar de sus aparentes diferencias, que son de toda índole, permiten una elaboración caleidoscópica sobre el representativo social del venezolano y su furtiva imagen. Ellos son Simón Bolívar, el Padre de la Patria; María Lionza, diosa virgen; José Gregorio Hernández, el médico de los pobres y Armando Reverón, el pintor de la luz. Relacionando estos cuatro personajes, exprimiéndolos si se pudiera en uno solo, pudiéramos percibir el sabor y el aroma de lo que hemos sido como pueblo; nuestro oscuro horizonte.

Para un joven de hoy estas figuras son poco familiares, es verdad, y no forman parte en apariencia de su radar informativo ni son parientes próximos de sus gustos y deseos, y menos aún de su sensibilidad. Pero a pesar de ello son los que sin saberlo les mueven el piso. El país en que viven, la realidad que soportan y con la que cada vez menos quieren sentirse vinculados, se encuentra permeada por la presencia fantasmagórica de esos mitos que, así como el de ser  un país rico, se han convertido en leyendas que por más apolilladas que estén, siguen ejerciendo una inmensa influencia sobre nuestras maneras de vivir, que son el pensar, el sentir y el actuar. Son de tal peso sus influjos, que no hay gesto como forma de expresión corporal o palabra como manera del pensamiento o acción, que no esté determinados por su espectral presencia.

He dicho en otra parte y lo repito aquí que en este tremedal llamado Venezuela, sin distingos de raza, sexo o disgusto político, cargamos en nuestro relicario de penitencias, restos de esos náufragos con los que nos identificamos sin saberlo. Cada sociedad somatiza sus mitos, goces, derrotas, rencores y ausencias, y las hace propias. Los convertimos en materia y espíritu y traducimos en comportamientos automáticos pues viven en nuestros tatuajes más profundos. Pobre de ellos. Somos los leyendas que nos nombran.

Bolívar, Hernández, María Lionza y Reverón, ¿qué tendrán en común? El ostracismo, su expulsión, su confinamiento, su expatriación, su desarraigo, su exilio, su condena, su muerte prematura. Todos ellos seres inacabados, inconclusos, derrotados, exaltados a conveniencia por la misericordia de unos cuantos.

Cada uno de nosotros está cargado de esa vibra que como hemos dicho se transfiere a través de múltiples e insospechados caminos al ser hereditario que somos a través del parto biológico, que es uno, y del parto social que es múltiple y constante y que valora lo que le rodea desde esos imanes, esas brújulas selectivas y atávicas.

Pensar en estos asuntos después que salgamos de las caraotas y el arroz y las elecciones puede resultar importante.
                     
Leandro Area Pereira
leandro.area@gmail.com
@leandroarea

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domingo, 2 de noviembre de 2014

JOSE FELIX DIAZ BERMUDEZ, JOSE GREGORIO HERNANDEZ ESCRITOR,

JOSE FELIX DIAZ BERMUDEZ
 Entre las admirables cualidades del Dr. José Gregorio Hernández, tuvo una tal vez no muy conocida por haberse dedicado como lo hizo de manera preferente al estudio científico, a la labor docente, a la tarea profesional, generosa en servicio a los otros; fue la no menos importante, notable y superior del escritor.

No conocemos un texto suyo en el campo de la novela, el cuento o la poesía,  pero sí diversos artículos y narraciones, éstas inclusive en sus cartas particulares, en todas las cuales evidenció su talento literario que pudo competir con mérito junto al de otros intelectuales de su tiempo: abogados, diplomáticos, historiadores, periodistas, que desde las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX enriquecieron de manera singular las letras nacionales.

Uno de los escritos más importantes, debido a la pluma del eminente médico, es el denominado: "Los Maitines", obra corta, de alta inspiración religiosa en la que describe aspectos de la vida monástica con la fineza de su ser espiritual, con la elegancia de su estilo correcto, ya cultivado y desarrollado en otras disciplinas como la reflexión filosófica, la exposición científica, la oratoria académica en la que fue maestro.

Esa reconocida pieza de la literatura venezolana acompaña a varias de similar carácter como fueron la traducción del: "Miserere" de Andrés Bello, "La Ascensión" de García de Quevedo,  "¿Dónde está Dios?" de Elías Calixto Pompa, "La Iglesia" de Cecilio Acosta, "Jesucristo" de Felipe Tejera, entre otras.  No en balde por su jerarquía intelectual y su condición de buen escritor José Gregorio llegó a ser colaborador de: "El Cojo Ilustrado" en el año 1893.

Entre los poetas de su generación, médico también, nacido en el año de 1864, de quien se está cumpliendo igualmente un sesquicentenario, es preciso recordar al doctor Gabriel E. Muñoz,  amante de la cultura clásica, autor de: "Ad Oram Sepulchris" y a quien don Luis Correa mencionó en su célebre: "Terra Patrum".

Composiciones reveladoras de José Gregorio Hernández como escritor se encuentran en sus epístolas, redactadas muchas veces con la franqueza de la amistad, la confianza de la intimidad y en las que se nos manifiesta como un hombre cordial, afectuoso, abierto, sincero, reflexivo y, al mismo tiempo, poseedor de un excelente estilo, mérito que le acompañó desde su juventud.  En su carta del 5 de noviembre de 1888 a Dominici puede extraerse, y titulase: "La Tormenta", una sensible, fidedigna y hermosa narración que hizo del suceso y reconocerle su valor artístico.

Además de lo anterior, José Gregorio poseyó la virtud propia del cronista al saber observar y describir las poblaciones, los paisajes de los lugares que visitó, así como las gentes que conoció a lo largo de sus viajes dentro y fuera de Venezuela. Maracaibo, Betijoque, Boconó, Valera, La Puerta, Mérida, Niquitao, Puerto Cabello, Caracas y Curazao, entre otros, fueron algunos de esos sitios y sobre los cuales dejó ciertos detalles y referencias.

Apreció José Gregorio la literatura desde sus años juveniles y a la edad de 24 años, no obstante su afirmativa vocación y conocimiento científico, supo expresar con propiedad su juicio acerca de las obras que conocía. "¿Recuerdas -confesaba a Santos Dominici en 1888- mi aversión a leer los dramas y comedias, etc.? Y hoy es todo lo contrario, devoro cuanto encuentro, y nunca he echado de menos tanto como ahora tu hermosa biblioteca, tesoro inmenso para todo el que desee instruirse; si hoy, que apenas conozco muy superficialmente la evolución del teatro en España a través de los siglos, si hoy, digo, gozo tanto leyendo unas comedias de López que afortunadamente tengo aquí ¿cómo será cuando esté bastante instruido en todo ese mundo de cosas que me falta por saber?...".

Hombre destacado en la ciencia, en la cultura, en las letras por añadidura, dejó su impronta en todo cuanto hizo de manera significativa; dejó su huella inconfundible en la historia de la patria que hoy se erige con orgullo y gratitud ante su ejemplo, símbolo de deber ciudadano, humanidad y  venezolanidad bien cumplida, presente ayer y exigencia indispensable hoy para enaltecimiento del país.

Jose Felix Diaz Bermudez
jfd599@gmail.com
@jfd599

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jueves, 30 de octubre de 2014

LEONARDO ALFREDO MONTILLA DELGADO, EL MILAGRO, ESCRITOS Y OPINIONES

Lo acontecido en tierras trujillanas el pasado Domingo fue una demostración más de la grandeza y fervor religioso que el pueblo venezolano siente desde los propios orígenes de sus ansiedades.  

LEONARDO A. MONTILLA D. 
La fe en José Gregorio Hernández desbordo todo calculo que en participación se había hecho y constituyo una de las movilizaciones mas espontaneas, grandes y convincentes que se haya realizado en estas tierras de paz y encanto, cuna de santos y sabios.

La imponente figura espiritual y solidaria del siervo de Dios, que hoy por hoy representa los más elevados valores, principios católicos y civilistas de los venezolanos y particularmente de los trujillanos convoco al país entero sin distinción alguna, superando escollos así como dificultades, para presentarle al mundo entero, especialmente al mundo eclesiástico la divina fe y el convencimiento absoluto que ha hecho de José Gregorio Hernández el santo de la vida, el santo del pueblo, el santo de la esperanza y la unión. La fe y devoción popular dada al Siervo de Dios hace mucho en el tiempo y el espacio lo hizo el santo de los milagros, el apoyo del necesitado, el clamor del enfermo y la convicción del satisfecho.
El Venerable gracias a Juan Pablo II que lo decreto en 1986, el medico de los pobres, es en este momento de dificultades y angustias, la fuente principal de fe y esperanza que los nacidos en esta tierra de gracia, tenemos. Su presencia en cada uno de nosotros resume la espiritualidad y vocación solidaria tan necesaria para los actuales tiempos. La visión humanista que Venezuela amerita  tiene en la vida y obra del Dr. José Gregorio Hernández una estructura de ejemplo y orientación. Sus enseñanzas son parte de lo que debemos reconocer como ejemplo de vida y actuación. El José Gregorio santo, solidario y humanista, el José Gregorio civil, que se condujo precisamente bajo la visión civilista en la vida pública,  es para el Estado Trujillo y para el mundo católico y no católico,  un camino que ofrece una ciudadanía innovadora en espiritualidad y fe, que solvente nuestras diferencias y nos haga más integrales, tolerantes y servidores.
Ese es el milagro del Dr. José Gregorio Hernández, la demostración de unión y afecto que se vivió el Domingo y días antes, a lo largo de la vía que conduce a Isnotu, donde con la debida entrega y compromiso miles de compatriotas nos concentramos en esta bella parroquia Rangeliana para celebrar los ciento cincuenta años de nuestro santo.
 Cada ser humano presente se sintió hermano del otro, amigo del de al lado. Una mano amiga se apretaba de otra que por cansancio casi no llegaba, una sonrisa  del futuro  indico siempre  la emotiva gestión que en nombre de Dios exigió, pidió y oro para que la Iglesia del mundo escuche la activa devoción al médico de los pobres. Como dijo nuestro querido sacerdote Walkeli Araujo en la misa del sábado horas antes de la peregrinación ...” Nuestra Iglesia lo que va a hacer es permitirnos a los católicos que el Dr. Hernández sea ejemplo a seguir, que con sus enseñanzas, su vida solidaria, su esfuerzo y entrega a los demás, su nobleza pura de alma y corazón, sea un modelo que debemos abrazar  y compartir, porque por esa vida de entrega  total  a los parámetros católicos el pueblo ya hizo santo a José Gregorio Hernández”.
Leonardo Alfredo Montilla Delgado
montillaleoa@gmail.com
@LeoMontilla

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domingo, 29 de junio de 2014

RAFAEL MUCI-MENDOZA, ELOGIO DE JOSE GREGORIO HERNANDEZ

Supo además Hernández al recetar, mantener la moral de los pacientes...

José Gregorio Hernández (octubre, 1864 - junio, 1919), ¿quién no le conoce?:

Ciudadano preclaro, médico, profesor universitario, maestro, académico, siervo de Dios en vías de santificación. Alborozados celebraremos un sesquicentenario de su natalicio en turbios y angustiados tiempos de inversión de valores, de materialismo exacerbado y de odio a la excelencia.

Cristiano devoto y estudiante insigne marcó un cambio en la medicina nacional hacia su modernización con la fundación de las bases de la medicina experimental que trajo en sus alforjas a su regreso de Europa. 

Supo además Hernández al recetar, mantener la moral de los pacientes; y una buena moral es casi siempre la mejor medicina y a veces la única que nos es dable recetar a los médicos, especialmente en tiempo como el actual, de una tremenda crisis humanitaria en salud provocada exprofeso, traída de la mano por vende patrias y prácticos de la medicina importados desde Cuba que sólo malas mañas pueden ensañar a nuestros jóvenes, una ciencia milenaria transformada en fábrica hacedora de prácticos sin ortografía, expedición ni erudición.

El presidente Juan Pablo Rojas Paúl (1826-1905) y sus asesores comprendieron que había que buscar novedosas verdades en Europa para inyectar sabia nueva en el vergel médico local y le brindaron el apoyo moral, económico y patriótico para formarse y traer conocimientos y un laboratorio completo, vale decir, la mejor semilla para enterrarla en la entraña generosa de la patria. Dio generosos frutos. ¡Qué decir de los venezolanos en Irlanda abandonados por el gobierno cubano que nos esclaviza y nos degrada!

La medicina involutiva de factura socialista que se enseña en el país, suerte de correa sin fin de enlatados, ha traído al tapete diagnósticos de clorosis, histerismos y suicidios por amor...

Addendum

José Gregorio fue un megalito de virtudes; adquirió en 55 años de existencia experiencia de la vida, un saber que está más en función de la profundidad con que se vive que del tiempo, breve o largo, que se ha vivido... 

En contraposición, el régimen que en mala hora implantó Chávez, por arte de sus vicios ha envejecido en 15 años, mostrando sus fealdades como el alcohólico que prostituye su oportunidad de vivir llenándola de vileza, resentimiento, codicia y traición al país y a sus instituciones, aquellos a los que juró servir y no servirse. Cocinado en su maldad, como la manzana podrida, contaminó aquellos a quienes tocó haciéndoles abjurar a sus principios y lealtades. José Gregorio supo que venía a construir, a dejar una estela de realizaciones, nunca a destruir, a transformar en un emporio el don confiado. Hoy le recordamos agradecidos por su ejemplo y rectitud.

Por nuestra parte, nos fuimos acostumbrando a convivir con la basura intelectual y espiritual de rateros sin continencia, de lenguaje  ordinario y marginal, de comportamiento delictivo y criminal. Timoratos, nunca, como era nuestro deber tuvimos el coraje de hacer cumplir el Artículo 350° de nuestra Constitución que nos incita a ¨desconocer cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos¨.

Es tiempo de sacudir la basura sin esconderla bajo la alfombra, es tiempo de justicia haciendo pagar a los responsables la cadena de estropicios intencionados infligidos al alma nacional, a sus arcas y a su gente...

Rafael Muci-Mendoza
rafaelmuci@gmail.com
@MuciMendoza

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sábado, 2 de noviembre de 2013

JUAN MARÍA LEONARDI VILLASMIL, CARTA DE SU OBISPO, MONS. C. OSWALDO AZUAJE P., AL PUEBLO DE DIOS EN TRUJILLO, LA VOZ DEL PASTOR

Últimamente se ha traído a colación  la beatificación del Venerable José Gregorio Hernández,, esta carta de Mons. Azuaje es muy orientadora.  Jumalevi.

En la hora de su muerte se recuerda de Santa Teresa de Jesús, la gran santa española, aquel hondo suspiro –tal vez de consuelo, tal vez de santo orgullo, o las dos cosas- “en fin, muero hija de la Iglesia”. Ser de la Iglesia es estar en comunión de fe, esperanza y amor con los hermanos bautizados y congregados por el Espíritu Santo, realizando la voluntad de Jesús de “edificar” sobre la roca de la fe de los apóstoles, encabezados por Pedro, su comunidad.

El Dr. José Gregorio Hernández es para Venezuela y para los venezolanos un “hijo de la Iglesia”. Nacido en Isnotú, en nuestro Trujillo, hace 149 años, fue médico, científico, brillante profesor universitario y, sobre todo, cristiano. La opción profunda que rubricó la dirección de su vida fue la búsqueda de Dios. No en vano intentó definir su vida en una orden contemplativa, lejos del mundanal ruido, en la Cartuja de Farneta, Italia, pero su salud le fue desfavorable y un signo de que Dios lo quería para otra cosa. Finalmente, como laico comprometido, se consagró como terciario franciscano en su segunda patria chica, Caracas. Este “toque de fe profunda” que le acompañó a lo largo de su vida hizo de él el médico de los pobres, el científico serio, el magnífico profesor, el hombre de Dios que llenaba de espiritualidad su vida e inspiraba respeto en los no creyentes. Dios fue marcando su huella profunda en el corazón hasta el momento mismo de su trágica muerte, mientras realizaba su última obra de caridad hacia una enferma. Dicen que sus últimas palabras de sorpresa ante el inevitable accidente fueron ¡Virgen Santísima!
Estamos a la puerta de los 150 años de su nacimiento y con una gran expectativa por su deseada beatificación. Los Arzobispos y Obispos de Venezuela acompañamos este deseo del pueblo de Dios: lo queremos como modelo de santidad, y  ojalá que pronto. Algo parecido con lo acontecido en todo el mundo luego de la muerte del papa Juan Pablo II en abril de 2005, en Roma se leían pancartas que decían en italiano: “Santo súbito”, que quiere decir, “Santo cuanto antes”. Pronto tendremos, el 27 de abril de 2014, la canonización de Juan Pablo II y de Juan XXIII, dos gigantes de santidad de estos dos últimos siglos.
¿Y por qué se tarda tanto en beatificar a José Gregorio Hernández? Sus virtudes fueron aprobadas por la Iglesia como “heroicas” en 1986. Sin embargo, falta el milagro. Lo han reiterado el Cardenal Jorge Urosa, Arzobispo de Caracas y Monseñor Fernando Castro, vicepostulador de la causa: “Para que una curación sea admitida como verdadero milagro, es absolutamente necesario que sea instantánea y total, no explicable desde el punto de vista médico. No basta una curación lenta y progresiva, ni incompleta o parcial. Tampoco una curación sorprendente cuando se han aplicado los oportunos tratamientos médicos. Además, es necesario que el enfermo - de ser posible -, y sus allegados hayan invocado expresamente la intercesión exclusiva del Dr. José Gregorio Hernández para obtener de Dios misericordioso la gracia de la sanación. Es decir, la gracia de la curación debe ser fruto de la oración comunitaria de una familia, de unos vecinos, de una comunidad religiosa. La oración individual es muy buena; sin embargo, para autenticar un milagro se requiere el testimonio de muchas personas, y eso se consigue con la oración comunitaria. No basta el testimonio de una sola persona”. Será entonces la Iglesia, como ha sucedido con todos los santos canonizados hasta ahora, la única que declarará la santidad del Dr. José Gregorio Hernández. El Cardenal Urosa insistía el 26 de octubre, en declaraciones dadas a la prensa, en la necesidad de que podamos conocer pronto un verdadero milagro del venerable.
Asimismo aclaro que el nombre del santuario de Isnotú es el de “Santuario del Niño Jesús de José Gregorio Hernández”, pues ese fue el nombre que le otorgó mi antecesor en el episcopado trujillano Monseñor José León Rojas Chaparro en documento escrito. Hay una tradición documentada de que la imagen del Niño Jesús fue del Dr. José Gregorio Hernández. No existe, por tanto, el Santuario del Dr. José Gregorio Hernández puesto que todavía no tiene el culto que se le otorga a un santo. Al respecto es necesario conocer un instructivo emanado por la Arquidiócesis de Caracas el 13 de septiembre del presente año.
Agradezco tanto a los organismos gubernamentales como a los colaboradores particulares y empresas privadas la ayuda que están brindando al Santuario del Niño Jesús del Dr. José Gregorio Hernández para su refacción y renovación. Todo se haga con espíritu de servicio a la comunidad de creyentes y con humildad, que es la virtud de la verdad. Como pastor de esta Iglesia de Trujillo no apruebo la politización –sea de la dirección que sea- de la misión pastoral que la Iglesia desempeña en Isnotú. Como Iglesia y como ciudadanos respetamos el papel que desempeñan los políticos en una sociedad democrática, pero también pedimos se respete la misión de la Iglesia Católica en el ámbito de la fe religiosa. La Iglesia no se compromete con ninguna opción política, incluso cuando ilumina la vida social desde la opción por el evangelio.
En Isnotú la Iglesia de Trujillo se compromete en la promoción de los valores que formaron la espiritualidad del insigne hijo de esta tierra, el Venerable Dr. José Gregorio Hernández.
El testimonio del Dr. José Gregorio Hernández es algo que nos queda por descubrir. No basta que le pidamos ore a Dios por nosotros, no basta que esa petición se transforme en el milagro requerido para la beatificación. Es necesario que reconozcamos en él a un amigo de Dios, un hermano que nos da el mejor ejemplo de vida recta, un médico del cuerpo y del alma.
Que la paz y la alegría abunden en el corazón de todos los trujillanos. Nos abocamos a un Sínodo que nos convoca para renovar la fe en Jesucristo y hacer de nuestra vida un testimonio misionero que transforme la tristeza en gozo y la pobreza en la riqueza de la amistad y la solidaridad. Si queremos que las cosas cambien en mejor es necesario que nos dispongamos a un cambio en nuestros corazones, a una nueva efusión del Espíritu Santo, como en Pentecostés. María, Reina de la Paz, ruega por nosotros.
Mons. C. Oswaldo Azuaje P. OCD.   Obispo de Trujillo. Trujillo, 27 de octubre de 2013
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