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LA LIBERTAD, SANCHO, ES UNO DE LOS MÁS PRECIOSOS DONES QUE A LOS HOMBRES DIERON LOS CIELOS; CON ELLA NO PUEDEN IGUALARSE LOS TESOROS QUE ENCIERRAN LA TIERRA Y EL MAR: POR LA LIBERTAD, ASÍ COMO POR LA HONRA, SE PUEDE Y DEBE AVENTURAR LA VIDA. (MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA) ¡VENEZUELA SOMOS TODOS! NO DEFENDEMOS POSICIONES PARTIDISTAS. ESTAMOS CON LA AUTENTICA UNIDAD DE LA ALTERNATIVA DEMOCRATICA
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domingo, 23 de agosto de 2015

GUSTAVO BRICEÑO, LA MUD Y OTRAS COSAS

Ciertamente, no me encuentro entre aquellos que critican a la MUD. Entre otras cosas, estamos en pleno proceso electoral y desde el punto de vista estratégico, me invalida asumir posiciones muy críticas frente a una conducción política que tiene sus cosas buenas como sus cosas malas.

No es en lo absoluto preocuparse por las diversas opiniones que en ella se suscitan diariamente, eso es Democracia,  libertad de ideas e intereses que lógicamente lo deben existir en una reunión donde existen una complejidad de personas y posiciones que, el solo hecho de conducirlas bajo un mismo carril, es ya una posición alentadora en el sentido que pueda lograr sus fines bajo una solemne mirada común. Lo que hasta cierto punto preocupa y lo expreso con cierta antelación, es la ausente posibilidad de dialogar con la sociedad civil, de tanto en cuanto es la actora fundamental de las decisiones que allí se deberían tomar.

Modestia mía, pero me siento estudioso del proceso chileno que llevó de nuevo a la Democracia a Chile después de los años de la dictadura de Augusto Pinochet. La mesa de la Unidad Chilena, en sus momentos más difíciles,  y con fusiles y tanques amenazando a la población, conversaba de manera programada con los miembros de la sociedad civil. Recogía de ella sus inquietudes, sus informaciones y sus angustias, y luego, a través de una locución pública cada fin de semana, indicaba las formas y las circunstancias de la campaña y todo lo que significaba para la población chilena el proceso hacia el mundo de la libertad. Había desde luego, una identificación unitaria y material entre los políticos de la mesa de la unidad, miembros de todos los partidos, y la sociedad civil quien era ella, al fin y al cabo, la actora y destinataria fundamental de la extraordinaria contienda. El resultado fue el de todos conocidos: salió la dictadura y entró la democracia.

La MUD, es la simple y no menos importante reunión solo de actores políticos, lo que significa que todas las estrategias y discusiones públicas o privadas se diluyen en la actuación proveniente de hombres militantes de partidos políticos u agrupaciones partidistas, lo que explica la parcialidad de muchas de sus decisiones. He aquí y con ello, un problema esencial, perfectamente corregible y suficientemente alternativo, para lograr una conducción política que incluya entonces a todos los sectores democráticos del país. 

Esta ausencia de comunicación con la sociedad civil  es lo que ha provocado disparidades e inquietudes de personas que con legítimo derecho aspiran a un curul en la Asamblea Nacional fuera de los parámetros de la MUD, con las consecuencias perniciosas que esas conductas personales de disidentes afectan el voto democrático en las urnas electorales. 

Creo que a estas alturas, lo más conveniente es instar a la MUD y con ello la fortaleceríamos, en la necesidad urgente de que debe vincularse a la sociedad civil y de allí obtener las estrategias adecuadas para contrarrestar las actuaciones de esta terrible y malhechora autocracia. Es un sacrificio formal con el país de los políticos de los partidos, muchos de ellos con buenas intenciones, pero que de hacerlo actuarían suficientemente en beneficio de una nación fielmente maltratada por un diablo incandescente que actúa sin escrúpulos y sin límites. Atajar esta posibilidad es impostergable para que en un futuro no muy lejano no digamos la MUD y otras cosas, sino la MUD y sus grandes cosas. Así lo creo.

Gustavo Briceño Vivas
gbricenovivas@gmail.com
@gbricenovivas

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lunes, 27 de abril de 2015

GUSTAVO BRICEÑO, EL EXAMEN DE LOS PRESIDENTES EN LA CUMBRE

El tema de esta semana ocurrió con la Jornada de la VII Cumbre de jefes de Estado en la ciudad de Panamá para conversar y llegar a acuerdos sobre los grandes problemas en América Latina. 

En esta oportunidad, nuestra atención estuvo centrada en los discursos fastidiosos o interesantes de los presidentes de los países representados. 

Fueron 34 presidentes, pero que aquí con la venia de ustedes, mis lectores, me atrevo a hace un examen de cada uno de ellos (no de todos porque no cabrían en esta opinión), y con la nota que les corresponde entre 1 a 20 puntos, haciendo lo imposible por determinar una apreciación lo más objetiva, haciendo el esfuerzo de olvidarme de mis inclinaciones ideológicas o algo por el estilo.

Empecemos:

Juan Manuel Santos (Colombia): Un discurso sin nada de especialidad. Mucha retórica sobre lo mismo y proponiendo una cumbre futura en materia educativa que lo hace como para que se dé la impresión de que algo propone o dice. En general no fue malo. Fue el primero y eso tiene mérito: 14 puntos.

Enrique Peña Nieto (México): Lo normal, sin grandiosidad, latinoamericanismo clásico, un demócrata aburrido, sin nada que discutir a lo que se dice en todos esos escenarios: 13 puntos.

Barack Obama (Estados Unidos): Excelente. Habló del futuro cercano y admitió con franqueza que su país ha cometido grandes errores en materia de derechos humanos. Hizo referencia particular al deseo de conjugar esfuerzos con Latinoamérica sin decir un país en particular. Pensamos que fue Cuba: 18 puntos

Nicolás Maduro (Venezuela): Mediocre. Se creyó que estaba en un mitin populachero en Catia y no en un escenario internacional. Fue todo el tiempo dando la mano a su adversario (la cámara la mostraba) –que este ni se enteró– pero del mismo modo, insultándolo. Típico de un peleón insoportable y pecaminoso: 06 puntos

Dilma Rousseff (Brasil): Fue todo el tiempo una tradicional incógnita: la jefa de la ambigüedad. Fue para todos lados y no dijo realmente nada. Se cuidó mucho: 11 puntos

Cristina Fernández (Argentina): Estaba como brava, riéndose de sí misma, y diciendo puros disparates con demagogia pasada de moda. Realmente yo de verdad me quedé un poco dormido en ese momento: 08 puntos

Rafael Correa (Ecuador). Súper cursi –como un malandro bien vestido–, pero no por lo que dijo realmente, sino por la muestra elocuente del fastidio de señalar su impotencia enfermiza, siempre lo mismo frente a los Estados Unidos. El complejo de inferioridad de antaño. A los dos minutos de empezarlo a oír me dio un hipo muy fuerte: 05 puntos.

Juan Carlos Varela (Panamá): brillante, de verdad, resumió la idea de la cumbre y salvaguardó a los acomplejados amigos de Chávez. Los de los petrodólares. Tocó y valoró el tema de la Democracia. Por ser conciliador: 19 puntos

Ollanta Humala. (Perú). Muy retórico, un poco pesado, se ha podido lucir y no lo hizo. Fue una lástima. Perdió una buena oportunidad por efectos de su política interna: 12 puntos.

Raúl Castro: (Cuba): el horror pendular, incorregible, bastante anciano. Se le olvidó decir lo de los fusilamientos en Cuba. Asombro total. Tedioso. Tenía un apuntador. No le creemos lo que dijo de Obama. Pobre Venezuela, en estos tiempos se le ha olvidado bastante: 05 puntos.

Daniel Ortega: (Nicaragua). Nos hizo recordar a Chávez. Otro pertinaz acomplejado, pero escondido y que Obama no lo vea: 04 puntos.

Juan Orlando Hernández. (Honduras). De seriedad bueno. Viva el Estado de Derecho y la constitucionalidad. En general interesante: 17 puntos.

Tabaré Vásquez (Uruguay): a pesar de que habló mal del decreto de Obama, fue comedido y propuso ideas interesantes: 15 puntos.

Horacio Cartes (Paraguay). Es curioso; incluso, objetivamente al hablar de la falta de alimentos en Venezuela, lo hizo con cierta injerencia, pero lo hizo muy bien: 17 puntos.

Luis Guillermo Solís (Costa Rica): Dijo algo muy obvio, pero lo dijo de manera amable y con certero conocimiento, que las cumbres son para arreglar los desafíos de América Latina: 14 puntos.

Evo Morales (Bolivia): Este es mejor no calificarlo, se los digo con cierta seriedad. O también le ponemos “N. P.”

Gustavo Briceño Vivas
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viernes, 3 de abril de 2015

GUSTAVO BRICEÑO, ¡SÍ HAY UNA AMENAZA!

En estos días se ha configurado entre los corrillos políticos, y aún más, el tema de si el decreto del presidente Obama que ordena la sanción a unos funcionarios venezolanos era o no una intervención en los asuntos internos del país. El gobierno por supuesto ha vociferado en todos lados que ha sido una injerencia fatal, que ha soslayado la soberanía de Venezuela y en especial el pueblo de Venezuela. Sin embargo, y para asombro de muchos, gente de la oposición ha acompañado estos disparatados criterios del gobierno.

Ciertamente, y en primer lugar, quizás porque soy jurista, siempre debo justificar el basamento legal del decreto presidencial del presidente norteamericano, y encuentro que existe una ley –de nivel constitucional– en Estados Unidos, donde para sancionar funcionarios extranjeros deben justificarse constitucionalmente, esto es, la base legal de la sanción a estos funcionarios venezolanos tiene su fundamento en la declaración de amenaza de un país extranjero previamente normado en una ley nacional. Entre otras cosas, es plenamente justificado que el presidente de un país, como Obama, pueda en uso de sus propias atribuciones legales afectar de una u otra forma la vida de los norteamericanos y de su total territorio.

A estos fines, el decreto de Obama que ordena la sanción de funcionarios venezolanos solo afecta en suelo americano y no venezolano.

Pero, al margen de la expresada disertación, el problema no es ese. La situación cacareada por el gobierno venezolano desvía intencionalmente lo trascendente del problema, y es que siete funcionarios han sido sancionados por violar los derechos humanos y por abusivos actos de corrupción en Venezuela, lo que determina que la sanción a estos individuos solo tienen efecto en territorio de Estados Unidos y no en nuestro país. Eso es lo verdaderamente grave.

Ante estos acontecimientos, y aparte de la consideración de la justificación o no del decreto presidencial, si tomamos en puridad de conceptos que en Venezuela se violan los derechos humanos; no se permite la disidencia; se encarcela a los dirigentes que no comulgan con las políticas del gobierno, y se utiliza la justicia para encarcelar opositores, en fin, la democracia como sistema político se encuentra en los olvidos sustantivos de las gentes en Venezuela especialmente de sus estructuras gubernamentales. Este decreto sí se encuentra justificado y sí es una amenaza, no solo para Estados Unidos sino para el resto de los demás países de América Latina.

Uno de los aspectos de la crisis que vive nuestro país no solo es económica y política, también es moral y diría hasta ética, porque es lamentable pensar e imaginarse que todavía existe en políticos venezolanos (sobre todo los que son de oposición) un cierto prurito de antiyanquismo cultural que de aprobar y respaldar el decreto de Obama y de decirlo públicamente sería así como ir contra un pueblo que es antinorteamericano por excelencia, y de allí el temor de decir la verdad. 

Definitivamente, estamos en presencia de una dictadura perversa, que no respeta en lo absoluto el Estado de Derecho y el principio de la constitucionalidad de los actos de los poderes públicos y que aplica con toda magnitud la inolvidable frase de que el fin justifica los medios. ¿Quién puede dudar de que lo que digo es la pura y simple verdad?

Entonces, meditar es importante a estos efectos, porque cualquier dictadura afecta los intereses de cualquier país en el mundo, por cuanto, al carecer de límites en su comportamiento social y político, se une y es capaz de apoyar cualquiera otra dictadura que menoscabe los derechos humanos y las libertades de una determinada sociedad. Así las cosas, la crisis del país es: no decir la verdad de lo que se piensa; no enfrentar la realidad como debería; y no asumir los principios que nos enseña la idea de un país distinto donde la democracia sea desde luego un valor esencial y tangible.

El país muy tristemente se cae y se disuelve; en estos días, me encontré con un político de la oposición, y me dijo que la intervención de Estados Unidos era exagerada e injerencista por cuanto había declarado que Venezuela era un peligro o una amenaza para Estados Unidos. Su argumentación fue que él visitaba el pueblo y que este era muy proclive a ser antinorteamericano. Después de oír esa frase, verdaderamente hablando, me di cuenta de que el país ahora está peor de lo que yo imaginaba. Así lo Creo.

Gustavo Briceño
gbricenovivas@gmail.com
@gbricenovivas

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lunes, 16 de febrero de 2015

GUSTAVO BRICEÑO, ¡ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA!

La verdad es que era imposible creer lo que está sucediendo a escala internacional con el caso de nuestro sufrido y exasperado país: Estados Unidos de Norteamérica apoyando la democracia venezolana, en cambio los países “hermanos latinoamericanos” haciendo mutis ante tales desbarajustes. Digo esto, por cuanto ha existido, sobre todo después de la denominada Guerra Fría, la creencia de que Estados Unidos actúa siempre con intereses comerciales y en discriminación con ciertos países latinoamericanos. Ahora se demuestra lo contrario: Estados Unidos defiende abiertamente la democracia y los gobiernos latinoamericanos se cuidan de no pronunciarse contra el gobierno venezolano. Es cierto que existen individualidades de países latinos que se han pronunciado, pero esto es cuando han dejado de ser presidentes, pero no como gobernantes en ejercicio de sus funciones políticas y especialmente de gobierno.
Nos preguntamos: ¿qué interés comercial pudiera tener Washington para apoyar a los demócratas venezolanos en los actuales momentos de la vida social y económica? ¿Cuáles serían las razones internacionales y mercantiles de Estados Unidos para ayudar a los venezolanos a levantar la voz en el mundo y decir que en Venezuela lo que existe es una dictadura perversa? Ninguna: Estados Unidos está actuando, especialmente su Congreso y por cierto republicanos, bajo el estricto sentir de acompañar la valoración de la democracia y sustentar un evidente y buscado régimen de libertades políticas, de allí la necesidad de señalar, sin la menor duda, que en ese gran país existe una Democracia –la pongo con mayúscula– con todas sus virtudes y todos sus defectos, pero democracia al fin. De allí su proyección política como un imperio de magnitudes incomparables. Al contrario de ello, y es muy triste reseñarlo, los países y sus gobiernos de América Latina que dicen ser nuestros hermanos del alma o hacen caso omiso del problema venezolano, o se manifiestan a favor de este desgastado e inhumano gobierno. Son las paradojas de la vida, que retratan muy nítidamente el problema de la cultura latinoamericana y que proyecta en la verdad de los hechos una actitud poco democrática. Nos falta lo esencial: cultura democrática. Nos corresponde, especialmente a los latinoamericanos en el mundo recapacitar, convocarnos, valorar e investigar esa ausencia de cultura por obtener países con libertades, lo que crea ciertamente, un sentimiento antinorteamericano producto de complejos de inferioridad y sobre todo de envidia frente a un gobierno como el de Estados Unidos que hoy día abiertamente se pronuncia contra los desmanes de un régimen harto de crueldades y de violaciones constitucionales. Ciertamente, convivimos momentos muy difíciles en nuestra dilatada y sufrida historia venezolana, lo cual interesa nuevamente escaparse física y mentalmente del problema de la desesperanza y de la inmovilización. La democracia es un valor fundamental, sobre todo en las intimidades del ser humano, por ello, me pregunto y ya para terminar: ¿por la democracia vale la pena luchar de cualquier manera y como sea? Si ello implica y supone la búsqueda de la libertad, no me resta más que decir que sí.  Así lo Creo.
Gustavo Briceño Vivas
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sábado, 31 de enero de 2015

GUSTAVO BRICEÑO, CON CARÁCTER OBLIGATORIO

En estos días, conversando con un amigo que labora en un órgano del Estado, me comentaba que los empleados y obreros de la administración pública les enviaron un oficio según el cual debían acudir al mitin de Maduro por motivo de la celebración del 23 de Enero con carácter obligatorio. 
Obligación que se materializa no solo yendo a la concentración, sino que del mismo modo eran sujetos a una lista en pleno mitin y debían decir “presente” de su asistencia, tal como cualquier escuela de párvulos o de bachillerato. 
Se acompaña el susodicho oficio con la obligatoriedad de ir vestido de rojo en pantalón y camisa. Esto es realmente lo más humillante que se puede oír en una dictadura por cuanto, además de violar absolutamente la Ley del Estatuto de la Función Pública, que lo expresa de manera formal como una prohibición de manifestación política por parte de los funcionarios al servicio del Estado, tiene de igual forma su respaldo constitucional, de manera, pues, que la vulneración del derecho del agente del Estado de no asistir obligado a una manifestación política es evidente.
Ahora bien, ¿qué nos queda a los demócratas y libres pensadores frente a tal ignominia? ¿Qué podemos hacer frente a tal vergonzoso atropello social hecho por un gobierno inescrupuloso e incapaz?: protestar fuertemente contra ello, pero debemos indicar que existe igualmente una condición que deberá manifestarse en la naturaleza del propio funcionario obligado, y es su denuncia formal y su rebeldía ordenada ante los órganos competentes. He aquí el problema principal, la valentía en responder con otra manifestación que de una u otra forma reaccione abiertamente e impida semejante humillación. Solo así se podrá curar esa herida fatal que permanece en la intimidad del empleado, en su expediente mental, que transita por los órganos administrativos del Estado.
La democracia no solo es el disfrute de la libertad con armonía y dedicación, y bajo parámetros formales; muy al contrario, la democracia es lucha por la libertad y sus consecuencias, por sus beneficios y sus obligaciones, en fin, sus calamidades y sus alegrías, es un combate a diario por el todo que se magnifica cuando ocurren hechos como los descritos, perseguidos por situaciones jamás vistas en nuestro país.
Además, y ya para concluir, la situación de humillación no solo no se justifica por lógica referencia legal y constitucional, sino que una dictadura como la que tenemos no tienen atribución alguna para celebrar la caída de una dictadura como fue la del general Pérez Jiménez, es decir, una dictadura celebra otra dictadura. Impávida situación saturada de coloridos y diagramas harto incomprensibles, para lo cual los ciudadanos y no los simples habitantes desconcertados estamos, cuando estas situaciones ocurren en nuestro mundo actual.
Como expongo a mitad de artículo, la democracia es lucha y combate, acarrea, pues, un Estado de conciencia latente que debe acompañar nuestras acciones y peripecias en el andar de la vida. Ello exige manifestación diaria de un compromiso con los que nos rodean y más con nosotros mismos, una situación como la descrita no puede ser consentida por un pueblo, más cuando las leyes de ese país consagran la libertad como un valor esencial.
Hay que fijarse realmente en esto, no vaya a ser que amanezcamos de pronto en una situación peor, y un buen día recibamos una orden presidencial que diga: Se acabó la libertad y tiene carácter obligatorio. Así lo creo.
Gustavo Briceño Vivas
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martes, 20 de enero de 2015

GUSTAVO BRICEÑO, LAS ANDANZAS DEL SEÑOR MADURO

GUSTAVO BRICEÑO
Es pecaminoso conversar sobre una actividad donde el sabor a la falsedad es la materia dominante. Más, cuando de intereses de la república se trata alcanzando un país como el nuestro con decadencia en todos los aspectos de su vida social, económica, política, etc.

El señor Maduro llega a Venezuela después de un viaje agotador y original por los países de Asia incluyendo a la China milenaria. Allá en aquel mundo tan distinto al nuestro, pretende solicitar un préstamo para coadyuvar y solventar a Venezuela de las dificultades económicas y políticas que vive, justamente producto de unas políticas practicadas después de 15 años sin correspondencia alguna con lo que debe considerarse un país desarrollado y próspero, muy al contrario, en consonancia perfecta con una presunta conducción socialista pasada de moda, lo más desdeñable en terca y confusa alusión a un esquema subdesarrollado inimaginable en una época de globalización y de modernidad. 

Son entonces andanzas (aventura o peripecia que experimenta una persona, especialmente durante un viaje, Diccionario de la Real Academia), o también, caminos intransitables y tortuosos, o mejor tragedias, por cuanto, es de por sí contradictorio decir que el país vive un socialismo feliz, pero del mismo modo se admite tácitamente que el país está mal administrado y por ello la razón de un préstamo millonario en dólares a una nación como China que tanto históricamente ha dado por hacer en la humanidad.

Desafortunadamente, eso que significa pena ajena se materializa en las giras presidenciales con plena resonancia y verticalidad. Así las cosas, nunca ha ocurrido que un presidente ande por el mundo pidiendo prestado para solventar deudas y crisis económicas sin dar nada a cambio. Se da y mucho. 

La pregunta que nos hacemos los venezolanos hoy día es: ¿qué ofrece el presidente a cambio de un préstamo tan excesivo? El Plan Marshall por ejemplo, abarcó a la totalidad de Europa desvastada por la guerra y en apenas dos años Alemania y Francia estaban en posición de ser países industrializados. Fue evidentemente producto de una buena administración de esos recursos dados por Estados Unidos, para lo cual alcanzan hoy días los países desarrollados.

Este presidente va a China a solicitar un préstamo, sin decirles a los venezolanos cuáles son las bases del préstamo y qué debemos dar a cambio, lo que significa una actitud de inconsciencia, si pretendemos y a si quisiéramos convertirnos en un país desarrollado con poca marginalidad y congruente desarrollo. La omisión de informarnos nos viola nuestro derecho humano a la información y a la necesidad que tenemos los venezolanos de ser responsables o copartícipes con las actuaciones que hace el Estado en el ejercicio de sus variadas funciones de gobierno y administración. Son entonces andanzas de un presidente, incapaz de explicar sus actuaciones. Me pregunto: ¿qué está en juego con dichos préstamos y cuáles sus consecuencias? Podría darles una respuesta más precisa si de verdad viviéramos en una democracia. Así lo creo.

Gustavo Briceño Vivas
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domingo, 11 de enero de 2015

GUSTAVO BRICEÑO, ¿EXISTE UN MIEDO DEMOCRÁTICO O UNA APATÍA?

GUSTAVO BRICEÑO
Cuán difícil es encarar un sistema democrático, si entendemos por democracia el gobierno del pueblo. En América latina, los gobiernos luchan por la materialización de la democracia, que a cada tiempo toca la puerta de los pueblos. 

Es significativamente necesaria e importante la encarnación de mecanismos formales, a los fines de lograr un gobierno y un ciudadano, principalmente, que se sacrifiquen para la obtención de resultados satisfactorios. Es, desde luego, precisar que la democracia no solo es una exigencia de comportamiento para los gobernantes, no solo ellos deben cumplir con las leyes, sino en una democracia el factor ciudadanía es fundamental para encarar el progreso y el desarrollo de ese pueblo.

Me refiero concretamente a eso que se llama apatía del venezolano frente a los problemas socios-económicos que sufre a diario. Asombra en cierto modo la conducta de los venezolanos muy nítidamente cada vez que, por ejemplo, el señor Maduro insulta públicamente a la gran clase media. La democracia no solo es un conjunto de situaciones sociales y políticas formalmente indicadas en las leyes o incluso en los tratados internacionales. La democracia no se agota en la separación de los poderes públicos, ni solo en la autonomía formal del Poder Judicial, ni en la materialización constante de un Poder Electoral autónomo, ni en simples elecciones cada cierto tiempo. Se incluye en la democracia un elemento subjetivo francamente de carácter personal y definitivo que influye en el enfrentamiento de los problemas, llamemos cotidianos, y es la actitud y el comportamiento personal de cada uno de los ciudadanos. Sin ello no hay democracia, sin ello incluso no hay libertad, que es lo que ha existido y ha faltado desafortunadamente en América Latina y muy especialmente en Venezuela donde se configura al menos una formal democracia en los libros, pero una ausencia marcada de comportamiento democrático en los ciudadanos venezolanos.

Por esta razón es que desde 1830 para acá los gobiernos venezolanos han sido más o menos democráticos o más o menos autocráticos. Es, desde luego, un comportamiento individual e histórico que Venezuela ha sufrido con tenacidad y envergadura. La culpa de ello la tenemos los propios hombres y mujeres que han transcurrido y que han hecho lo que hoy es Venezuela. Claro está, los gobernantes han tenido exceso de culpabilidad en ello, por cuanto el ejemplo de ciudadanía al menos ha estado ausente.

El miedo y la apatía son claros ejemplos, son rasgos enfermizos y antidemocráticos para poder reclamar y protestar por las políticas de los gobiernos que violan las leyes, y frente a ello no reaccionamos como deberíamos. Seguimos mal frente a la sociedad, solo los reclamos de voces aisladas persiguen despertar la mentalidad social y política de un país que pierde la democracia a diario, así, la posición personal de ser ciudadano se encuentra alejada, digamos, al margen de nuestra realidad como debería ser.

En estos días se configuró un evidente golpe de Estado cuando los representantes del gobierno violaron la Constitución de forma directa para designar sus autoridades públicas, sin embargo, no reclamamos como deberíamos frente a ese atropello a la sociedad, y así pasa el tiempo y los ciudadanos somos cómplices de esa violación constitucional. No me resta más razón. Así lo creo.

Gustavo Briceño Vivas
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viernes, 26 de diciembre de 2014

GUSTAVO BRICEÑO, ¡ASÍ ES QUE SE GOBIERNA!

GUSTAVO BRICEÑO
Lo grave de esto es la mentira que se materializa ya como costumbre. Aquí se aplica aquel dicho, muy nazi por cierto, de que tanto decir una mentira y repetirla mil veces se hace verdad. Cosa incomparable y angustiosa realidad que estamos constatando y viviendo con lo de la tramitación del congreso norteamericano de sancionar a los funcionarios y militares venezolanos por haber violado los derechos humanos durante los acontecimientos y manifestaciones estudiantiles y populares en el presente año.

Me refiero concretamente a la sanción que se impone en los Estado Unidos, que el Sr. Maduro dice que son sanciones contra la patria de Bolívar, es decir, contra Venezuela.

Nada más falso de toda falsedad, todos los venezolanos debemos apoyar esas sanciones, obviamente no contra nuestro país, sino contra individuos que no solo han maltratado los dineros públicos del estado, sino a mi juicio, lo principal: han violado la Constitución que hoy cumple 15 años y que han demostrado al mundo que en Venezuela no se respeta la legalidad a pesar de que siempre sacan a relucir el libro constitucional y dicen ejecutarlo. La mentira como forma de gobernar es una práctica muy común en las dictaduras y en los regímenes autocráticos, por ello, lo triste es ver a empleados del estado, coreando bobamente consignas vacías y falsas sobre una realidad distinta, por lo que en la verdad de las cosas, lo que habría que decir, es lo mal que se gobierna en un país como Venezuela.

Es impecable y moralmente correcta la actuación de Estados Unidos y su parlamento, no es violación a la soberanía como dicen, sino que la violación a los derechos humanos por parte de autoridades públicas, es una situación de cuidado y de carácter  universal manifiesta en el sentido de que cualquier estado, institución, grupos civiles o no, ONG, etc, cuando observen que en un país se violan los derechos humanos debe ser denunciado a nivel mundial. Independientemente de la soberanía del estado, por cuanto los derechos humanos son preferentes (artículo 2 de la Constitución) ante cualquier formalidad que implique soberanía, esta desciende formal y sustancialmente frente al fenómeno del daño y del maltrato provocado a un ser humano por parte de un poder público. Es decir, esa es principalmente, la génesis de la existencia de los derechos humanos en cualquier nación del mundo. Por ejemplo, el holocausto ha debido ser denunciado por cualquier estado del planeta, y eso no hubiera sido intervención de la soberanía del régimen alemán, por esta razón es inconcebible señalar que la decisión del congreso de Estados Unidos es una violación a la soberanía del estado en Venezuela.

En fin, otra mentira más. Sigamos pues, con así es que se gobierna y veremos el desastre de país que nos espera en el futuro. Es, desde luego, una situación remediable, si los venezolanos de forma organizada en sociedad civil altera inmediatamente esa situación. Con democracia se gobierna mejor, sin libertad la gobernanza se hace imposible. No permitamos más gritos falsos. Así lo creo.

Gustavo Briceño
gbricenovivas@gmail.com
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