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lunes, 7 de septiembre de 2015

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, SIN PAÍS DE REPUESTO, PIDO LA PALABRA, VENTANA DE PAPEL

El gobierno autoritario venezolano, actuando en nombre de una justicia ni tan ciega, y de libertades ahora conculcadas, cometió serios desvaríos todos ilícitos para las leyes internacionales.
SIN PAÍS DE REPUESTO

Cual hambrienta jauría, parecían los militares y policías acatando impúdicas órdenes de la Presidencia de la República de corretear las comunidades asentadas a orillas del Río Táchira, o en los municipios tachirenses aledaños a la frontera con Colombia. Las fotos publicadas por las redes sociales, de gente huyendo ante el cerco montado por miembros de las insolentes fuerzas militares venezolanas, mostraron el carácter perverso de tales hechos. Los mismos, además, dejaron ver el menosprecio a los derechos humanos y el vapuleo al concepto de “Debido Proceso”, término éste concebido en íntima relación con lo que la Constitución Nacional exalta cuando describe que “Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad (…)”.

Lo que recién vivió la ya precaria democracia, fue un golpe duro a su comprensión. El hecho de definir a tanta gente como “colombianos”, hizo que se actuara contra ellos sin advertir que eran seres humanos con derechos, necesidades, esperanzas, virtudes y fortalezas. El gobierno autoritario venezolano, actuando en nombre de una justicia ni tan ciega, y de libertades ahora conculcadas, cometió serios desvaríos todos ilícitos para las leyes internacionales. La diplomacia, no estuvo presente en tan aciagos momentos. Tampoco, la consideración, el respeto, la tolerancia y la compasión. Ninguno de estos valores fueron acatados. Mucho menos, atendidos.

La soberbia militar, en complicidad con el populismo demagógico, no advirtió que eran seres humanos, con los problemas e ilusiones que añora toda persona que desea la vida por encima de cualquier circunstancia. Personas humildes poseídas de mucho miedo. Aunque también, cargadas de la mayor impotencia ante la posibilidad de defender lo suyo. Muchos buscaron huir ante la indolencia y la arrogancia que caracteriza al militar cuando sin comprender el daño que comete, se comporta cual sicario o mero mercenario. Solamente, por el absurdo poder que le otorga portar un fusil y bayoneta calada con la nimia excusa de “defender la revolución”.

De verdad, Agosto fue un tiempo de nostalgia, contradicciones y atropellos. Tan suramericanos como cualquier venezolano, estos hermanos de historia y de sueños, se vieron en la imperiosa necesidad de cruzar los límites de lo que fue el territorio de la Gran Colombia, con su carga de recuerdos a cuestas. Las fuerzas opresoras fueron inclementes, como lo son en tiempos de dictadura. Ni siquiera, a estos coterráneos se les permitió trastear sus más recónditas pertenencias. Su violento transitar al otro lado del débil caudal de agua que divide a Colombia de Venezuela, fue razón para dejar atrás la vida que, seguramente, entre sacrificios y desventuras, lograron construir.

Tan grave desconcierto, inculcado por causas improcedentes propias de una política gubernamental incoherente, mezquina y sectaria, devino en cuadros de craso dramatismo. Familias separadas, proyectos de vida perdidos en el rebullicio inducido, expectativas rotas, afectos separados. Pero sobre todo, realidades transgredidas que evidenciaron ante el mundo entero, el resentimiento de un gobierno cuya desazón o remordimiento, característica de su mentada revolución, lo viene colocando en desventaja ante las exigencias de cambios que comprometen la disposición de un país de visión amplia, responsable y democrática. Más aún, luego de comprender que ningún venezolano deberá resguardarse de las agresiones de una tiranía siguiendo el ejemplo del avestruz. O sea, enterrando la cabeza pues a la hora final, cada venezolano sabrá defender lo que por historia le pertenece. Por eso, la dinámica política le ha enseñado a vivir sin país de repuesto.

VENTANA DE PAPEL

DESPUÉS DEL CIERRE DE UNA FRONTERA

Ciertamente, el cierre de una frontera se convierte en un problema de factura no más política que económica. Especialmente, de índole emocional. Aunque para muchos es una medida extrema que se adopta en casos de auténtico peligro bélico por causa de una confrontación militar con un Estado vecino. Ello, inevitablemente, deja una cicatriz imborrable en la población. La tristeza es capaz de desplomar esperanzas. Pero también de provocar los más vehementes enardecimientos los cuales pueden encender actitudes de fogosa beligerancia política. Es así como a decir de Antonio Camilli, activista ciudadano, “hoy me creció el amarillo en mi bandera y las estrellas se escondieron de vergüenza”. Los excesos cometidos contra los habitantes de la zona objeto del repudiable Estado de Excepción, son expresión del fascismo que aplicó Benito Mussolini inspirado en esquemas ideológicos que pretendían la reorganización nacional y política de Italia. La demolición de viviendas que igualmente caracterizó cumplir con la orden del Estado de Excepción impuesto, pareció seguir el ejemplo de algunos gobiernos autócratas cuando han decidido actuar en represalia contra acciones que han considerados “en su contra”. Pero lo que más ha atormentado al mundo, es la orden impartida por el régimen criollo de retener a los niños nacidos en Venezuela arrancándoselos a sus padres, tal como ocurrió bajo la satrapía del nazismo. Tan cuestionado e injustificado proceder gubernamental, pretende suprimir la discrepancia política en beneficio del presidencialismo que tan obscenamente contempla la Carta Magna. La descripción de los atropellos, vejaciones, violaciones, robos y hasta desproporcionadas prácticas cometidas por la fuerza militar contra los colombianos radicados en este lado de la frontera, asustan e impresionan de manera abismal. El ensañamiento, el salvajismo, con que han actuado los efectivos militares venezolanos contra los pobladores en la frontera Táchira-Norte de Santander, indistintamente si eran niños, mujeres o ancianos, nunca se había visto en nuestro país. Ni siquiera, bajo las dictaduras más sanguinarias que ha adolecido Venezuela. Sin embargo, deberá procurarse un análisis que explique las causas que originaron tan cuestionada actuación gubernamental. Y aunque las respuestas pueden ser distintas, siempre la opinión pública se inclinará por aquellas relacionadas con la impunidad y corrupción que arrastra el régimen. Y no es para menos, a decir por las irreversibles tendencias que tienen revuelto al país. Y el régimen, amilanado ante los días por venir a propósito del reacomodo político-legislativo que habrá de llegar con la esperanzadora victoria de la oposición democrática en diciembre próximo. Sobre todo, por el daño que con tanta indolencia ha cometido el régimen al haber mutilado las capacidades de un país privilegiado por Dios y la Madre Naturaleza. Pero hoy, “las cartas están echadas” luego de lo mal que se ha vivido. Más aún, después del cierre de una frontera.

CON LAS BOTAS PUESTAS

No hay duda de que el amañado conciliábulo que gobierna Venezuela, está desesperado ante el muy probable resultado adverso que obtendrá en las elecciones parlamentarias. Por esta razón, posiblemente, está tratando de fomentar la abstención y la división del voto opositor. Además, podría utilizar todo el poder del Estado para aumentar a niveles máximos el acostumbrado y descarado “ventajismo” en el proceso electoral. Trataría de aumentar el número de votos fraudulentos, que en el pasado cercano fue alrededor de 350.000. Sin embargo, la oposición democrática está hoy más preparada para el control y la defensa del voto. En todo caso, el régimen deberá escoger entre un fraude evidente y descarado, o aceptar a regañadientes la derrota, que por un lado, será  un verdadero terremoto político que muy probablemente iniciará un “deslave” en el apoyo al régimen. Particularmente, en los sectores más pragmáticos y oportunistas del gobierno. Así que tomando en cuenta que el chavismo seguirá teniendo una relevante cuota de poder, la nueva correlación de fuerzas podrá crear las condiciones necesarias para  una transición concertada. En cambio si la decisión del régimen es aplastar la voluntad popular, la legitimidad nacional e internacional del gobierno se hundiría indefectiblemente. Pero a todas estas, el pueblo estará vigilante pues desde ahora anda caminando con las botas puestas.

“Cuando la soberbia y el engaño son utilizados como criterios de gobierno, desencadenan las más feroces resistencias cuyos efectos pueden alcanzar las consecuencias de cualquier conmoción propia de una naturaleza política y social reactiva y contestataria”
AJMonagas

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

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