“La democracia es una obra de arte. Si uno quiere vivir sin libertad y sin permitir que uno diga lo que quiere es más lógico entonces, vivir en una dictadura. Para que pueda predicarse la objetividad y la verdad siempre tiene que estar presente la verdadera democracia”. Tomo estas palabras como punto de referencia en este artículo de opinión, como una explicación ante al caos que se vive actualmente en Venezuela.
Nos encontramos con que la verdad no se dice, o se oculta, proviniendo este comportamiento de manera especial de las llamadas esferas gubernamentales rojas-rojitas o de quienes sin pertenecer a ellas, se han convertido en sus áulicos o voceros, como también de un elevado porcentaje de la sociedad civil que ha sido objeto de manipulación, merced a la campaña mediática de la publicidad oficial muy a semejanza de lo sucedido en la nefasta época hitleriana.
Imprescindible mencionar lo que con pertinencia consigna Maturana en su obra: (La objetividad un argumento para obligar). “Cada vez que queremos convencer a alguien para que concuerde con nuestros deseos, y no podemos o no queremos usar fuerza bruta, ofrecemos lo que llamamos un argumento objetivo o racional... el otro no puede rechazar lo que nuestro argumento sostiene porque su validez se funda en su referencia a la verdad”.
¡Cómo quisiéramos que esto se cumpliera en Venezuela, así fuera medianamente! Recuperar la confianza en la institucionalidad sí constituye un buen argumento para fortalecer la descalabrada democracia venezolana, pero no. Aquí sucede todo lo contrario. Se promueven unas reformas políticas socialistas, pero cuando se advierte que pueden llevar a que el gobierno pierda las elecciones, el ministro del Interior y de Justicia que está de turno para este momento, se encarga de desmontarla. Cuando se sabe que la producción agrícola es cada día menor, con la consecuente afectación de la capacidad alimentaria, el ministro de Agricultura y Tierras, igual de manipulador y más inconstante, nos dice que “el país está sobrado, que no hay escasez”, mientras que los precios de la canasta familiar suben y en los mismos mercales del gobierno, pero eso sí atribuyendo las causas a factores externos que afectan “las maravillas que aquí tenemos”: aumento del hambre y la pobreza; las calles a escasos días de haberse iniciado el 2009 siguen llenas de buhoneros porque no hay fuentes de trabajo estable; muchos compatriotas sin la seguridad social, o a una vivienda digna.
El número de niños y niñas que fallece en los hospitales por diarreas como producto de la desnutrición va en aumento. Sin embargo, “la economía del país es buenísima”, acota el envanecido comandante y según el Ministerio del Interior y Justicia “se ha controlado la delincuencia” y todos los días matan en las calles a venezolanos y venezolanas.
La inversión extranjera crece, pero no en el sector productivo, mas sí en el que la rentabilidad es exagerada, y la que al salir del país, no paga impuestos, se la llevan toda. ¿Serán esas todas las supuestas verdades que nos quiere meter el gobierno revolucionario del teniente coronel para ver si gana su enmienda constitucional y se perpetúa en el poder? Por ello, el pueblo venezolano debe y tiene que decir el 15 de febrero “no a la enmienda constitucional”.
britozenair@gmail.com
Nos encontramos con que la verdad no se dice, o se oculta, proviniendo este comportamiento de manera especial de las llamadas esferas gubernamentales rojas-rojitas o de quienes sin pertenecer a ellas, se han convertido en sus áulicos o voceros, como también de un elevado porcentaje de la sociedad civil que ha sido objeto de manipulación, merced a la campaña mediática de la publicidad oficial muy a semejanza de lo sucedido en la nefasta época hitleriana.Imprescindible mencionar lo que con pertinencia consigna Maturana en su obra: (La objetividad un argumento para obligar). “Cada vez que queremos convencer a alguien para que concuerde con nuestros deseos, y no podemos o no queremos usar fuerza bruta, ofrecemos lo que llamamos un argumento objetivo o racional... el otro no puede rechazar lo que nuestro argumento sostiene porque su validez se funda en su referencia a la verdad”.
¡Cómo quisiéramos que esto se cumpliera en Venezuela, así fuera medianamente! Recuperar la confianza en la institucionalidad sí constituye un buen argumento para fortalecer la descalabrada democracia venezolana, pero no. Aquí sucede todo lo contrario. Se promueven unas reformas políticas socialistas, pero cuando se advierte que pueden llevar a que el gobierno pierda las elecciones, el ministro del Interior y de Justicia que está de turno para este momento, se encarga de desmontarla. Cuando se sabe que la producción agrícola es cada día menor, con la consecuente afectación de la capacidad alimentaria, el ministro de Agricultura y Tierras, igual de manipulador y más inconstante, nos dice que “el país está sobrado, que no hay escasez”, mientras que los precios de la canasta familiar suben y en los mismos mercales del gobierno, pero eso sí atribuyendo las causas a factores externos que afectan “las maravillas que aquí tenemos”: aumento del hambre y la pobreza; las calles a escasos días de haberse iniciado el 2009 siguen llenas de buhoneros porque no hay fuentes de trabajo estable; muchos compatriotas sin la seguridad social, o a una vivienda digna.
El número de niños y niñas que fallece en los hospitales por diarreas como producto de la desnutrición va en aumento. Sin embargo, “la economía del país es buenísima”, acota el envanecido comandante y según el Ministerio del Interior y Justicia “se ha controlado la delincuencia” y todos los días matan en las calles a venezolanos y venezolanas.
La inversión extranjera crece, pero no en el sector productivo, mas sí en el que la rentabilidad es exagerada, y la que al salir del país, no paga impuestos, se la llevan toda. ¿Serán esas todas las supuestas verdades que nos quiere meter el gobierno revolucionario del teniente coronel para ver si gana su enmienda constitucional y se perpetúa en el poder? Por ello, el pueblo venezolano debe y tiene que decir el 15 de febrero “no a la enmienda constitucional”.
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