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lunes, 19 de octubre de 2015

SAÚL GODOY GÓMEZ, LA GRAN REFORMA EDUCATIVA EN VENEZUELA,

Lo repetiré hasta el cansancio, estos 17 años de chavismo son la más clara prueba de que nuestro sistema educativo ha sido un fracaso, la educación en manos del estado no sólo es peligrosa, ineficiente, lenta ante los cambios, sino que además alimenta las corrientes políticas más antidemocráticas y autoritarias; en pocas palabras, la tesis del estado educador es un error.

Si hay algo que una nueva Asamblea Nacional debería plantearse como prioridad es el desmantelamiento de esa hidra de cien cabezas llamada Ministerio de Educación, en todas sus presentaciones.
Una cosa es gobernar, otra muy distinta es educar, la educación debe dejarse en manos de la familia en una primera instancia, de la comunidad organizada, de la libre empresa, de los educadores, y cuando la persona se haya formado un criterio, es la persona quien tiene el derecho de decidir sobre su educación, no los funcionarios públicos y mucho menos los planificadores del estado.
Es sencillo, se educa para satisfacer una necesidad colectiva (la del estado) o se educa para preparar al joven para la vida en libertad.
Esa enorme cantidad de recursos que fueron orientados hacia el sector educativo por parte del gobierno chavista en Venezuela, durante los 17 años de revolución socialista, terminó en una gigantesca vorágine de corrupción y anarquía; permitieron que los cubanos intervinieran en la tarea desvirtuando la enseñanza de valores nacionales, convirtiendo muchos de los textos para los niños en lamentables piezas de propaganda y manipulación malsana; los programas de alimentación escolar terminaron en manos de mafias que, insensiblemente, dejaban que los niños pasaran hambre (cuando no sufrieran criminales intoxicaciones al ingerir comida en mal estado) y no rindieran en sus estudios; los maestros y profesores fueron engañados y explotados con sueldos de miseria y desasistencia social; la construcción y reparación de las escuelas se convirtió en un bingo para los ladrones…
Es patético el actual estado de nuestra educación, alimentada desde hace un siglo por la relación fatal del administrador público contra el educador, en una relación patrón-asalariado que no solo lleva a tremendas injusticias, sino que ha promovido una educación sin alma ni utilidad, que llega a los extremos de prácticamente “deformar” al individuo para amoldarse a una ideología perversa.
Las víctimas somos todos nosotros, el país entero, pero principalmente los estudiantes, nuestro futuro. Y esto quedó en evidencia cuando el gobierno chavista, una y otra vez, intentó secuestrar las decisiones educativas de nuestros hijos para hacer política; intentos que fueron duramente rechazados con una sociedad civil activada y alerta.
UNA EDUCACIÓN MONOLÍTICA
La educación en nuestro país ha sido el laboratorio de experimentación de las más obtusas ideas sociales, se trabaja bajo el supuesto de un estado centralizado como valor absoluto de las virtudes ciudadanas y que abarca todas las actividades de la sociedad; en este sentido, lo que es de interés del estado debe serlo para toda la sociedad, por lo que ¿Quién mejor que el estado para planificar, estructurar y ejecutar los planes educativos de la nación?
Desde una oficina en Caracas se diseña y se emprende las soluciones educativas de lugares tan apartados como Tucupita, en el estado Amazonas, desde la construcción de la escuelita hasta su dotación, diseño del pensum y asignaciones presupuestarias… en esa oficina, a cientos de kilómetros de distancia, se decide quiénes integran la plantilla de maestros, quién será el o la directora, se determina las relaciones laborales, sus prestaciones y beneficios, se monta una cadena de supervisión sin poder de decisión, cuya acción desemboca finalmente en la oficina en Caracas, que es el lugar donde se resuelve todo, hasta lo que se va a vender en la cantina del colegio.
Se trata del modelo centralista soviético de la época estalinista aplicado a la educación, un sistema de gran lentitud, cuyo contenido es uniforme para todas las regiones del país, donde la adaptación y los cambios toman años para realizarse y la atención al alumno y al maestro, se convierte en una de las últimas referencias, en un modelo administrativo donde la dependencia al gobierno central es la clave y el cumplimiento del “programa” la meta suprema.
Es un modelo absolutamente primitivo y paternalista, donde la asociación política se hace indispensable, en el cual la figura de los funcionarios del estado prevalece sobre la de verdaderos educadores y educandos; un sistema que mata de raíz las iniciativas y hace de las innovaciones un pecado, bajo la presunción de que el alumno está recibiendo la educación que el estado necesita para su fuerza laboral futura, bajo planes quinquenales o Planes de la Patria, todo lo demás sobra y se convierte en “ruido”.
EL ESTADO COMO MÁXIMA EXPRESIÓN DEL IDEAL HUMANO
La injerencia del gobierno en los procesos educativos es la norma que rige la relación estado-escuela, injerencia que impone una visión del mundo, unos valores y una manera de pensar, haciéndole imposible al alumno conocer otras versiones de la realidad, lo que conlleva a la “visión túnel” y a los constreñimientos propios de regímenes enemigos de la libertad.
Venezuela todavía se maneja en los principios educativos del romanticismo europeo del siglo XIX, esos mismos que influyeron en las doctrinas marxistas, que viene de Hegel y principalmente de Fitche, entronando al estado como la máxima expresión del ideal humano.
Johann Fitche fue uno de los primeros que teorizó sobre la educación de una nación; cuando Prusia fue subyugada por los ejércitos de Napoleón en 1806, pensó que el pueblo se había ablandado, había sido corrompido influencias extranjeras y lo habían convertido en un puñado de individuos egoístas, a los que importaba el bien común.
Fitche vió la necesidad de construir una nueva Alemania,  y pensó en la educación como el instrumento necesario, ya no para hacer del individuo una persona cultivada, sino para hacer de la gente, del Volks, la fuerza fundamental del estado; así lo expresó en su famoso Discurso a la Nación Alemana, la idea era no educar a una sola clase sino al pueblo todo, como colectivo, de allí su clamor por una educación igualitaria y universal, la salvación de Alemania estaba en el rediseño de su espíritu, en la conformación de un estado fuerte y en un pueblo obediente y sacrificado.
La nueva educación tenía que ser compulsiva, sin libertades, de una estricta disciplina e impulsada por los valores eternos de una patria destinada a la grandeza y a la superioridad.
Hegel añadiría, que sólo por medio del estado el valor de la persona era realizable en toda su potencialidad; el estado es parte del absoluto y, en la tierra, el estado es la divina idea del orden, de manera que el supremo deber de todo ser humano es servirle al estado… ya todos sabemos en que terminó este modelo educativo durante el nazismo.
Estas ideas totalitarias fueron digeridas por el marxismo y llevadas a grados de sofisticación, como las ideas sobre la educación del pensador marxistas italiano Antonio Gramsci, que tuvieron una gran influencia en Latinoamérica, expresadas en su imagen del Estado Educador.
Para Marx el estado no solo era un ente político que mediaba entre las fuerzas económicas, sino que intervenía en la vida social, lo que llamaba Gramsci “la maquinaria para obtener los consensos”, que por medio de un proceso de racionalización hacía posible un determinado modo de vida, justificado y protegido por las sanciones y la criminalización cuando se iba en su contra.
Gramsci descubrió que este proceso de racionalización dependía enormemente de la tarea educativa y formativa de las masas, que por medio de la hegemonía educativa era posible alcanzar la dominación y lograr el conformismo social.
Basados en estos principios, los diferentes gobiernos democráticos venezolanos, con una fuerte tendencia populista, hicieron parte de la Constitución el sagrado deber de educar al pueblo, con la fortuna de que permitieron la coexistencia de la educación pública con la educación privada, religiosa y laica, las que pudieron desarrollarse de manera mucho más ágil y efectivas que las iniciativas gubernamentales.
Cuando el gobierno bolivariano socialista recogió el testigo en la carrera educativa delpaís, efectuó las reformas necesarias para intentar la transformación del espíritu de los nuevos venezolanos, de unos “egoístas capitalistas” a unos marxistas colectivistas.
Por ello leemos en la Ley Orgánica de Educación aprobada en el 2009 que la educación es un derecho humano que se fundamenta en la doctrina de Simón Bolívar, señalando en su artículo 14°que: “La educación es un derecho humano y un deber social fundamental concebida como un proceso de formación integral, gratuita, laica, inclusiva y de calidad, permanente, continua e interactiva, promueve la construcción social del conocimiento, la valoración ética y social del trabajo, y la integralidad y preeminencia de los derechos humanos, la formación de nuevos republicanos y republicanas para la participación activa, consciente y solidaria en los procesos de transformación individual y social, consustanciada con los valores de la identidad nacional, con una visión latinoamericana, caribeña, indígena, afrodescendiente y universal. La educación regulada por esta Ley se fundamenta en la doctrina de nuestro Libertador Simón Bolívar, en la doctrina de Simón Rodríguez, en el humanismo social y está abierta a todas las corrientes del pensamiento. La didáctica está centrada en los procesos que tienen como eje la investigación, la creatividad y la innovación, lo cual permite adecuar las estrategias, los recursos y la organización del aula, a partir de la diversidad de intereses y necesidades de los y las estudiantes”.
Este tipo de expresión ideologizante marxista es apenas una muestra de la terrible confusión que reina entre los funcionarios que dictan las políticas públicas educativas; malentendido que ha puesto la educación como función primordial e indeclinable del estado venezolano, lo que se ha venido manifestando en reiterados programas y leyes, pero sobre todo en nuestra Constitución, que no ha superado todavía esa etapa del culto al estado y que ha impedido que la sociedad civil tome las riendas de este importante aspecto de nuestra vida como nación.
El estado ha fracasado, una y otra vez, en su función educadora de los venezolanos e incluso ha expuesto al país a intervenciones de gobiernos extranjeros que están cambiando nuestro carácter nacional y debilitando nuestros valores libertarios.
Mientras el estado sea el beneficiario final de las políticas educativas, y no el venezolano como individuo y persona en busca de su propio destino y felicidad, mientras la educación no genere ciudadanos sino siervos, mientras no se le enseñe a la gente a pensar y a valerse por sí mismos, seguirá produciendo gente, masa, colectivos irresponsables y sin posibilidad de futuro.
La democracia no trata de servir al estado, trata de liberar al hombre del desorden para que pueda dar lo mejor de sí, de elevarlo a una coexistencia pacífica en sociedad y darle opciones, de educarlo en valores y en el amor a la patria, para que cuando la democracia y el orden social estén en peligro, no reculemos, sino que enfrentemos los problemas y los resolvamos.
UN CONVENIENTE “DEBER” DEL ESTADO…
La mayor parte de los políticos de nuestra oposición ven a la educación como conveniente deber del estado; tratan en lo posible de dignificar a los maestros, de construir buenas instalaciones y graduar al mayor número de jóvenes dentro de un sistema cuyo único objetivo, es engrandecer la figura del funcionario de turno, hacerlo ver como un buen “padre”, aprovechando las oportunidades para las fotos en sus campañas políticas, pero de allí no pasan
Los gobiernos, civiles o democráticos, enfrentan los mismos conflictos, carencias y problemas que hemos arrastrado por más de un siglo, siguen creyendo que basta con graduar gente que sepa leer y escribir, o ingenieros eficientes o médicos confiables sin importarles si la persona tiene el criterio para distinguir entre un ladrón y un empresario, entre una prostituta y un político, entre un tirano y un demócrata.
El estado debería coordinar, financiar, mediar, preservar la calidad educativa que la sociedad civil quiera darse, no dirigirla y menos todavía darla; la educación pública debería convertirse en una de las opciones dentro el abanico de posibilidades que tengan los estudiantes, no la única, y menos la obligatoria.
Deben prevalecer las opciones privadas o comunitarias, se le debe dar la oportunidad a los maestros de conformar sus propias instituciones educativas y de que compitan entre ellos; no sería una mala idea entregarles en concesión las escuelas que existen, para que desarrollen sus propios proyectos, para que ofrezcan opciones de todos los precios, modalidades y calidades, teniendo siempre al estado sosteniendo una media, o un criterio que sirva para evaluar resultados, nada más… que sean las regiones, los municipios y los estados quienes decidan el tipo de educación que necesitan para su desarrollo, no una oficina en Caracas, o peor, en La Habana.
La diversidad de opciones que resultaría de esta apertura permitiría al país contar con una amplia gama de técnicos, profesionales, artistas, científicos, humanistas que puedan garantizar los múltiples intereses y necesidades de nuestra economía, empezando por los de las regiones.
POR LA VARIEDAD DE OPCIONES
La educación pública, atada fatalmente al sistema político de una nación tal y como adelanta la tesis del estado educador expuesta por el educador marxista Prieto Figueroa, es la visión interesada del socialismo para imponer su sistema ideologizante; dice Prieto Figueroa, en su tesis del Estado Docente (tomado del libro El Estado y la Educación en América Latina, 1977): “El Estado interviene, por derecho propio, en la organización de la educación del país, y orienta, según su doctrina política, esa educación. Depende la orientación de una escuela de la orientación política del Estado. Si el Estado es fascista, la escuela es fascista. Si el Estado es nazista, la escuela es nazista. Si el Estado es falangista, la escuela es falangista. Y si el Estado es democrático, la orientación de la escuela necesariamente tiene que ser democrática. En efecto, en toda sociedad la educación sirve a elevados fines sociales, pero no le corresponde fijar autónomamente sus propias metas. Obedece su orientación a la sociedad donde actúa.”
Esta es la razón fundamental por la que hay que sacarle al estado de las manos la labor educativa, la educación jamás encontrará estabilidad si son los políticos quienes determinan su sino.
La educación debe retornarse a sus verdaderos dueños, a la sociedad civil, y hacerlo por medio del libre mercado que es el único que permite la variedad para satisfacer las complejas necesidades de una nación.
Al permitir que se difundan múltiples opciones de precio, calidad, programas, condiciones, la gente, las familias, podrán escoger el tipo de educación que quieren para sus hijos… dentro de las opciones estaría la educación pública, que si se fundamenta bien y se maneja con criterio, debería ser de calidad, para interés del mismo estado.
EL ESTADO EDUCADOR NO HA FUNCIONADO, NO FUNCIONA, NO FUNCIONARÁ…
Hay una tendencia colectivista que ve el estado como un ente corporativo, es el fascismo, lo principal para ésta, es que el estado se maneja en una sola economía, centralizada, unificada y uniforme en cuanto a producción, distribución, precios, procedimientos y normas; para ella, la educación está al servicio de los planes progresistas y desarrollo industrial del estado, el aparato educativo debería responder a las exigencias de mano de obra especializada, que sus planes contemplan en forma de cuotas.
Pero como bien dice  Everett Reimer en su libro La escuela ha muerto (1970): “La mayoría de los niños del mundo no van a la escuela. La mayoría de los que ingresan a ella, la abandonan al cabo de pocos años. La mayoría de los que sortean la escuela con éxito dejan sus estudios más adelante… Se otorgan más títulos universitarios y secundarios, pero estos valdrán menos, tanto en términos de la cantidad y la clase de aprendizaje como la habilitación para obtener un trabajo y el ingreso efectivo… La escuela es la empresa más grande del mundo; más grande que la agricultura, la industria o la guerra… La conclusión no tiene escapatoria: ningún país del mundo puede costear la educación que su pueblo desea mediante escuelas. Excepto en los casos de unas pocas naciones ricas y de algunas que todavía no han sido contaminadas por el virus del desarrollo, ningún país del mundo puede costear las escuelas que actualmente demandan sus pueblos por boca de sus líderes políticos.”
Para quienes ven como un gran éxito a la educación en nuestro país, por el volumen de profesionales que se han graduado, por el reconocimiento que han obtenido en el extranjero por sus habilidades y conocimientos, les recuerdo que todos esos graduados representan apenas un porcentaje mínimo de nuestra juventud, el grueso de la población permanece en la ignorancia, que todos esos profesionales salen al mundo con una carencia de valores fundamentales, entre ellos reconocer el valor a la libertad, a la democracia.
El estado venezolano, en todas sus versiones, democráticas o tiránicas, civiles o militares, lo que han hecho por la educación es tratar de llenar esas cuotas nacionales que sus planificadores necesitan para cumplir con las exigencias de los distintos programas o planes. Lo que hacen es darle al alumno información muerta sobre el mundo, de técnicas y tecnología, de procedimientos y estilos y han descuidado el aspecto de los valores humanos que pretenden llenar con cuartillas ideológicas socialistas y populistas, con memes y retórica humanista.
El mundo real, la economía y la sociedad que el estado ha construido, la Venezuela posible que los gobiernos le ofrecen a las nuevas generaciones de venezolanos, no tiene nada que ver con la educación que les ha impartido, una sociedad politizada, donde el crimen es aplaudido y exaltado, donde la honestidad es castigada, donde la mentira es reina y la verdad perseguida, donde vale más un hampón que un empresario, donde la pobreza es un valor y la ignorancia es celebrada, no puede nunca aprovechar esos recursos humanos que ha formado, ni los nuevos profesionales contar con un futuro en su propia patria, convertida en un banquete de pordioseros.
De que nos sirve tener un sistema de orquestas reconocidas en el orbe por su excelencia en la ejecución musical si sus integrantes y conductores no saben diferenciar a un dictador de un demócrata, si vienen de un país donde se cultiva la idea de que los artistas están más allá del bien y del mal y pueden hacer lo que les dé la gana, incluso ser la imagen de un régimen que tortura y asesina estudiantes.
Para que queremos artistas que se prestan a entretener ladrones y corruptos y lo hacen por dinero sin otra consideración moral, la educación en Venezuela persiste en mantener la creencia de que los artistas son como las hetairas que sólo responden al sonido de las monedas, sin otro compromiso que su “arte” sin importarles que con su comportamiento ayudan a enterrar la descencia y las virtudes republicanas.
La única alternativa viable para la educación de nuestro país está en abrir las opciones educativas desde el seno de la misma sociedad civil, de las propias regiones, que se multipliquen las opciones educativas, que se privatice el mayor número de escuelas (sacarlas a subasta pública sería un método), que se estimule emprendimientos educativos de otro tipo, diferentes a la escuela, bien sea en la forma de iniciativas comunitarias, empresariales, familiares, de los mismos educadores, que se descentralice la inversión y que el estado juegue el papel de coordinador y facilitador.
En democracia la educación debe trabajar con más ahínco en los valores del ser humano, en la formación de ciudadanos, de hombres y mujeres íntegros, no solo en excelentes ingenieros o los mejores médicos con capacidad de trabajar en cualquier lugar del mundo, sino para que se queden en su patria, enfrenten sus problemas y los solucionen, una fuga de cerebros de la magnitud que sufre nuestro país, es la primera señal de que la educación y el país no tienen conexión.
Es hora de pasar la página del estado educador, luego de haber trabajado con él por cerca de un siglo y haber obtenido los resultados que hoy nos golpean el rostro, deberíamos darlo por terminado, no funciona, nunca funcionó.  -  saulgodoy@gmail.com
Saul Godoy Gomez
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Venezuela

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