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viernes, 10 de julio de 2015

OSCAR BASTIDAS-DELGADO, LA SOLIDARIDAD COMO VALOR.

La solidaridad como valor está presente en infinitas actividades humanas y, con mayor razón, en las Organizaciones de Economìa Social (OESs), aquellas emprendidas por grupos de personas para enfrentar problemas comunes; a propósito de su presencia como valor en las organizaciones han surgido dos términos que pretenden explicarla: Economía Solidaria y Economía de Solidaridad. Tan variadas son sus acepciones como los temas con los que se relaciona, es frecuente relacionarla con la bondad, la generosidad, el amor, la caridad, el respeto mutuo, la tolerancia, y la justicia; también, coloquialmente, y particularmente en Venezuela, se usa hasta para referirse a los precios bajos o “solidarios” de ciertos artículos.

En un sentido etimológico, la solidaridad  aparece en el lenguaje jurídico en el S. XV “siendo común a muchos, cada uno responde por todos”, afirmación ésta que de alguna manera aborda el tema  de la dependencia reciproca.  Le Petite Larousse Illustré la señala como “dependencia mutua entre personas”; agrega que involucra también un sentimiento que impulsa a las personas a establecer ayuda mutua o un deber asistencial hacia quienes están en peligro; por extensión se relaciona con solidez.

Javier de Lucas en su libro El Concepto de Solidaridad, reflexiona sobre el concepto: 1.- Gramaticalmente al calificarlo como un “sustantivo abstracto formado a partir del adjetivo solidario, derivado a su vez inicialmente de la expresión latina in solidum, que equivale a totalidad, al todo”; 2.- presentándolo como “una categoría específica de relaciones obligatorias caracterizada por la unidad-integridad del vínculo obligatorio y la pluralidad de sujetos” … “precisamente las características de las obligaciones solidarias”… categoría jurídica de la que derivará la noción de solidaridad, …”;  y 3.- otras acepciones.

En cuanto al uso del término por la sociología, De Lucas lo señala como un “elemento estructural de los grupos sociales”, encontrando antecedentes en dos tradiciones: 1.-  En los saint-simonianos, remitiendo a Fourier como precedente de lo que Durkheim llamó “solidaridad orgánica” al destacar la cualidad de la colonia comunitaria de engendrar armonía desde la diversidad de los temperamentos individuales; y 2.-  En una línea estructural-funcionalista similar a la de la biología cuando muestra la vida como dependencia reciproca de las partes de un organismo estableciendo una relación directa entre la interdependencia y la perfección orgánica; así, la solidaridad sería la clave de la supervivencia del cuerpo social y de su evolución.

Agrega De Lucas que Comte la define como “consenso entre unidades semejantes que solo puede ser asegurado por el sentimiento de cooperación que deriva necesariamente en la división del trabajo”. Para Durkheim, “teórico por excelencia de la solidaridad” según De Lucas, la Solidaridad es “un hecho social que consiste en el consenso espontáneo de las partes del todo social, una particular conexión entre individuos y sociedad que…” supone dos niveles: 1.- El psicosocial o vinculación entre las conciencias individuales y las colectivas; y 2.- el estructural-funcional o vinculación entre la posición del individuo y el grupo.

Para De Lucas, antes del uso de la solidaridad como categoría científica se recurría a términos como integración, cohesión, y socialización; afirma que Gauss prefiere la noción de cohesión que, junto a la de integración, sustituye a la solidaridad en la sociología de corte estructural-funcional, y que en Parson la solidaridad “aparece como la integración institucionalizada de la cooperación”. La colectividad como sistema surgiría cuando el sistema de acciones implica solidaridad, es decir, acciones en interés de la integración del sistema, de lo que se deduce que el interés residía mas en la integración que en la solidaridad.

De Lucas también explora ocho términos con “los que se propone sustituir la solidaridad”:

1.-  Integración, se utiliza en el contexto del sistema social por lo que habría que hablar más de integración sistemática que de integración social (Parson).

2.-  Integración social, referida a la inserción de un individuo o grupo en una colectividad mayor cuyas cualidades se adquieren, este término se enfrenta a marginación.

3.- Cohesión, utilizado indistintamente como solidaridad por Durkheim, resulta más evidente su uso en física y biología.
4.-  Socialidad, para Gurvitch es una forma de solidaridad que permite distinguir entre la “socialidad por fusión parcial en el nosotros (interpretación) y socialidad por simple interdependencia relación-comunicación”.

5.-  Asociación, término que según Gurvitch, propone “que el único sentido preciso de solidaridad en tanto que distinta de cohesión / interdependencia, no puede ser análogo al “orden integrativo”, cuya expresión son las asociaciones igualitarias de colaboración”, en lugar de solidaridad habría que hablar de asociación.

6.-  Comunidad, para Tönnies implica solidaridad “sin que ello mida la posibilidad de diferenciación de funciones [...] porque se trata de una diferenciación a favor del conjunto”, la variedad de círculos de solidaridad es lo que produce la diversidad de relaciones comunitarias.

7.-  Cooperación, entendida como actividad común de varios sujetos para realizar intereses comunes, semejantes o complementarios.

8.-  Consenso, concepto vinculado a la obra de Comte, quien lo entiende como principio de equilibrio, de armonía, de correspondencia entre los miembros de la sociedad, y que Durkheim en su Division du travail, equipara consenso al conjunto de condiciones morales y materiales que constituyen la base social de los contratos, considerándolo como fundamento moral de la división del trabajo por lo que, además de la interrelación, sería un requisito de la solidaridad en las sociedades modernas.

Cooperación y consenso son para De Lucas los que pudieran sustituir la solidaridad en el campo de las ciencias sociales.

Estas nociones corroboran las dificultades para comprender la Solidaridad, existen otras asimiladas a una dimensión ética que la entiende como valor y es la que domina por su uso frecuente en el mundo de las cooperativas, las mutuales y las asociaciones.

Según De Lucas, considerar la solidaridad como principio ético obliga a afrontar al menos dos problemas: Primero: El apuntalamiento del nosotros, del colectivo, del grupo; si lo decisivo de la solidaridad es la idea de comunión, de unidad, de reconocimiento de similitudes sin las que resulta imposible el afecto, la ayuda, el esfuerzo y el sacrificio comunes, entonces no existe solidaridad plena en una sociedad cerrada ya que ella no puede ser auténtica y excluyente a la vez: “la solidaridad como motor, por ejemplo, del chauvinismo nacionalista o de la ley del silencio en un grupo criminal, correspondería, desde el punto de vista regulativo, a un planteamiento erróneo”.

Segundo: “hasta que punto cabe afirmar la existencia de tal identidad colectiva en sociedades en las que el grado de especialización del trabajo y la multiplicidad y complejidad de las relaciones sociales provocan tal heterogeneidad que indudablemente se arriesga a perder la integración / identificación / reconocimiento en el grupo. Se pregunta: ¿cómo subsistirá la solidaridad en una sociedad plural y atomizada?. “La cuestión, […] es cómo dilucidar los intereses de los otros que puedo  (y debo) asumir como propios en aras del principio de solidaridad, sin quebrar el respeto a la identidad propia. O […] ¿hasta qué punto se puede ampliar en esas condiciones el círculo del nosotros?”.

Esas  interrogantes parecieran justificar el freno a la ampliación del “nosotros” en el momento en que aparecen diferencias que pudieran mostrarse, al menos para una mayoría, como suficientemente relevantes  para exigir el final de tal ampliación; o, por el contrario, como sucede en los grupos xenófobos y racistas, no justificar la relevancia argumentando que el mantenimiento de esas diferencias no es la lógica consecuencia del respeto de unos derechos, sino de la defensa de una identidad que se construye precisamente como negación de derechos y de la igualdad y la solidaridad de otros a los que se exigen contradictoriamente respeto a la propia identidad.

La dificultad mayor consiste en identificar hasta donde llega la relevancia del “nosotros”. ¿Dónde está  la frontera entre los deberes morales de la solidaridad y las exigencias jurídicas derivadas de ella?; la relevancia del “nosotros” es clave para comprender el espíritu de grupo de las organizaciones autogestionarias. Un punto de partida de esa identificación puede ser el reconocimiento de las diferencias por todas y todos; para De Lucas ese reconocimiento está en la base jurídica de la autonomía moral y la libertad personal que tienen como limites la autonomía y la libertad de los otros.

Como se observa, la solidaridad en lo organizacional puede expresarse de diferentes maneras pero, para alcanzar su plena realización debe extenderse en lo interno y en el entorno de la organización, debe generalizarse por una suerte de  oleaje sinérgico (intercooperación e integración en el caso de las cooperativas), e impregnar con solidaridad otras organizaciones, sectores, y regiones hasta copar la sociedad entera. La solidaridad no puede generarse entre egoístas orientados solo por la racionalidad económica.

Para el autor de estas líneas, la solidaridad es un “valor-practico” que existe solo si se le practica; es un valor concreto, verificable, no unilateral como la limosna que se proporciona a un desconocido; exige reciprocidad, reconocimiento de la acción solidaria no se puede entender un acto como solidario sin que exista contraprestación o respuestas acordes con el acto mismo. Por ello la solidaridad no se proclama, impone o decreta, no existe porque se promulgue una Ley de Economía Solidaria si las organizaciones regidas por esa ley carecen de solidaridad.

En cuanto a la Solidaridad como valor en el cooperativismo, la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), organismo cúpula del cooperativismo mundial, la incluye en el conjunto de valores que le conceden “unidad, integridad e identidad al movimiento cooperativo en el planeta”, al hacerlo, coloca esa noción en el mundo de la ética cooperativa. La solidaridad es para el cooperativismo, al igual que la democracia, la intercooperación, la integración, y otros valores, uno que surge voluntariamente entre un mínimo de dos personas, grupos u organizaciones con necesidades comunes y disposición para aunar esfuerzos.

Esa unión de esfuerzos y acciones por un objetivo común debe apuntar en el mundo de las Organizaciones de Economía Social (OESs) a una marcha común que respete la diversidad. Todo proyecto de OES debe ser ante todo un estado de espíritu, de ánimo de equipo, que surge de una participación colectiva y se concreta con una movilización del conjunto hacia un “nosotros” dispuesto a realizar esfuerzos, a desbloquear conflictos, a construir una identidad colectiva, no un “nosotros” interesado en prebendas individuales.

Oscar Bastidas Delgado
oscarbastidasdelgado@gmail.com
@oscarbastidas25

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