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martes, 25 de noviembre de 2014

ANTONIO JOSÉ MONAGAS, APOLOGÍA DE LA DECADENCIA, PIDO LA PALABRA, VENTANA DE PAPEL

ANTONIO JOSÉ MONAGAS
Cuando está en juego la economía, la política se disfraza de dama justiciera para aparentar cualquier faz que denote intenciones benefactoras.

APOLOGÍA DE LA DECADENCIA

Por ahí se dice que “con la intención basta”. Pero no siempre es así. Quizás esta frase pudiera tener algún sentido cuando de afectos se trata. Aunque para los moralistas, la intención es el principal factor determinante de la moralidad concreta de un acto humano. Sin embargo para el Derecho, la intención tiene otra lectura. Acá la intención puede acarrear pesados castigos. Así por ejemplo, la intención (dolo) de cometer un delito constituye la forma principal y más grave de culpa y hasta de condena. Pero en el ámbito político, se advierte de manera diferente. O sea, no basta sólo la intención para dar por realizada una decisión.

En el fragor de la política, se ha perdido el sentido de tan ingeniosa palabra. Sobre todo, al reconocer que por encima de la intención está el compromiso. Y cuando las acciones se pautan en medio de realidades encausadas por un compromiso acordado o dado en medio de una situación de crisis, dicho compromiso ha de convertirse en palabra de honor. Lo contrario resulta mera nimiedad, eufemismo o grosera presunción.

Cuando está en juego la economía, la política se disfraza de dama justiciera para aparentar cualquier faz que denote intenciones benefactoras. Pero en el fondo de todo, lo que abunda es la mentira. Por eso el populismo se regodea de las virtudes que le brinda la retórica pues le sirve para justificar intenciones que quedan sólo para rellenar espacios publicitarios o burda propaganda ideológica. De esa forma, pretenden manipular al pueblo para entonces someterlo con el menor esfuerzo posible. Aunque gastando sin piedad recursos financieros propiedad del Estado, más no de gobierno alguno. Y menos de peculio personal

Justamente, en medio de tan fangoso terreno el gobierno intenta conquistar votos para las elecciones siguientes sin que ello pueda representar un mínimo esfuerzo en cuanto a adelantar una gestión que se corresponda con necesidades públicas clamadas. No obstante, los intentos por alcanzar las victorias trazadas a punta de demagogia, aunque desvergonzadas, comienzan a dar escuetos frutos que a la luz de los engaños o de amenazas terminan convirtiéndose en apetecido bocado de inescrupulosos gobernantes cuya voracidad política ofusca sus inteligencias hasta volverse apestosos carroñeros de postín.

Es ahí cuando buscan solaparse los problemas a objeto de confundir a implicados, menesterosos. Y por supuesto, a quienes menos esperan sorpresas de tipo troglodita. Es decir, personas que por ilusas, retraídas o excluidas, son víctimas de la pesarosa gestión gubernamental. Y es precisamente lo que vive Venezuela toda vez que padece las inclemencias de un régimen que casi ha acabado con la institucionalidad democrática. Desde consagradas instituciones políticas, educacionales y sociales, hasta tradiciones sobre las cuales se apuntalaban colectivos familiares o comunitarios para honrar la historia, cruciales vivencias o sencillamente actitudes grupales alrededor de las cuales se erigieron movimientos culturales.Actualmente, el país entró en un período que en nada se correspondió con las realidades que alcanzaron otros con mayores o menores capacidades. Pero con aferradas voluntades para decidir expeditos caminos por donde llegar al futuro más inmediato. El régimen venezolano se enfrascó en un ritual proselitista del que nunca ha podido o querido desprenderse ocasionándole graves consecuencias. Al extremo que ahora el país vio declinar sus potencialidades. La politiquería las dilapidó. Y con las que no pudo, optó por emprender la huida por detrás. De forma tal que se configuraron los peores males que nación alguna puede enfrentar. Y habida cuenta de todo eso, no los enfrentó. Así el país se anquilosó con lejanas posibilidades de escapar de la fauces del monstruo que existe en su ser. Pudiera decirse que toda esa racha de abruptas situaciones, terminaron viéndose como la apología de la decadencia.

VENTANA DE PAPEL

EL OCASO DE LA CIENCIA

No conforme con asfixiar a las universidades autónomas, el régimen pretende ahora enmarañar el trabajo que, con mantenido esfuerzo, han realizado investigadores universitarios desde los espacios donde ha sido algo posible hacer ciencia y tecnología. Verbi gratia, el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, IVIC. Para ello, la Asamblea Nacional (AN) aprobó el pasado 18 de noviembre un proyecto de reforma de la Ley del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas con el aparente propósito someterlo a un proceso de reingeniería que habrá de conducir a su transformación.

A pesar que la palabra “reforma” adereza  esta pretensión legislativa, la presidenta de la Asociación de Investigadores del IVIC, Flor Pujol, dijo que no se trata de una conversión en términos de sus funciones. Habló de que todo ello no es otra cosa que una vía para llegar a su eliminación. Sin embargo, a decir de algunos diputados del oficialismo, la idea es de “llevar la ciencia a la calle” lo que, sin duda, luce sin sentido y extemporáneo. Sobre todo, porque este régimen se ha caracterizado por confinar la academia universitaria que es por excelencia el lugar donde más y mejor se ha hecho ciencia y tecnología.

En contradicción con la concepción académica de ciencia, el diputado Guido Ochoa (Psuv-Mérida), quien ha sido el adalid de tan absurda decisión,  indicó que “no es la ciencia para regodearse en ella, sino la ciencia al servicio del pueblo, al servicio de la liberación, al servicio de la soberanía de nuestro país”. Pareciera que este legislador, pese a haber sido docente universitario e investigador a cargo de un importante laboratorio científico, no se ha percatado que suprimir al IVIC, tal como lo prescribe el proyecto de ley, es la negación de oportunidades no sólo de motivar el desarrollo científico y tecnológico nacional. Más, por cuanto no es difícil entender que la ciencia no se hace en la calle, sino en un laboratorio con ambiente controlado. Tampoco, con la opinión de obreros que, aunque formen parte del personal de la institución, no están facultados para actuar como factores directos de los procesos que comprometen el discurrir de la ciencia y la tecnología.

Desconoce quien fuera profesor de la ULA, que la ciencia es una.  O que la ignorancia no sirve para estructurar realidades susceptibles de verse favorecidas por un desarrollo de la ciencia y la tecnología sesgado por ideologías. El problema sigue siendo el afán de demoler instituciones que despiertan conciencia en un pueblo oprimido y sometido por la desvergüenza de engañadores de oficio acomodados bajo un solapado socialismo. El problema también es que todo lo que brilla, estorba al propósito de derruir la institucionalidad democrática. Esta situación adquiere fuerza. Pero no porque la ignorancia se vuelve desafiante y estruendosa. Es porque la ilustración calla, y su silencia la hace cómplice. Es lamentable que esto suceda. Que se advierta que el país entró en una etapa caracterizada por el ocaso de la ciencia.

CUÁNDO CAMPEA LA IMPROVISACIÓN

Todo lo que realiza el gobierno central en pos del poder, pareciera una comedia bufa. Luego de solicitar, bajo presión política, que le fuera aprobada la facultad de ser habilitado para ejercer funciones legislativas con el fin de actuar contra la corrupción y la inseguridad, no condujo a nada. Salvo lo acontecido el último día. Momento este en que el presidente de la República aprobó 51 decretos leyes de un plumazo. Ni siquiera, porque los problemas adquirieron un grado crítico que tendieron a desestabilizarlo. Sin embargo, algunas horas antes de caducar el tiempo habilitante, la improvisación jugó un papel preponderante.

El presidente, haciendo uso arbitrario de tan excepcionales atribuciones, procedió a sancionar una ristra de instrumentos presuntamente legales para combatir problemas que se han acumulado de forma desastrosa. Ellos relacionados con la corrupción, el desabastecimiento, la inflación, la inseguridad, el desempleo, la injusticia, el abuso administrativo y otros más igualmente desesperantes. Sin embargo, el problema de la corrupción, destacó por encima de los restantes. Como si acaso este fuera el primero de ellos en toda la vida política del país. Aludir a tan desgastada realidad por causa de la campante fanfarronería producto de manidos discursos presidenciales, cuyo principal inculpado no es otro que el mismo gobierno en todos sus niveles, desde el judicial hasta el político propiamente, en todas sus manifestaciones: local, regional y nacional, luce como una burda “cortina de humo” para así desviar la atención del principal problema cual es la caída de los precios del petróleo. Mientras el país sufre los rigores de desbordantes situaciones, el gobierno se las arregla e inventa medidas para tratar de compensar esa caída de los precios.

Esto refleja el miedo que tiene el régimen cuando advierte el riesgo que corre ante la sacudida de la cual puede ser objeto a consecuencia del cansancio que vive la democracia por culpa de la incompetencia de los gobernantes para cumplir con su trabajo administrativo gubernamental. Era mentira, como se quiso hacer ver en algún momento, que Venezuela estaba blindada ante coyunturas económicas. Más, aquellas bajo cuyas condiciones habría de enfrentarse cualquier caída del petróleo. Pero nada de eso ha sido cierto ni tampoco real.

Por ello vienen esta serie de exacerbadas medidas las cuales buscan confiscarle más aún las libertades y derechos a los venezolanos. Ahora, los venezolanos deberán pagar más impuestos. Estar a la deriva en caso que se presente el Seniat y le de por embargarle  cualquiera lo que mejor se le ocurra sin que lo mismo sea competencia de tribunales especializados. Continuar escarmentado el efecto de largas colas para escasamente comprar lo que se consigue. Y todo ello seguirá el curso de tan contaminados acontecimientos pues en el fondo lo que hay son ruinas de lo que fue un país referencia democrática para la América Latina. Hoy, todo lo que decide el régimen es con base en los inmediato pues en medio de tanta confusión infundada por acción de estos gobernantes “revolucionarios” de bolsillo, lo que se tiene son problemas y más problemas sin poder ser resueltos. Es el resultado de cuando campea la improvisación.

“En la decadencia no todo lo que reluce es porque tiene brillo propio. Casi siempre sucede, porque la luz que refleja es prestada o mera apariencia de la cual se vale lo que supuestamente brilla para engañar y engullir entre aterradoras fauces”

Antonio José Monagas
antoniomonagas@gmail.com
@ajmonagas

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